PARTE 2: ADRIÁN NO HABÍA LLEGADO SOLO PARA RECONOCER A NUESTRO HIJO, Y CUANDO REVELÓ LO QUE MIS PADRES HABÍAN INTENTADO OCULTAR ANTES DE LA REUNIÓN DEL LUNES, MI PADRE COMPRENDIÓ QUE PODÍA PERDER TODO SU IMPERIO.

Durante varios segundos, nadie habló.

La mano de Adrián permanecía sobre el sobre.

Mi padre fue el primero en reaccionar.

—Este es un asunto familiar.

Adrián levantó lentamente la mirada.

—Mi hijo está en esa cama. Eso lo convierte en un asunto familiar para mí.

Howard apretó la mandíbula.

Mi madre intervino.

—Señor Vega, nadie está cuestionando sus derechos como padre.

Solté una risa amarga.

—Hace treinta segundos llamaste a Jude un niño sin padre.

Celia palideció.

Adrián tomó el documento y comenzó a leerlo.

No necesitó mucho tiempo.

Cuando llegó a la segunda página, su expresión se endureció.

—Interesante.

Howard extendió la mano.

—Devuélvamelo.

—¿Por qué tanta prisa?

—Es un documento privado.

—Un documento que pretende conseguir la renuncia de Marielle pocas horas después de dar a luz.

Adrián dejó el papel sobre la mesa.

—Y curiosamente, esa renuncia beneficiaría directamente a Howard Dawson antes de la reunión del lunes.

Mi padre se quedó inmóvil.

Yo miré a Adrián.

—¿Qué ocurre el lunes?

Howard respondió antes que él.

—Nada que te concierna.

Adrián sonrió sin humor.

—En realidad, le concierne más de lo que usted quisiera.

Se acercó a Jude.

Por primera vez desde que había entrado, toda la dureza desapareció de su rostro.

—¿Puedo?

Asentí.

Adrián tomó a nuestro hijo con una delicadeza que contrastaba con el hombre al que los periódicos describían como despiadado en una negociación.

Jude abrió los ojos apenas un instante.

Adrián tragó saliva.

—Hola, pequeño.

Mi madre observó la escena como si acabara de comprender algo que hasta entonces había decidido ignorar.

Jude no era un problema abstracto.

Era el hijo de Adrián Vega.

Y Adrián no pensaba esconderlo.

Howard se dirigió hacia la puerta.

—Celia, vámonos.

—Todavía no —dije.

Mi padre se detuvo.

—Marielle, estás cansada y medicada. Hablaremos cuando puedas pensar con claridad.

Aquella frase me enfureció más que sus amenazas.

—Estoy pensando perfectamente.

Señalé el documento.

—Quiero saber por qué necesitan mi firma antes del lunes.

Adrián me devolvió a Jude y sacó su teléfono.

—Porque Dawson Holdings está en problemas.

Mi padre giró bruscamente.

—Cuidado.

—¿Eso es una amenaza?

—Es una advertencia para que no divulgue información confidencial.

Adrián guardó silencio unos segundos.

Después me miró.

—Hace dieciocho meses, Dawson Holdings pidió financiación para completar la adquisición de tres plantas de fabricación.

Yo conocía aquella operación.

Mi padre había celebrado la compra como el mayor éxito de su carrera.

—Vega Capital proporcionó gran parte del respaldo financiero —continuó Adrián—. Pero el acuerdo tiene condiciones.

Howard habló entre dientes.

—No tienes derecho a explicarle esto.

—Ella es accionista.

Me quedé helada.

Mi padre siempre había descrito mi herencia como algo futuro.

Algo que recibiría algún día.

Adrián negó lentamente.

—Marielle, tú ya posees acciones.

Miré a Howard.

—¿Es verdad?

No respondió.

Mi madre cerró los ojos.

Eso fue suficiente.

—¿Cuántas?

Adrián contestó.

—Las suficientes para que tu voto sea necesario en determinadas decisiones extraordinarias.

Sentí que todas las piezas empezaban a encajar.

La reunión.

La renuncia.

La urgencia.

—¿Qué quieren aprobar el lunes?

Mi padre explotó.

—¡Basta!

Jude se sobresaltó.

Adrián se colocó inmediatamente entre Howard y mi cama.

Su voz bajó.

—Vuelva a gritar cerca de mi hijo y esta conversación terminará de una manera muy diferente.

Howard retrocedió.

Nunca había visto a mi padre retroceder ante nadie.

Adrián volvió hacia mí.

—Quieren vender una división importante de la compañía.

—Es una reestructuración —espetó Howard.

—Es una liquidación desesperada.

Celia se dejó caer en la silla.

Yo la miré.

—Mamá.

Sus ojos estaban llenos de miedo.

—Howard, díselo.

