PARTE 2: CREÍAN QUE DESPUÉS DE DESCUBRIR TRES AÑOS DE ENGAÑOS YO SOLO PEDIRÍA EL DIVORCIO, PERO CUANDO REVISÉ LAS CUENTAS DE MI MARIDO ENCONTRÉ LA VERDADERA RAZÓN POR LA QUE FINGIÓ ESTAR ENFERMO DESDE EL DÍA DE NUESTRA BODA.

Apenas terminé de enviarle el mensaje a Tan Dich, alguien llamó a la puerta de mi oficina.

Era mi asistente.

—Señorita Lin, el departamento financiero encontró algo extraño en las transferencias que pidió revisar.

Dejé la taza de café.

—¿Qué encontraron?

Me entregó una carpeta.

Desde que descubrí a Tan Duong con Vu Vy, había pedido revisar todas las cuentas compartidas durante nuestro matrimonio.

No porque esperara recuperar regalos o discutir por gastos pequeños.

Quería saber cuánto me había costado realmente aquella mentira de tres años.

Abrí el primer extracto.

Hospitales.

Medicamentos.

Consultas privadas.

Durante años, Tan Duong me había mostrado facturas relacionadas con su supuesta insuficiencia renal.

Yo había pagado gran parte de ellas.

Incluso había rechazado una promoción porque requería viajar demasiado.

Pero los números frente a mí no coincidían.

Varias clínicas no existían.

Otras facturas correspondían a empresas que nada tenían que ver con medicina.

Y cada pocos meses aparecía la misma cuenta receptora.

—¿De quién es?

Mi asistente negó con la cabeza.

—Está registrada a nombre de una pequeña empresa de consultoría.

Señaló la página.

VY SUNRISE CONSULTING.

Me quedé inmóvil.

Vu Vy.

Sentí una risa seca subirme por la garganta.

Así que mientras yo le compraba suplementos, preparaba comidas especiales y acompañaba a mi marido a supuestos tratamientos…

parte del dinero terminaba en manos de mi mejor amiga.

Saqué el teléfono.

Llamé a Tan Dich.

—¿Puedes hablar?

—Sí.

—Necesito preguntarte algo. ¿Vu Vy tenía una empresa llamada Sunrise Consulting?

Silencio.

—No que yo sepa.

—Entonces deberías venir.

Treinta minutos después estaba sentado frente a mí.

Le entregué los documentos.

Tan Dich leyó sin cambiar de expresión hasta llegar a una transferencia concreta.

Entonces sus dedos se detuvieron.

—Este dinero salió de una cuenta de mi familia.

Lo miré.

—¿Qué?

Sacó su teléfono.

—Hace dos años Vu Vy me dijo que su madre necesitaba una operación. Le transferí quinientos mil yuanes.

Señaló una cifra.

El mismo día, casi todo había terminado en Sunrise Consulting.

—¿Su madre estaba enferma?

—No.

Nos quedamos mirando.

Aquello ya no era únicamente adulterio.

Los dos habían utilizado a sus respectivos cónyuges como cajeros automáticos.

Tan Dich levantó la vista.

—Voy a congelar todo lo que legalmente pueda y enviar esto a mi abogado.

—Hazlo.

—¿Y tú?

Cerré la carpeta.

—Voy a averiguar hasta dónde llega.

Aquella tarde recibí treinta y siete llamadas de Tan Duong.

No respondí ninguna.

Finalmente apareció en la entrada de mi empresa.

Esta vez no venía arrogante.

Parecía agotado.

—Hieu Nguyet, tenemos que hablar.

—Mi abogado puede hablar contigo.

—No quiero hablar del divorcio.

Levanté una ceja.

—Entonces no tenemos nada que hablar.

Bajó la voz.

—Sé que revisaste las cuentas.

Eso confirmó que tenía miedo.

—¿Y?

—Hay cosas que puedes malinterpretar.

Sonreí.

—¿Como tres años de facturas médicas falsas?

Su rostro se puso blanco.

—No eran falsas.

Saqué una copia.

—La Clínica Renal Minh An cerró seis meses antes de nuestra boda.

No respondió.

—Curioso que siguiera tratándote durante tres años después de cerrar.

—Hieu Nguyet…

—También encontré Sunrise Consulting.

Aquello lo destruyó.

Sus ojos se movieron involuntariamente hacia la salida.

—No sabes nada.

—Entonces explícame.

—Era una inversión.

—¿De quién?

Silencio.

—¿Tuya y de Vu Vy?

