PARTE 2: VINCENT ENTRÓ AL RING RIÉNDOSE DE LA CAMARERA, PERO EL PRIMER GOLPE DE CASSIDY REVELÓ QUE HABÍA INVITADO A PELEAR A LA PERSONA EQUIVOCADA.

Vincent dejó escapar una carcajada cuando Cassidy pasó entre las cuerdas.

—Así que realmente viniste.

Cassidy no respondió.

Dejó una pequeña bolsa deportiva junto a la esquina y comenzó a vendarse las manos.

Dominic observaba desde primera fila.

—Jefe, todavía podemos mandarla a casa. Esto va a durar veinte segundos.

Las risas regresaron.

Cassidy siguió envolviendo sus nudillos.

Una vuelta.

Dos.

Tres.

Sin mirar a nadie.

Vincent apoyó los brazos sobre las cuerdas.

—¿Alguna última oportunidad de arrepentirte?

Cassidy levantó finalmente los ojos.

—¿Los cincuenta mil están aquí?

Dominic levantó un maletín negro.

Lo abrió.

Dentro había fajos de billetes.

—Hasta el último dólar.

—Bien.

Cassidy terminó de ajustar sus guantes.

—Entonces empecemos.

Un antiguo entrenador del gimnasio aceptó hacer de árbitro.

Explicó las reglas.

Tres asaltos.

Sin golpes ilegales.

El combate terminaba si alguno no podía continuar.

Vincent sonreía mientras escuchaba.

Cassidy estudiaba sus hombros.

Sus pies.

Su respiración.

No estaba mirando a Vincent como una camarera frente a un mafioso.

Lo estaba estudiando como un problema que ya sabía resolver.

Sonó la campana.

Vincent avanzó inmediatamente.

No intentó protegerse demasiado.

Quería humillarla.

Lanzó un golpe pesado buscando obligarla a retroceder.

Cassidy simplemente ya no estaba allí.

Se desplazó medio paso.

Vincent giró.

Otro golpe.

Otra evasión.

La multitud comenzó a callarse.

—¡Deja de correr! —gritó Dominic.

Vincent sonrió.

—Tiene razón, cariño.

Cassidy continuó moviéndose.

—Treinta segundos —dijo.

Vincent frunció el ceño.

—¿Qué?

—Necesitaba treinta segundos para comprobarlo.

—¿Comprobar qué?

Cassidy levantó la guardia.

—Que peleas exactamente como pensé.

Vincent atacó.

Esta vez Cassidy respondió.

Su movimiento fue tan rápido que varios hombres ni siquiera entendieron qué había ocurrido.

Un golpe limpio atravesó la guardia de Vincent.

El sonido seco silenció todo el almacén.

La cabeza del mafioso se desplazó hacia un lado.

Vincent retrocedió.

Una gota de sangre apareció en su labio.

Nadie se rio.

Dominic se levantó lentamente de la silla.

Cassidy volvió a su posición.

—Nueve segundos —dijo.

Vincent se tocó el labio.

Miró la sangre sobre su guante.

Y sonrió.

Pero ya no era una sonrisa burlona.

—Interesante.

Volvió hacia ella con mucha más cautela.

Ahora entendía que aquello no era un juego.

Durante el resto del primer asalto, Vincent intentó encerrarla contra las cuerdas.

Cassidy no se lo permitió.

No buscaba demostrar fuerza.

Administraba distancia.

Cada vez que Vincent avanzaba demasiado, ella encontraba un ángulo nuevo.

Sonó la campana.

Cassidy caminó tranquilamente hacia su esquina.

Vincent permaneció inmóvil en medio del ring.

Dominic se acercó.

—¿Qué demonios es ella?

Vincent no respondió.

En la esquina opuesta, Cassidy bebió agua.

Entonces escuchó una voz entre los espectadores.

—Gallagher.

Su cuerpo se tensó.

Un hombre alto de cabello gris estaba detrás de Dominic.

Cassidy lo reconoció inmediatamente.

Salvatore Moretti.

Había dirigido combates clandestinos durante décadas.

Moretti miró fijamente sus pies.

Después sus manos.

—No puede ser.

Vincent lo escuchó.

—¿La conoces?

Moretti tardó demasiado en responder.

Cassidy bajó la botella.

—No.

Pero Moretti seguía mirándola.

—Conocí a otro Gallagher.

Cassidy endureció la mandíbula.

Sonó la campana del segundo asalto.

Entró inmediatamente al centro.

Vincent hizo lo mismo.

—Parece que tenemos un misterio.

—Parece que deberías concentrarte.

Vincent lanzó una combinación.

Cassidy bloqueó y retrocedió.

Él había aprendido.

Ya no atacaba salvajemente.

Empezó a cortarle las salidas.

Por primera vez, Cassidy recibió un golpe limpio en el hombro.

La fuerza la hizo retroceder.

Los hombres volvieron a gritar.

Vincent avanzó.

Cassidy esquivó el siguiente.

Pero él consiguió arrinconarla.

—Se acabó —murmuró.

Cassidy miró su postura.

Y sonrió por primera vez.

—Ahora sí.

Cambió el ritmo.

Dos movimientos rápidos.

Vincent perdió el equilibrio suficiente para que Cassidy escapara de la esquina.

Cuando se giró, ella ya estaba frente a él.

Golpe.

Desplazamiento.

Otro golpe controlado.

Vincent retrocedió hasta las cuerdas.

La multitud quedó en silencio nuevamente.

Moretti se puso de pie.

—Dios mío.

Dominic lo agarró del brazo.

—¿Qué?

Moretti señaló a Cassidy.

—Esa secuencia.

—¿Qué tiene?

El anciano parecía haber visto un fantasma.

—La enseñaba Patrick Gallagher.

Cassidy escuchó el nombre de su padre.

Por una fracción de segundo perdió concentración.

Vincent lo notó.

Su siguiente golpe la alcanzó.

Cassidy cayó sobre una rodilla.

El almacén explotó en gritos.

Vincent retrocedió inmediatamente mientras el árbitro comenzaba la cuenta.

—Uno.

Cassidy respiró.

—Dos.

Levantó la cabeza.

Vincent ya no sonreía.

—Tres.

Cassidy se puso de pie.

—Estoy bien.

Sonó la campana segundos después.

Fin del segundo asalto.

Vincent caminó directamente hacia Moretti.

—Habla.

Cassidy permaneció en su esquina.

Moretti negó con la cabeza.

—Patrick Gallagher fue uno de los mejores boxeadores que vi en mi vida.

—¿Profesional?

—No exactamente.

Cassidy cerró los ojos.

Sabía lo que venía.

—Patrick peleaba donde el dinero era más grande y las reglas más pequeñas —continuó Moretti—. Durante años nadie podía tocarlo.

Dominic miró a Cassidy.

—¿Su padre?

Moretti asintió.

—Hasta que desapareció.

Vincent volvió la cabeza.

Cassidy estaba mirándolo.

—Mi padre murió hace nueve años.

Moretti palideció.

—Eso te dijeron.

El silencio fue inmediato.

Cassidy abandonó su esquina.

—¿Qué acabas de decir?

Moretti miró alrededor como si lamentara haber hablado.

—No es momento.

Cassidy avanzó.

—Dímelo.

Vincent se interpuso.

—Termina el combate.

Ella lo miró con furia.

—Apártate.

—Tienes una ronda pendiente conmigo.

Cassidy miró el reloj.

Luego el maletín.

Recordó a Declan.

Los cincuenta mil.

—Tres minutos —dijo.

Vincent levantó los guantes.

—Tres minutos.

Sonó la última campana.

Esta vez ninguno sonrió.

Vincent atacó primero.

Cassidy respondió.

Ya no había espectáculo.

Cada movimiento tenía intención.

Vincent era más grande y fuerte.

Cassidy era más rápida y técnicamente superior.

Quedaban dos minutos.

Luego uno.

Dominic dejó de apostar.

Todos estaban de pie.

Treinta segundos.

Vincent intentó cerrar distancia.

Cassidy vio nuevamente aquella abertura.

La misma que había identificado en el Brass Lantern.

Barbilla demasiado alta.

Peso adelantado.

Esperó.

Vincent lanzó el golpe.

Cassidy se desplazó.

Y respondió.

Un solo golpe limpio.

Vincent cayó sobre una rodilla.

Nadie emitió un sonido.

El árbitro comenzó la cuenta.

Vincent levantó una mano.

Se puso de pie antes del final.

Entonces sonó la campana.

Cassidy había sobrevivido las tres rondas.

Dominic miró el maletín.

Vincent respiraba pesadamente.

Tenía el labio abierto y un hematoma comenzaba a formarse en su rostro.

Caminó hacia Cassidy.

Durante un segundo todos parecieron esperar una represalia.

Vincent extendió la mano.

—Cincuenta mil.

Cassidy no la tomó.

Miró a Moretti.

—Primero quiero saber qué quiso decir.

Moretti tragó saliva.

—Patrick no desapareció por una pelea.

—Entonces, ¿por qué?

El anciano miró a Vincent.

—Porque vio algo que nunca debía ver.

Cassidy sintió frío.

—¿Qué?

Moretti abrió la boca.

Pero las puertas metálicas del almacén se abrieron violentamente.

Tres hombres entraron.

El primero llevaba un sobre.

Se acercó directamente a Vincent y se lo entregó.

—Esto llegó hace diez minutos.

Vincent abrió el sobre.

Había una fotografía.

Su expresión cambió.

Cassidy se la arrancó de las manos.

Y dejó de respirar.

La fotografía había sido tomada aquella misma noche.

Mostraba a Declan atado a una silla.

Detrás de él había un hombre cuyo rostro Cassidy no había visto desde que tenía quince años.

Más viejo.

Cabello gris.

Una cicatriz junto al ojo.

Pero imposible de confundir.

Patrick Gallagher.

Su padre.

En el reverso de la fotografía había seis palabras escritas a mano:

“CASSIDY GANÓ. AHORA TRÁIGANMELA A MÍ.”

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