PARTE 2: CUATRO AÑOS DESPUÉS, SEBASTIAN DESCUBRIÓ POR QUÉ SERENA HABÍA DESAPARECIDO.

Me detuve frente a las puertas abiertas del ascensor.

No me giré inmediatamente.

—Serena.

Sebastian volvió a decir mi nombre.

Esta vez más cerca.

Respiré hondo y me di vuelta.

Cuatro años.

Cuatro años desde la última vez que lo vi.

Seguía igual de recto.

Igual de impecable.

Pero había algo distinto.

Cansancio.

Uno de los hombres que iba con él me reconoció finalmente y palideció.

—Señorita Blake…

Sebastian levantó una mano.

Todos callaron.

Sus ojos no se apartaron de mí.

—Volviste.

—Parece que sí.

—¿Cuándo?

—Ayer.

—¿Por cuánto tiempo?

—No lo sé.

—¿Dónde te estás quedando?

Sonreí.

—Sigues interrogando como general.

Su mandíbula se tensó.

—Desapareciste cuatro años.

—Estábamos divorciados.

Aquello lo silenció.

Entré al salón de la fiesta.

Sebastian me siguió.

—Nunca entendí por qué.

Me detuve.

—¿De verdad?

—Firmaste los documentos mientras estabas hospitalizada.

Lo miré.

—¿Y eso no te dio ninguna pista?

Su expresión cambió.

—¿Hospitalizada?

Ahí comprendí algo.

Sebastian no lo sabía.

—Mi padre me castigó por pedir el divorcio.

Su rostro quedó completamente inmóvil.

—¿Qué dijiste?

—Que me golpeó hasta enviarme al hospital.

La temperatura del pasillo pareció bajar.

—¿Por qué nadie me informó?

Me reí.

—Porque todos sabían que estabas ocupado con Lily.

Sebastian retrocedió como si lo hubiera golpeado.

—Así que la viste.

—Sí.

No intenté suavizarlo.

—Vi cómo la abrazabas. Después investigué.

Él cerró los ojos.

—Serena…

—No tienes que explicarme.

—Sí.

—Ya no.

Intenté marcharme.

Sebastian dijo:

—Lily nunca fue mi amante durante nuestro matrimonio.

Me detuve.

—Eso no cambia lo que vi.

—No.

Su voz se volvió más baja.

—Pero cambia algo más.

Me giré.

Sebastian respiró profundamente.

—La noche del bar, Lily me llamó porque estaba siendo seguida.

—Y corriste.

—Porque yo era responsable de que estuviera en peligro.

Fruncí el ceño.

Él continuó:

—Después de que mi familia nos separó, amenazaron con utilizarla para presionarme. Yo fui quien insistió en que desapareciera de Harbor City.

—Pero volvió.

—Porque descubrió que alguien la estaba vigilando otra vez.

Primer giro.

Lily no había regresado para recuperar a Sebastian.

Había regresado porque seguía siendo objetivo de personas vinculadas a una vieja operación militar.

—¿Y el abrazo?

Sebastian bajó la mirada.

—Era despedida.

Sentí una punzada en el pecho.

—No me digas que nunca la amaste.

—La amé.

Su sinceridad dolió más que cualquier mentira.

—Mucho.

—Entonces no hay nada más que hablar.

—Sí lo hay.

Me miró directamente.

—Porque cuando me casé contigo pensé que jamás volvería a amar a nadie.

Permanecí inmóvil.

—Y me equivoqué.

Mi corazón dio un golpe.

—No hagas esto.

—Pasé años convenciéndome de que mantener distancia contigo era lo correcto. El contrato terminaría. Tú recuperarías tu libertad. Yo cumpliría con mi familia.

—Qué noble.

—No lo fue.

Su voz se quebró apenas.

—Fue cobardía.

Se acercó un paso.

—Empecé a esperar tus llamadas. A distinguir tus pasos en casa. A saber cuándo estabas enfadada incluso antes de verte.

—Sebastian…

—Y cuando provocabas problemas…

—¿Qué?

Por primera vez, sonrió con tristeza.

—La mayoría de las veces ya sabía por qué.

Me quedé quieta.

—Entonces ¿por qué nunca reaccionabas?

—Porque si lo hacía, perdía el control.

Recordé aquel jeep.

Sus manos en mi cintura.

Su respiración.