Mi padre la fulminó con la mirada.

—Celia.

—Ya lo sabe demasiado.

Entonces mi madre pronunció las palabras que él llevaba intentando evitar.

—La empresa no tiene suficiente liquidez para cubrir ciertas obligaciones.

Sentí un vacío en el estómago.

—¿Está quebrando?

—No —respondió Howard.

Adrián fue más preciso.

—Todavía no.

Aquellas dos palabras cambiaron la habitación.

Adrián explicó que la venta prevista para el lunes podía proporcionar oxígeno financiero.

Pero existía un problema.

Mi participación impedía que Howard actuara unilateralmente.

Si yo renunciaba a mis derechos, esas acciones regresarían al fideicomiso familiar controlado por mis padres.

Howard obtendría los votos que necesitaba.

Miré el documento que habían colocado junto a mi cama.

—Así que no vinieron porque estaban avergonzados de Jude.

Ninguno contestó.

—Usaron a mi hijo para asustarme y conseguir mi firma.

Mi madre empezó a llorar.

—Marielle, intentábamos salvar lo que algún día sería tuyo.

—No.

Sentí una calma extraña.

—Intentaban salvar el control de papá.

Adrián miró su reloj.

—Hay algo más.

Howard palideció nuevamente.

—No.

Adrián sacó una carpeta del interior de su abrigo.

—Esta mañana mi equipo recibió los resultados preliminares de una revisión financiera.

Mi experiencia profesional hizo que inmediatamente entendiera el peso de aquellas palabras.

—¿Qué encontraron?

Adrián no apartó los ojos de Howard.

—Transferencias.

Mi padre guardó silencio.

—Durante nueve meses —continuó Adrián—, dinero procedente de varias subsidiarias de Dawson terminó en tres sociedades externas.

—Eso es falso.

—Entonces no tendrá problemas explicándolo.

Adrián abrió la carpeta.

Había cifras.

Fechas.

Nombres de empresas.

Reconocí dos proveedores.

Pero el tercero me resultaba desconocido.

North Harbor Advisory LLC.

—¿Quién controla esa empresa? —pregunté.

Adrián miró a mi madre.

Celia comenzó a temblar.

Howard se dirigió hacia ella.

—No digas una palabra.

Aquello confirmó que Adrián había tocado el verdadero secreto.

—Mamá.

Ella empezó a llorar.

—Yo no sabía para qué era.

Howard golpeó la mesa.

—¡Celia!

Una enfermera apareció inmediatamente en la puerta.

Adrián levantó una mano.

—Todo está bien. Ya se marchaban.

Howard recogió su abrigo.

—Esto no termina aquí.

—Tiene razón —respondió Adrián—. El lunes empieza.

Mis padres salieron.

Pero Celia se detuvo antes de cruzar la puerta.

Me miró.

Después miró a Jude.

Parecía querer decir algo.

No pudo.

Cuando desaparecieron por el pasillo, miré a Adrián.

—Dime quién controla North Harbor.

Adrián cerró la puerta.

Luego dejó a mi lado una fotografía que había estado guardando en la carpeta.

Mostraba a mi padre saliendo de un edificio de oficinas junto a un hombre que reconocí inmediatamente.

Sentí que se me helaba la sangre.

—No puede ser.

Adrián se sentó frente a mí.

—Marielle, hay una razón por la que vine personalmente hoy.

—¿Quién es ese hombre?

—Alguien que lleva meses intentando quedarse con Dawson Holdings.

Miré otra vez la fotografía.

Era Victor Hale, el mayor rival empresarial de mi padre y el hombre al que Howard llevaba años acusando públicamente de querer destruir nuestra familia.

—No entiendo.

Adrián sacó entonces una segunda fotografía.

Esta vez Howard y Victor no estaban solos.

Mi madre aparecía con ellos.

Y sobre la mesa había una carpeta con el mismo logotipo de North Harbor.

—La reunión del lunes nunca fue simplemente para vender una división —dijo Adrián.

Levanté los ojos.

—Entonces, ¿para qué es?

Adrián tardó un instante en responder.

—Para transferir el control de Dawson Holdings. Y según estos documentos, tu padre lleva meses preparando la operación a tus espaldas.

Mi respiración se detuvo.

Pero Adrián todavía no había terminado.

Sacó una última hoja.

—Y hay una firma que necesito que mires.

La tomó con cuidado y la puso frente a mí.

En la última página aparecía mi nombre.

Marielle Dawson.

Debajo había una firma casi idéntica a la mía.

La miré durante varios segundos.

—Yo nunca firmé esto.

Adrián sostuvo mi mirada.

—Lo sé.

Entonces señaló la fecha.

Era de seis meses atrás.

Una fecha en la que yo estaba hospitalizada después de sufrir una complicación durante mi embarazo.

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