Apretó los dientes.

—No metas a otras personas.

Me reí.

—Te encontré en la cama con la esposa de tu hermano. Creo que ya está bastante metida.

Entonces ocurrió algo inesperado.

Tan Duong dejó de suplicar.

Su rostro se volvió frío.

—Si sigues investigando, vas a lamentarlo.

Lo observé.

Aquella era la verdadera cara que llevaba tres años escondiendo.

—¿Eso es una amenaza?

—Es una advertencia.

Me acerqué apenas.

—Perfecto.

Señalé la cámara de seguridad encima de nosotros.

—Repítela mirando hacia allí.

Se marchó sin decir otra palabra.

Esa noche Tan Dich vino a mi apartamento con su abogado.

Sobre la mesa colocó algo que había encontrado en la caja fuerte de Vu Vy.

Un segundo teléfono.

—¿Sabes la contraseña?

—No hizo falta. Mi abogado obtuvo autorización para preservar el contenido antes de que pudiera borrarlo.

Había cientos de mensajes.

Muchos entre Vu Vy y Tan Duong.

No quise leer los románticos.

No me interesaban.

Busqué palabras concretas.

Dinero.

Hospital.

Riñón.

Hieu Nguyet.

Y entonces apareció una conversación fechada cuatro meses antes de mi boda.

Vu Vy:

«¿Estás seguro de que funcionará? Ella sabe demasiado de medicina.»

Tan Duong:

«Solo sabe lo que yo le cuento. Cuando estemos casados, diré que empeoré.»

Vu Vy:

«¿Y si quiere acompañarte a los controles?»

Tan Duong:

«El doctor Zhou ya aceptó ayudar.»

Sentí frío.

Seguimos bajando.

Otra conversación.

«Cuando tenga acceso a sus cuentas podremos devolver lo que debemos.»

Y otra.

«Mi hermano también puede servir. Confía demasiado en ti.»

Tan Dich apretó la mandíbula.

Pero fue el mensaje siguiente el que nos dejó inmóviles.

Tan Duong había escrito:

«Solo tenemos que aguantar tres años. Después se activa la cláusula del abuelo y el dinero será nuestro.»

Levanté la cabeza.

—¿Qué cláusula?

Tan Dich parecía igual de confundido.

—No tengo idea.

Buscamos la palabra «abuelo».

Aparecieron más de cien resultados.

Propiedades.

Acciones.

Un fideicomiso familiar.

Y un nombre que yo conocía perfectamente.

Lin Jianhua.

Mi abuelo.

—Esto no tiene sentido —susurré.

Tan Dich me miró.

—¿Tu abuelo conocía a mi familia?

—Murió cuando yo tenía veinte años.

Abrimos el último archivo adjunto a la conversación.

Era una fotografía de un documento legal antiguo.

En la parte superior aparecía el sello de la firma que había administrado la herencia de mi abuelo.

Debajo había una cláusula marcada.

Leí lentamente.

Si yo permanecía casada durante tres años completos, determinadas participaciones que habían quedado bloqueadas pasarían a control directo de mi patrimonio.

La fecha de activación era…

Miré el calendario.

La semana siguiente.

Se me heló la espalda.

Tan Dich entendió al mismo tiempo.

—Tu marido no estaba esperando poder divorciarse.

Negué lentamente.

—Estaba esperando que la herencia se desbloqueara.

Entonces encontré el mensaje más reciente.

Vu Vy se lo había enviado a Tan Duong hacía apenas diez días:

«Después del aniversario, haz que firme. Si se niega, usamos el diagnóstico psiquiátrico que preparó el doctor Zhou. Una mujer “inestable” no debería controlar tanto dinero.»

Por primera vez desde que los descubrí juntos, dejé de sentir ironía.

Esto era mucho peor.

Mi teléfono vibró.

Número desconocido.

Abrí el mensaje.

Solo contenía una fotografía.

Era mi abuelo, muchos años atrás.

A su lado estaba el padre de Tan Duong.

Y detrás de ellos aparecía una tercera persona.

El doctor Zhou.

Debajo había una frase:

«Si quieres saber por qué eligieron precisamente a Tan Duong para casarse contigo, ven mañana sola y no le digas nada a Tan Dich.»

Levanté la mirada.

Tan Dich seguía sentado frente a mí.

Y en ese instante comprendí que mi matrimonio quizá nunca había empezado con una historia de amor, sino con un plan preparado mucho antes de que yo conociera a mi marido.

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