El teléfono.

—Siempre creí que no te importaba.

—Ese fue mi mayor error.

Antes de poder responder, apareció alguien al final del pasillo.

Clara.

Mi media hermana.

Vestido blanco.

Joyas Blake.

Sonrisa impecable.

—Serena.

La miré.

—Clara.

Su expresión se endureció al ver a Sebastian.

—General Grant, mi padre lo espera.

—No voy.

Clara parpadeó.

—¿Qué?

Sebastian ni siquiera la miró.

—Estoy hablando con Serena.

Fue entonces cuando supe el segundo secreto.

Clara se había acercado a la familia Grant después de mi divorcio.

Había intentado ocupar mi lugar.

Mi padre la había impulsado.

Durante cuatro años había circulado el rumor de que eventualmente se casaría con Sebastian.

—Entonces era cierto —dije.

Clara sonrió.

—Algunas personas saben aprovechar oportunidades.

Sebastian la miró finalmente.

—Nunca existió compromiso alguno.

Su sonrisa desapareció.

—Pero nuestras familias…

—No.

Clara palideció.

—Tu padre lleva cuatro años utilizando mi nombre para aumentar negocios y alianzas.

Miró hacia mí.

—Y creo que ya es hora de que Serena conozca por qué insistió tanto en nuestro matrimonio original.

Sentí frío.

—¿Qué quieres decir?

Sebastian sacó una carpeta que uno de sus hombres llevaba.

Dentro había documentos financieros.

Contratos.

Transferencias.

Mi padre no solo había sabido de Lily.

Había negociado directamente con la familia Grant.

A cambio de mi matrimonio, Blake Group había recibido acceso a contratos de infraestructura relacionados con defensa.

Yo no había sido una hija casada por tradición.

Había sido una garantía comercial.

Y cuando pedí el divorcio, mi padre temió perder aquellos beneficios.

Por eso me castigó.

Clara no había intentado protegerme aquel día.

Había querido que yo me divorciara para ocupar el puesto.

Segundo giro.

Miré los papeles.

—¿Cuándo descubriste esto?

—Después de que desapareciste.

—Cuatro años.

—He pasado cuatro años desmontando todo vínculo financiero entre los Grant y tu padre.

Levanté la vista.

—¿Por mí?

—Porque él te golpeó creyendo que mi apellido le daba derecho a hacerlo.

Su voz se volvió fría.

—No podía cambiar lo que pasó. Podía asegurarme de que nunca volviera a beneficiarse de ello.

Mi padre apareció en el salón minutos después.

Ya no era el hombre poderoso de mi memoria.

Blake Group estaba endeudado.

Varias alianzas se habían deshecho.

Cuando me vio junto a Sebastian comprendió inmediatamente.

—Serena.

—Papá.

—Vuelve a casa. Podemos arreglarlo.

—No tengo casa allí.

Clara intervino.

—¡Todo esto es culpa tuya!

La miré.

—No.

Sonreí.

—Por primera vez, nada de esto tiene que ver conmigo.

Me marché.

Sebastian no intentó detenerme.

Eso me sorprendió.

A la mañana siguiente recibió un mensaje mío.

“Café. Diez de la mañana. Una hora.”

Llegó quince minutos antes.

Por supuesto.

Nos sentamos frente a frente.

Sin familias.

Sin contratos.

Sin uniformes ceremoniales.

—No voy a volver contigo —dije.

Su rostro no cambió.

—Lo sé.

—No puedes reparar cuatro años con una explicación.

—Lo sé.

—Y tampoco quiero convertirme otra vez en la mujer que vive intentando hacerte reaccionar.

—Bien.

Fruncí el ceño.

—¿Bien?

—Nunca debiste necesitar hacerlo.

Aquello me dejó sin palabras.

Pasaron meses.

Sebastian y yo empezamos con cafés.

Después cenas.

Después caminatas largas en las que, por primera vez, me contó cosas sin que yo tuviera que arrancárselas.

Lily vivía ahora en Canadá.

Estaba casada.

Tenía un hijo.

Cuando lo supe, sentí algo extraño.

No victoria.

Cierre.

Sebastian también conoció mi vida nueva.

Mis exposiciones.

Mis amigos.

Mis errores.

Las ciudades donde había intentado olvidarlo.

Una noche, después de una gala, me acompañó hasta mi edificio.

