PARTE 2: CUANDO INTENTARON CAMBIAR A MI HIJA RECIÉN NACIDA POR LA BEBÉ DE SU PRIMER AMOR, FINGÍ NO HABERLO DESCUBIERTO HASTA QUE EL HOSPITAL REVELÓ UNA VERDAD QUE MI ESPOSO JAMÁS ESPERÓ.

—¡Mira qué escándalo arma! —gruñó la señora Tống, señalando a Ức Ninh—. Igual que su padre. Desde que nació solo trae mala suerte.

Sentí que las uñas se me clavaban en las palmas.

Mi hija lloraba tan fuerte que su pequeño rostro estaba completamente rojo.

Di un paso hacia ella.

Cố Từ Viễn volvió a interponerse.

—No te metas.

Lo miré.

Ya no sentía ganas de preguntarle cómo podía ser tan cruel.

Había llegado al punto en que cualquier respuesta suya carecía de importancia.

Solo necesitaba recuperar a mi hija.

Una enfermera apareció en la puerta.

—Es hora del baño de los recién nacidos. Los familiares deben esperar aquí.

Mi corazón aceleró.

Era la oportunidad que había esperado.

Las enfermeras colocaron a ambos bebés en cunas móviles y comenzaron a revisar las pulseras.

Cố Từ Viễn se acercó enseguida.

—La de esta cama es nuestra hija.

Señaló al bebé de Tống Dữu Ninh.

La enfermera revisó la pulsera.

Frunció el ceño.

—Señor, la identificación coincide con la señora Kiều.

Yo mantuve el rostro inexpresivo.

Claro que coincidía.

Él mismo había cambiado la venda identificativa.

Tống Dữu Ninh sonrió discretamente.

Pero no vio que yo ya había sacado el teléfono.

Antes de salir a tramitar el certificado de nacimiento, había fotografiado la muñeca de mi hija porque era la primera vez que llevaba aquella pequeña pulsera con su nombre.

Tenía hora.

Fecha.

Número de identificación.

Y, más importante aún, el diminuto lunar rojo detrás de su oreja también aparecía parcialmente en la imagen.

Seguí a las enfermeras.

Cố Từ Viễn me agarró del brazo.

—¿Adónde vas?

—A acompañar a mi hija.

Señaló a la bebé equivocada.

—Ella es nuestra hija.

—¿Estás seguro?

Su mano se tensó.

Nuestros ojos se encontraron.

Por primera vez vi una sombra de alarma en los suyos.

—¿Qué significa eso?

Sonreí débilmente.

—Nada.

Me solté.

En la sala de preparación, pedí hablar en privado con la enfermera jefe.

Cuando cerró la puerta, saqué mi teléfono.

—Creo que las pulseras de dos recién nacidas han sido manipuladas.

Su expresión cambió al instante.

—¿Tiene alguna razón para afirmarlo?

Le mostré la fotografía.

Después señalé a Ức Ninh.

La enfermera examinó cuidadosamente la marca detrás de su oreja.

—No toque nada —dijo.

Llamó inmediatamente al supervisor del área neonatal.

En menos de diez minutos, el procedimiento habitual del baño quedó suspendido.

Se revisaron los registros de nacimiento.

Pesos.

Huellas plantares.

Números originales de pulsera.

Fotografías de ingreso.

Y cámaras del pasillo.

Una doctora se volvió hacia mí.

—Señora Kiều, existe una discrepancia seria.

Cerré los ojos.

—Quiero una prueba de filiación.

—Podemos iniciar el protocolo.

—De las dos niñas.

La doctora asintió.

Cuando regresamos a la habitación, Cố Từ Viễn estaba furioso.

—¿Por qué están reteniendo a los bebés?

No respondí.

La enfermera jefe sí.

—Se ha detectado una posible alteración de los sistemas de identificación neonatal. Ningún bebé abandonará esta planta hasta que terminemos la revisión.

El rostro de Tống Dữu Ninh se volvió blanco.

Cố Từ Viễn me miró.

—¿Qué hiciste?

—Lo que haría cualquier madre responsable.

La frase le devolvió exactamente el insulto que me había lanzado horas antes.

Su mandíbula se endureció.

—Estás causando problemas por nada.

—Entonces no tendrás nada que temer.

Tống Dữu Ninh intervino:

—Ngôn Tâm, quizá todo fue un error de las enfermeras.

La miré.

—Eso averiguaremos.

—Los bebés se parecen mucho…

—No para una madre.

Se quedó callada.

Dos horas después, llegaron los resultados preliminares basados en los registros hospitalarios y las muestras urgentes.

La doctora entró acompañada por el jefe de seguridad.

En su mano había dos carpetas.

—La bebé que actualmente figura como hija de la señora Kiều no tiene compatibilidad biológica materna con ella.

La señora Tống soltó un grito.

Cố Từ Viễn se quedó inmóvil.

La doctora continuó:

—La otra bebé sí presenta compatibilidad.

Miré a Ức Ninh.

Mi hija.

Mi verdadera hija.

Por fin.

Caminé hacia ella.

Tống Dữu Ninh intentó adelantarse.

—¡No!

La enfermera bloqueó su paso.

Tomé a Ức Ninh entre mis brazos.

En cuanto la acerqué a mi pecho, su llanto disminuyó poco a poco.

Mis lágrimas cayeron sobre su manta.

—Mamá está aquí.

