PARTE 2: CHLOE ENTRÓ A MI HABITACIÓN PARA ASEGURARSE DE QUE YO MURIERA, PERO NO SABÍA QUE CADA SEGUNDO DE SU PLAN ESTABA QUEDANDO REGISTRADO.

Chloe bloqueó la puerta y volvió a mirar la pequeña computadora entre sus manos.

—¿Sabes qué es lo más triste, Elena?

Sus dedos se movieron sobre el teclado.

—Que cuando mueras, Adrian seguirá creyendo que todo fue un accidente.

Yo podía sentir cómo mi cuerpo se debilitaba, aunque el sistema había reducido el dolor.

Frente a mis ojos apareció otra línea.

【Tiempo restante: 68 horas.】

—¿Qué estás haciendo? —pregunté.

Chloe sonrió.

—Limpiando.

La pantalla del monitor junto a mi cama parpadeó.

Después cambió parte de mi expediente.

Alergias.

Antecedentes.

Grupo sanguíneo.

Todo comenzó a modificarse.

Entonces comprendí su intención.

No bastaba con matarme.

Quería borrar cualquier prueba que demostrara cómo había ocurrido.

—Fuiste tú —murmuré—. Lo de los frenos tampoco fue una prueba.

Chloe dejó de escribir.

Por primera vez, su sonrisa desapareció.

—Por supuesto que no.

Se inclinó hacia mí.

—Quería saber cuánto tardaría Adrian en elegirme.

Sentí un frío que no provenía de la transfusión.

—¿Arriesgaste mi vida para ponerlo a prueba?

—Y gané.

Chloe sonrió otra vez.

—Te encontró cubierta de sangre y aun así vino por mí.

Guardó la computadora.

—Eso debería decirte todo lo que necesitas saber.

Se dirigió hacia la puerta.

Antes de salir, se volvió.

—Descansa, cuñada.

—No creo que te quede mucho tiempo.

La puerta se cerró.

Yo esperé diez segundos.

—Sistema.

【Presente.】

—¿Puedes conservar lo que acaba de ocurrir?

【Registro completo almacenado.】

—¿También sus modificaciones?

【Sí.】

Cerré los ojos.

Entonces sonreí.

Chloe creía que estaba borrando pruebas.

En realidad, acababa de crear nuevas.

A la mañana siguiente, Adrian regresó.

Traía café en una mano y el teléfono en la otra.

Ni siquiera se acercó a mi cama.

—Chloe está muy afectada por tu comportamiento.

Lo observé en silencio.

—Dice que prácticamente la acusaste de intentar matarte.

—Eso hice.

Adrian dejó el café sobre la mesa.

—Elena, basta.

—¿Revisaste mis frenos?

—La policía ya tiene el informe.

—¿Lo leíste?

Silencio.

Eso era un no.

Me reí débilmente.

—Claro.

Su mandíbula se tensó.

—¿Qué quieres de mí?

Aquella pregunta habría destrozado a la Elena de antes.

Ahora no sentí nada.

—Nada.

Adrian frunció el ceño.

—¿Nada?

—Absolutamente nada.

Algo cambió en su expresión.

Durante ocho años yo había discutido.

Había llorado.

Había intentado demostrarle que Chloe mentía.

Pero aquella mañana no hice ninguna de esas cosas.

Adrian se acercó.

—¿Qué significa eso?

Miré el reloj.

【Tiempo restante: 54 horas.】

—Significa que puedes irte.

Él me estudió durante varios segundos.

—Estás actuando extraño.

—Quizá finalmente estoy pensando con claridad.

Su teléfono sonó.

En la pantalla apareció el nombre de Chloe.

Adrian respondió inmediatamente.

—¿Qué pasó?

Escuchó unos segundos.

Su rostro cambió.

—Voy para allá.

Colgó.

Ni siquiera tuve que preguntar.

—Chloe te necesita.

—Tuvo un ataque de ansiedad.

Casi me hizo reír.

Yo estaba muriendo.

Chloe tenía ansiedad.

Y Adrian todavía sabía perfectamente cuál era la emergencia.

Cuando llegó a la puerta, lo llamé.

—Adrian.

Se volvió.

—Cuando regreses, quiero que firmes algo.

—¿Qué?

—Después lo verás.

Me miró con sospecha.

—No empieces con el divorcio otra vez.

Sonreí.

—No.

Porque ya no necesitaba divorciarme.

Sólo necesitaba morir.

Cuando se marchó, pedí mi bolso.

Dentro seguía mi antiguo teléfono.

Había una única persona a la que todavía necesitaba contactar.

Marcus Hale.

Abogado.

Y la única persona que conocía la verdad sobre mi matrimonio antes incluso de que Adrian se casara conmigo.

Le envié cuatro palabras.

Necesito activar el protocolo.

Me llamó inmediatamente.

—Elena, ¿qué ocurrió?

—Tengo menos de tres días.

Hubo un silencio.

—¿Qué significa eso?

—Significa exactamente lo que escuchaste.

Le expliqué lo necesario.

No todo.

Todavía no.

Cuando terminé, Marcus respiró profundamente.

—Si activamos esto, no podrás deshacerlo.

—Lo sé.

—Adrian perderá acceso a todo lo vinculado contigo.

—Lo sé.

—Incluidas las acciones.

—Sí.

—Las propiedades.

—Sí.

—Y el fideicomiso Whitmore que tu matrimonio mantiene bajo control conjunto.

Aquello era lo importante.

