PARTE 2: TRECE AÑOS DESPUÉS DE ABANDONARME EMBARAZADA, JULIAN QUISO RECLAMAR A LOS GEMELOS QUE NUNCA CONOCIÓ… PERO ELLOS YA SABÍAN POR QUÉ SU PADRE HABÍA ELEGIDO OTRA FAMILIA.

Leo no apartó la mirada de Julian.

—Mamá nunca habló mal de ti —dijo—. Eso habría sido más fácil.

Julian tragó saliva.

—Entonces, ¿qué os dijo?

Ethan levantó la fotografía antigua.

—Nos enseñó esta cuando preguntamos por qué nos parecíamos a alguien que no conocíamos.

Victoria soltó una risa nerviosa.

—Esto es absurdo. Julian, no tienes ninguna prueba de que esos niños sean tuyos.

Leo giró hacia ella.

—Nosotros sí.

Mi corazón dio un golpe.

—Leo.

Él metió la mano en el bolsillo interior de su chaqueta y sacó un sobre doblado.

Lo reconocí.

Era una copia del informe que yo había guardado durante años.

La prueba de paternidad que hice después del nacimiento de los gemelos, únicamente para protegerlos si algún día Julian intentaba negar quiénes eran.

—¿Dónde encontraste eso?

—En tu caja de documentos —respondió Ethan—. Lo sentimos.

Julian tomó el informe con manos temblorosas.

Leyó el porcentaje.

99,99%.

Se quedó sin palabras.

Victoria se acercó y trató de arrebatárselo.

—¡Esto puede falsificarse!

El general Matthews, todavía a unos pasos de nosotros, habló con calma.

—Ese laboratorio trabaja también con casos federales. Si desea cuestionar su autenticidad, puede hacerlo por los procedimientos correspondientes.

Victoria retrocedió.

Julian no parecía escuchar a nadie.

—Tengo dos hijos.

—Tuviste dos hijos durante trece años —corregí—. Simplemente no estabas allí.

Su rostro se contrajo.

—No sabía que estabas embarazada de gemelos.

—Sabías que estaba embarazada.

Silencio.

Aquello era lo que nunca podría borrar.

La noche en que se marchó yo tenía diecisiete semanas de embarazo.

Julian había conocido la existencia de un bebé.

Simplemente decidió que su nueva vida con Victoria era más importante.

—Pensé que… —empezó.

—¿Que perdería el embarazo?

Sus ojos bajaron.

No necesitaba responder.

Leo lo hizo por él.

—Entonces sí sabías que mamá esperaba un hijo cuando te fuiste.

Julian levantó la mirada hacia nuestro hijo.

—Leo, las cosas entre adultos son complicadas.

—Abandonar a una mujer embarazada no parece tan complicado.

Algunas personas cercanas fingieron mirar hacia otro lado.

Preston seguía sentado en la zona VIP.

Por primera vez ya no parecía arrogante.

Parecía incómodo.

Victoria señaló a mis hijos.

—¡No permitas que te hablen así!

Julian giró lentamente.

—Tú no tienes nada que decir sobre ellos.

Ella abrió la boca.

—¿Perdón?

—He dicho que no te metas.

La expresión de Victoria cambió.

—¿Después de trece años conmigo ahora vas a convertir a esos desconocidos en tu familia?

Ethan respondió antes que Julian.

—Nosotros tampoco queremos convertirlo en nuestra familia.

Eso dolió incluso verlo.

Julian quedó completamente inmóvil.

—Ethan…

—No puedes aparecer cuando ganamos algo y decidir que ahora somos interesantes.

Mi hijo tocó la medalla.

—Si hubiéramos quedado últimos, ¿también habrías preguntado si éramos tuyos?

Julian no encontró respuesta.

El presentador anunció que la ceremonia continuaría en pocos minutos.

Yo miré el reloj.

Tenía que viajar a Washington.

—Chicos, tenemos que irnos.

Julian reaccionó.

—Espera.

Me sujetó suavemente del brazo.

Dos oficiales dieron un paso adelante.

Él me soltó inmediatamente.

—Elena, por favor. Dame cinco minutos.

—Ya te di trece años.

—No sabía dónde estabais.

Solté una risa breve.

—Mi dirección militar estaba registrada. Mi abogado te envió tres notificaciones después del divorcio.

Su rostro cambió.

—¿Qué notificaciones?

Lo observé.

Aquello no era la reacción que esperaba.

—Las cartas relacionadas con el embarazo y la responsabilidad parental.

—Nunca recibí ninguna carta.

Victoria palideció.

Lo vi.

Y también Leo.

Mi hijo era demasiado observador.

—Ella sabe de qué cartas hablas —dijo.

Julian miró a Victoria.

—¿Qué?

—No seas ridículo —respondió ella.

—Victoria.

Su voz se volvió fría.

—¿Recibiste correspondencia de Elena?

—Teníamos asistentes. Llegaban cientos de cosas.

—Te pregunté si recibiste cartas.

Ella cruzó los brazos.

—Quizá.

Julian dejó de respirar.

—¿Quizá?

—Estabas empezando una nueva vida. No necesitabas que ella siguiera manipulándote con un embarazo.

El silencio se hizo pesado.

—¿Qué hiciste con ellas?

Victoria negó con la cabeza.

—Nada importante.

Julian dio un paso.

—¿Qué hiciste?

—Las devolví.

Yo fruncí el ceño.

—No fueron devueltas.

Victoria me miró.

Demasiado tarde comprendió su error.

—Entonces ¿qué hiciste? —pregunté.

Preston se levantó de su asiento.

—Mamá.

Victoria se giró.

—Siéntate.

—No.

El chico parecía pálido.

—Papá debería saberlo.

Julian miró a Preston.

—¿Saber qué?

Victoria avanzó hacia su hijo.

—No abras la boca.

Preston retrocedió.

—Encontré una caja en tu armario hace unos meses.

Mi respiración se detuvo.

—¿Qué caja?

—Una azul.

Julian se quedó helado.

Preston continuó:

—Había cartas con el nombre de Elena. Fotografías médicas. Y documentos de un hospital.

Victoria lo agarró del brazo.

—¡Cállate!

Julian apartó su mano.

—¿Guardaste las cartas durante trece años?

—Lo hice por nosotros.

—¿Había una ecografía?

Victoria no respondió.

Julian cerró los ojos.

Cuando volvió a abrirlos, parecía roto.

—Sabías que eran gemelos.

Ella empezó a llorar.

—Sabía que si te enterabas, volverías con ella.

—Eran mis hijos.

—¡Yo también te di un hijo!

Preston retrocedió como si aquella frase lo hubiera golpeado.

Y entonces Ethan preguntó:

—¿Le diste un hijo?

Victoria se quedó inmóvil.

No había sido una pregunta inocente.

Leo sacó su teléfono.

—Mamá, hay otra cosa que no te contamos.

Lo miré.

—¿Qué hicisteis?

—El proyecto con el que ganamos el torneo no era solo matemáticas.

Ethan continuó:

—Era análisis genético y probabilístico.

Julian frunció el ceño.

Leo abrió una aplicación.

—Preston participó en una actividad de genealogía del torneo. Los participantes podían autorizar comparar perfiles anónimos.

Preston asintió lentamente.

—Yo acepté.

Victoria perdió completamente el color.

Leo miró a Julian.

—Cuando vimos que Preston aparecía relacionado con nosotros, pensamos que sería nuestro medio hermano.

Hizo una pausa.

—Pero el patrón no encajaba.

Julian dio un paso hacia él.

—¿Qué significa?

Ethan sostuvo la mirada del hombre que acababa de descubrir que tenía dos hijos.

—Que Preston comparte material genético con nosotros por el lado de Victoria.

—¿Y?

Leo bajó el teléfono.

Pero no comparte contigo la relación genética que debería tener un hijo.

Toda la sección VIP quedó en silencio.

Julian miró primero a Preston.

Después a Victoria.

—Dime que están equivocados.

Victoria comenzó a retroceder.

—Julian…

—Dímelo.

No pudo.

Y entonces comprendí por qué el miedo que había aparecido en su rostro era diferente.

Julian acababa de descubrir a dos hijos que había abandonado… y quizá estaba a punto de perder al único hijo que había criado durante trece años.

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