Cố Từ Viễn dio un paso.

—Ngôn Tâm…

Retrocedí inmediatamente.

—No la toques.

Su rostro se oscureció.

—También es mi hija.

Lo miré.

—Hace unas horas dijiste que era hija de Dữu Ninh.

No tuvo respuesta.

El jefe de seguridad habló:

—Necesitamos revisar las cámaras de la habitación.

Vi cómo Tống Dữu Ninh agarraba la sábana.

Cố Từ Viễn levantó la cabeza.

—No hace falta convertir esto en un asunto policial.

Aquella frase confirmó todo.

—¿Por qué no?

—Somos familia. Podemos resolverlo nosotros.

—¿Familia?

Reí con amargura.

—¿Qué familia intercambia recién nacidos?

La señora Tống miró de repente a su hija.

—Dữu Ninh, ¿qué hiciste?

—¡Yo no hice nada!

—Entonces ¿por qué estás temblando?

Cố Từ Viễn se adelantó.

—Fui yo.

Toda la habitación quedó en silencio.

Tống Dữu Ninh levantó bruscamente la cabeza.

Yo lo miré.

—Repítelo.

Su rostro estaba rígido.

—Cambié las mantas. Pensé que sería temporal.

—¿Temporal?

—Tiểu Bảo necesita un padre.

Sentí que la rabia me quemaba por dentro.

—¿Y por eso decidiste quitarle el suyo a tu propia hija?

—No iba a abandonarla.

—Acabas de hacerlo delante de mí.

Apreté a Ức Ninh contra mi pecho.

—La viste llorar hasta quedarse ronca y no moviste un dedo.

Cố Từ Viễn palideció.

—Yo solo quería que Dữu Ninh…

—Lo sé.

Lo interrumpí.

—Siempre se trata de Dữu Ninh.

Entonces abrí mi bolso.

Saqué el certificado de nacimiento.

Lo miró sin comprender.

Rompí lentamente la esquina donde aparecía el nombre.

Cố Ức Ninh.

—Este nombre también se acabó.

—¿Qué quieres decir?

—Que mi hija no seguirá llevando un nombre creado para recordar a tu amante emocional.

Sus pupilas se contrajeron.

—Es mi apellido.

—Eso también puede discutirse.

Tống Dữu Ninh comenzó a llorar.

—Ngôn Tâm, no destruyas una familia por mi culpa.

La miré con frialdad.

—No tienes tanta importancia.

Aquello hizo desaparecer sus lágrimas durante un segundo.

—La familia la destruyó él cuando decidió que mi hija podía convertirse en una pieza intercambiable para reparar vuestro supuesto arrepentimiento.

El jefe de seguridad regresó poco después con una tableta.

Su expresión era grave.

—Tenemos imágenes.

Cố Từ Viễn cerró los ojos.

En la grabación se veía perfectamente cómo retiraba la identificación de una bebé y manipulaba la de la otra.

No había error.

No había confusión.

Había intención.

El hospital notificó formalmente el incidente.

Yo no discutí cuando dijeron que debían intervenir las autoridades correspondientes.

Cố Từ Viễn sí.

—Ngôn Tâm, piensa bien lo que haces.

—Por primera vez desde que me casé contigo, eso es exactamente lo que estoy haciendo.

Aquella misma tarde solicité que nadie excepto el personal médico pudiera acercarse a Ức Ninh sin mi autorización.

También llamé a mi abogado.

Cuando Cố Từ Viễn comprendió para qué, perdió la calma.

—¿Quieres divorciarte?

Lo miré mientras sostenía a nuestra hija.

—No.

Su expresión mostró un absurdo destello de alivio.

Continué:

—Quiero divorciarme, pedir la custodia y asegurarme de que nunca vuelvas a decidir qué vida merece nuestra hija sin que alguien pueda detenerte.

Su rostro se volvió ceniza.

Pero antes de que pudiera responder, la puerta se abrió otra vez.

Entró la doctora que había solicitado las pruebas.

Traía los resultados completos.

Y no parecía tranquila.

—Señora Kiều, hay una segunda cuestión que necesitamos aclarar.

Mi corazón se hundió.

—¿Qué ocurre?

La doctora miró primero a Cố Từ Viễn.

Después a Tống Dữu Ninh.

—Confirmamos que esta bebé es biológicamente hija de usted.

Señaló a Ức Ninh.

Asentí.

—Eso ya lo sabemos.

—Sí. Pero solicitamos también comparación paterna para completar el registro del incidente.

Cố Từ Viễn frunció el ceño.

—¿Y?

La doctora respiró profundamente.

—El señor Cố no es el padre biológico de esta niña.

El mundo pareció detenerse.

Lo miré.

Él me miró a mí.

Tống Dữu Ninh dejó escapar un sonido ahogado.

—Eso es imposible —susurré.

La doctora continuó:

—Y hay algo más.

Abrió la segunda carpeta.

—La hija de la señora Tống tampoco presenta la filiación que esperábamos según la documentación registrada.

Cố Từ Viễn perdió todo el color.

—¿Qué significa eso?

La doctora levantó los ojos.

—Que antes de continuar necesitamos identificar correctamente a los padres biológicos de ambas bebés.

Y entonces vi a Tống Dữu Ninh retroceder hacia la pared.

No parecía sorprendida.

Parecía aterrorizada de que acabáramos de descubrir algo que ella ya sabía.

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