Adrian siempre había creído que el poder económico de nuestro matrimonio provenía de él.

Nunca se había molestado en investigar por qué determinadas adquisiciones habían sido aprobadas tan fácilmente después de nuestra boda.

Casi un tercio de la expansión internacional de Whitmore Capital había sido financiada indirectamente por activos que pertenecían a mi familia.

—Actívalo —dije.

Marcus guardó silencio.

—Elena, ¿estás segura?

Miré la puerta por la que Adrian había salido otra vez para proteger a Chloe.

—Completamente.

Durante las siguientes veinticuatro horas mi estado empeoró.

Los médicos comenzaron a preocuparse.

Mis riñones mostraban signos de daño.

La fiebre no cedía.

Y finalmente alguien decidió revisar nuevamente mis análisis.

Una doctora entró corriendo.

—Señora Whitmore, necesitamos suspender inmediatamente la transfusión.

La miré.

Demasiado tarde.

—Hay una incompatibilidad en sus registros.

Detrás de ella apareció Adrian.

Había escuchado la última frase.

—¿Qué incompatibilidad?

La doctora levantó la hoja.

—El consentimiento registra un grupo sanguíneo incorrecto.

Adrian palideció.

—Eso es imposible.

—Aquí está su firma.

Lo vi mirar el documento.

Por primera vez recordó aquella noche.

El asistente entrando.

Chloe llamando.

Él marchándose apresuradamente.

—Yo…

Su voz murió.

La doctora continuó.

—Estamos investigando cómo ocurrió.

Entonces Chloe apareció detrás de él.

Y cuando escuchó aquello, su rostro cambió durante menos de un segundo.

Pero yo lo vi.

Miedo.

Adrian también.

—Chloe —dijo lentamente—. ¿Qué haces aquí?

—Vine porque estaba preocupada.

La doctora miró su tableta.

—Hay algo más.

Todos guardamos silencio.

—Alguien accedió al expediente de la señora Whitmore después de iniciarse la transfusión y modificó varios datos.

Chloe retrocedió.

Adrian se volvió hacia ella.

—¿Qué?

—No sé de qué habla.

La doctora continuó:

—El hospital ya informó al departamento de seguridad.

Chloe buscó inmediatamente la mano de Adrian.

—Hermano, yo no hice nada.

Él no respondió.

Era la primera vez que lo veía tardar más de un segundo en defenderla.

Entonces dos personas entraron en la habitación.

Una era seguridad del hospital.

La otra llevaba una placa.

—Señora Whitmore —dijo—, necesitamos hablar con usted sobre el accidente de automóvil y un acceso no autorizado a sus registros médicos.

Chloe palideció.

Pero antes de que alguien pudiera decir otra palabra, mi monitor comenzó a emitir una alarma.

Adrian corrió hacia mí.

—¡Elena!

El sistema apareció frente a mis ojos.

【Tiempo restante: 17 horas.】

Adrian tomó mi mano.

Por primera vez desde el accidente parecía realmente asustado.

—Mírame. Voy a arreglar esto.

Lo observé.

Qué extraño.

Había esperado ocho años escuchar esas palabras.

Ahora llegaban demasiado tarde.

—No puedes.

—Claro que puedo.

Negué suavemente.

—Esta vez no.

La puerta volvió a abrirse.

Marcus entró acompañado por dos abogados.

Llevaba una carpeta negra.

Adrian lo reconoció inmediatamente.

—¿Qué haces aquí?

Marcus ignoró la pregunta y se acercó a mí.

—Todo está preparado.

Asentí.

—Hazlo.

Adrian miró alternativamente a Marcus y a mí.

—¿Hacer qué?

Marcus abrió la carpeta.

—Señor Whitmore, hace cuarenta minutos entraron en vigor varias disposiciones patrimoniales condicionadas al fallecimiento o incapacidad irreversible de Elena.

Adrian se quedó inmóvil.

—¿Qué disposiciones?

Marcus dejó el primer documento frente a él.

La expresión de Adrian cambió mientras leía.

Luego pasó a la segunda página.

Y finalmente entendió.

—Elena…

Su voz tembló.

—¿Qué hiciste?

Antes de que pudiera responder, el teléfono de Adrian comenzó a sonar.

Después otro.

Y otro.

Su asistente llamó tres veces seguidas.

Marcus lo miró con absoluta calma.

—Le recomiendo que conteste.

Adrian lo hizo.

Escuchó durante diez segundos.

Su rostro quedó completamente blanco.

—¿Cómo que congeladas?

Otra pausa.

—¿Todas?

Miró hacia mí.

Marcus cerró lentamente la carpeta.

—Señor Whitmore, debería preocuparse menos por sus cuentas y más por lo que la policía acaba de encontrar en la computadora de su hermana.

Chloe dejó escapar un pequeño sonido.

Adrian se volvió hacia ella.

—¿Qué encontraron?

Nadie respondió inmediatamente.

Entonces el detective levantó una bolsa transparente que acababan de entregarle desde seguridad.

Dentro había una pequeña computadora.

La misma que Chloe había usado junto a mi cama.

—Encontramos archivos relacionados con el vehículo de su esposa —dijo.

Chloe retrocedió.

—Eso no demuestra nada.

El detective la miró.

—También encontramos una carpeta con su nombre.

Señaló hacia mí.

—Se llama “ELENA: INTENTOS ANTERIORES”.

La habitación quedó completamente en silencio.

Porque en ese instante comprendí que los frenos manipulados no habían sido la primera vez que Chloe había intentado matarme.

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