—Serena.

—¿Sí?

—Si alguna vez volvemos a estar juntos, quiero que sea porque tú me elegiste ahora.

Lo miré.

—No porque fui tu esposa.

—No.

—No por culpa.

—No.

—¿Y no porque te asusta que vuelva a irme?

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Eso sí me asusta.

Me reí.

—Por fin una respuesta humana.

Él también rio.

Un año después, renovamos nuestros votos.

No repetimos la vieja boda.

No había contratos familiares.

Ni acuerdos políticos.

Ni mi padre.

Ni la familia Grant decidiendo nada.

Solo nosotros.

Antes de entrar, Sebastian me tomó de la mano.

—¿Estás segura?

Lo miré.

Diez años atrás habría dado cualquier cosa por escuchar esa pregunta.

Porque significaba elección.

—Sí.

Y esta vez era verdad.

Yo ya no era la chica que intentaba incendiar el mundo para conseguir una reacción.

Sebastian ya no era el hombre que confundía control con fortaleza.

Habíamos perdido años.

Nos habíamos herido.

Pero aprendimos algo que ninguno entendió en nuestro primer matrimonio.

El amor no fracasa únicamente cuando deja de existir.

A veces fracasa porque nadie se atreve a decir que está allí.

La primera vez me casé con Sebastian porque nuestras familias lo decidieron.

La segunda…

me casé con él porque, finalmente, ambos lo hicimos.

Related Posts

PARTE 2: DEJÉ QUE MI MARIDO CREYERA QUE HABÍA CAMBIADO A NUESTRAS BEBÉS, HASTA QUE EL HOSPITAL DESCUBRIÓ LO QUE HABÍA HECHO.

No dije nada aquella noche. Esperé. Cuando Adrian salió para acompañar a Serena, llamé a la enfermera. —Necesito hablar con la supervisora. Debió notar algo en mi…

PARTE 2: ABRÍ LA CAJA FUERTE DE MI ESPOSO BUSCANDO PRUEBAS DEL DINERO ROBADO, PERO ENCONTRÉ UN DOCUMENTO MÉDICO CON MI FIRMA FALSIFICADA Y EL NOMBRE DE ALGUIEN QUE JAMÁS DEBIÓ ESTAR INVOLUCRADO.

A las cuatro y veinte de la madrugada, Justin y yo entramos en las oficinas de Rollins Global Enterprises. Kenneth seguía en cirugía. Maya también. Pero la…

PARTE 2: EL NIÑO TENÍA MI ROSTRO, PERO LO QUE EVELYN REVELÓ SOBRE NUESTRO DIVORCIO DESTRUYÓ TODO LO QUE CREÍA SABER.

No recuerdo haber terminado la llamada. Solo recuerdo caminar hacia la playa. —Evelyn. Ella se detuvo. El niño también. De cerca, el parecido era todavía peor. —¿Cómo…

PARTE 2: MI PADRE INTENTÓ NEGARLO TODO FRENTE A LAS CÁMARAS, HASTA QUE LA FISCAL MOSTRÓ LA TRANSFERENCIA QUE REVELABA QUIÉN HABÍA FINANCIADO REALMENTE SU CAMPAÑA.

Mi padre miró mi identificación militar como si aquellas dos palabras impresas junto a mi fotografía hubieran sido escritas en otro idioma. CORONEL AVA LANE. Durante años,…

PARTE 2: ALESSANDRO REVELÓ QUE MI MARIDO NO HABÍA MUERTO EN EL ACCIDENTE Y QUE EL ANILLO ERA LA PRUEBA DE QUIÉN HABÍA DECIDIDO HACERLO DESAPARECER.

Miré el anillo. Conocía aquella pequeña marca junto al borde. Yo misma había mandado grabarla. —¿Dónde conseguiste eso? Alessandro intentó incorporarse. Los médicos entraron corriendo. —Señor Romano,…

PARTE 2: EL ÚLTIMO REGALO QUE HABÍA PREPARADO PARA MI MARIDO LLEGÓ JUSTO CUANDO ÉL CREÍA QUE YA NO PODÍA PERDER NADA MÁS.

Evan seguía mirando la carpeta como si las palabras fueran a cambiar si esperaba suficiente tiempo. No cambiaron. Daniel permaneció junto a mí mientras trescientas personas guardaban…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *