Parte 2: “EN MI VIDA ANTERIOR MORISTE POR AMARME, PERO EN ESTA VIDA MI ESPOSO QUIERE DIVORCIARSE DE MÍ ANTES DE DESCUBRIR TODA LA VERDAD”

El documento de divorcio seguía sobre el escritorio.

Mi nombre.

El suyo.

Su firma.

Todo estaba allí.

Exactamente igual que en mi pesadilla más dolorosa.

Pero esta vez yo estaba viva.

Y Damian también.

Me quedé mirando el papel sin poder respirar.

Porque en mi vida anterior había deseado escuchar una confesión de amor.

Había deseado que él dejara de comportarse como un hombre correcto y me demostrara que me deseaba.

Pero nunca imaginé que la respuesta llegaría demasiado tarde.

Cuando ya no podía tocarlo.

Cuando ya no podía abrazarlo.

Cuando él había perdido todo por mí.

Y ahora…

Ahora él estaba frente a mí.

Vivo.

Pero mirándome como si fuera una desconocida.

—¿Por qué está llorando, señora Foster?

Su voz era fría.

Demasiado fría.

La misma voz que había escuchado en mis últimos días antes de morir.

Pero había algo diferente.

Antes había distancia porque tenía miedo.

Ahora había distancia porque había levantado una pared.

—Damian…

Sus ojos se endurecieron al escuchar mi tono.

—Creo que deberíamos mantener las formalidades.

Bajé la mirada.

En la vida anterior, nunca me había hablado así.

Nunca.

Incluso cuando discutíamos.

Incluso cuando yo lo rechazaba.

Él siempre decía mi nombre con cuidado.

Como si fuera algo frágil.

Pero ahora parecía que decir mi nombre le dolía.

—¿Quieres divorciarte?

Pregunté aunque ya sabía la respuesta.

Damian tomó el documento.

—Sí.

Silencio.

—Nuestro matrimonio nunca fue realmente una elección.

Sus palabras me atravesaron.

Porque eran las mismas ideas que yo había tenido.

Solo que ahora venían de él.

—Fuimos obligados por nuestras familias.

Continuó.

—Nos respetamos. Cumplimos con nuestro deber.

Pausó.

—Pero creo que ambos merecemos una vida diferente.

Casi me reí.

Una vida diferente.

Qué irónico.

En mi vida anterior, él había destruido la suya intentando vengarme.

Y ahora quería alejarse de mí para protegerse.

—¿Desde cuándo piensas esto?

Pregunté.

Damian apartó la mirada.

—Desde hace tiempo.

Mentía.

Lo sabía.

Porque había visto sus recuerdos.

Había visto cada noche que pasó mirándome dormir.

Había visto cómo guardaba mis pequeñas cosas.

Había visto el amor que nunca se atrevió a mostrar.

Pero también sabía algo.

En esta vida, él todavía no había vivido mi muerte.

Todavía no sabía cuánto me amaba.

Y yo no podía obligarlo a recordarlo.


Los días siguientes fueron extraños.

Vivíamos bajo el mismo techo.

Pero parecía que había una distancia infinita entre nosotros.

Damian era educado.

Demasiado educado.

—Su desayuno está listo.

—Su reunión es a las diez.

—El conductor estará esperando.

Todo era correcto.

Todo era frío.

Como si hubiera convertido nuestro matrimonio en una relación empresarial.

Pero ahora yo veía lo que antes no veía.

Cada detalle.

Cada cuidado.

Cada pequeño gesto.

La temperatura de la habitación estaba ajustada antes de que yo llegara.

Mis medicamentos para las migrañas estaban siempre en el cajón correcto.

Mis comidas favoritas aparecían aunque yo nunca se las pidiera.

Era exactamente igual que antes.

La diferencia era que ahora sabía la razón.

No era obligación.

Era amor.

Un amor que él estaba intentando matar.


Una noche encontré una caja en su despacho.

No estaba escondida.

Simplemente estaba allí.

La reconocí inmediatamente.

Era la misma caja que había visto en sus recuerdos.

La caja donde guardaba mis cosas.

Me quedé quieta.

No debía abrirla.

Pero mi mano ya estaba sobre la tapa.

Dentro había una horquilla.

Una pequeña nota.

Y un envoltorio de caramelo.

El mismo del primer viaje que hicimos juntos.

Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas.

Porque ahora sabía.

Cada pequeño objeto era una confesión.

Una que nunca escuché.

Entonces escuché una voz detrás de mí.

—¿Qué estás haciendo?

Me giré.

Damian estaba en la puerta.

Su expresión era seria.

Pero debajo de esa seriedad había algo más.

Miedo.

—Lo siento.

Cerré la caja.

—No quería invadir tu privacidad.

Él caminó hacia mí.

Tomó la caja.

—No importa.

Su voz era más suave.

Por un segundo pensé que el antiguo Damian estaba regresando.

Pero luego volvió a cerrarse.

—De todos modos, pronto ya no será asunto tuyo.

La frase dolió.

Más de lo que esperaba.

Porque yo recordaba perfectamente el final de nuestra otra vida.

Recordaba sus brazos rodeándome.

Recordaba su voz preguntándome si podría amarlo una sola vez.

Y ahora él estaba dispuesto a irse.


Pero entonces algo cambió.

Una noche recibí una llamada.

Era mi abogado.

—Señora Foster, encontramos algo extraño relacionado con el accidente que sufrió su familia.

Mi corazón se detuvo.

Accidente.

La palabra me devolvió inmediatamente a mi muerte.

—¿Qué encontró?

—Documentos antiguos.

Pausa.

—Sobre su tío.

Sentí frío.

Mi tío.

El hombre que había ordenado mi asesinato.

Pero en esta vida todavía no había ocurrido.

Todavía tenía una oportunidad.

—Envíeme todo.


Los documentos revelaban algo diferente.

Mi tío no solo había planeado destruirme.

También había estado manipulando a ambas familias durante años.

Quería romper mi matrimonio con Damian porque sabía que juntos éramos demasiado fuertes.

Damian tenía poder financiero.

Yo tenía acceso a información familiar.

Separados éramos vulnerables.

Juntos éramos una amenaza.

Entonces entendí.

El divorcio no era solo un problema entre nosotros.

Era parte de un plan.


Esa noche fui al despacho de Damian.

Él levantó la mirada.

—¿Qué sucede?

Puse los documentos sobre la mesa.

—Tenemos un problema.

Los leyó.

Su expresión cambió lentamente.

Porque reconocía algunos nombres.

—¿De dónde sacaste esto?

—No importa.

Me miró fijamente.

—Maya.

Era la primera vez que usaba mi nombre después de semanas.

Y escuchar esa palabra casi me rompió.

—Solo necesito que confíes en mí.

Silencio.

Damian bajó la mirada.

—Eso es lo que más me cuesta.

Me acerqué.

—¿Por qué?

Tardó en responder.

—Porque cada vez que creo que puedo acercarme a ti…

Pausó.

—Siento que tú nunca me necesitarás.

Mi corazón se apretó.

Porque esa era la herida que él escondía.

No era falta de amor.

Era miedo.

El mismo miedo que había visto en sus recuerdos.

—Damian.

Lo miré.

—¿Alguna vez pensaste que quizás yo también tenía miedo?

Sus ojos se levantaron.

—¿Miedo de qué?

Respiré.

—De que no me amaras.

Por primera vez vi una grieta en su expresión.


Después de esa noche, empezamos a investigar juntos.

Como debimos hacerlo desde el principio.

Damian descubrió las pruebas contra mi tío.

Yo descubrí que él había estado protegiéndome durante años sin decirlo.

Y lentamente…

la distancia empezó a desaparecer.

Una noche, mientras revisábamos documentos, Damian preguntó:

—¿Por qué estás intentando salvar este matrimonio?

La pregunta me dejó en silencio.

Porque no podía decirle:

“Porque te vi morir por mí”.

Porque sonaría imposible.

Entonces respondí la verdad más cercana.

—Porque cometí un error.

Él frunció el ceño.

—¿Qué error?

Lo miré.

—Pensé que tu silencio significaba que no me amabas.

Damian se quedó inmóvil.

Luego sonrió con tristeza.

—Y yo pensé que tu distancia significaba que nunca me quisiste.

Nos miramos.

Dos personas que habían pasado años amándose en secreto.

Dos personas que habían sufrido por interpretar mal el silencio del otro.


Finalmente, la verdad sobre mi tío salió a la luz.

Fue arrestado antes de poder repetir la historia de nuestra vida anterior.

Esta vez nadie murió.

Esta vez Damian no perdió todo.

Esta vez tuvimos una oportunidad.


Meses después, encontré algo sobre mi escritorio.

Era el mismo documento de divorcio.

Pero estaba roto.

Junto a él había una nota.

La letra era de Damian.

“Creo que pasamos demasiado tiempo intentando escapar de algo que nunca quisimos perder”.

Cuando levanté la mirada, él estaba en la puerta.

—Maya.

Sonreí.

—Sí.

Se acercó lentamente.

Como siempre.

Con cuidado.

—¿Puedo?

Mi corazón se detuvo.

La misma pregunta.

La misma delicadeza.

Pero esta vez entendía lo que significaba.

No era falta de deseo.

Era amor.

Era respeto.

Era la promesa de que nunca me obligaría a nada.

Tomé su mano.

—Sí.

Por primera vez.

Sin miedo.

Sin dudas.


Años después, cuando miraba nuestra casa junto al mar, entendí algo.

En mi primera vida pensé que Damian era frío porque no me amaba.

Pero la verdad era completamente diferente.

Me amaba tanto que convirtió cada sentimiento en cuidado.

Cada deseo en paciencia.

Cada miedo en protección.

Y yo tuve que morir una vez para entenderlo.

Pero en esta vida…

no iba a desperdiciar el amor que ambos habíamos tardado tanto en encontrar.

Porque algunas personas necesitan una segunda oportunidad.

No para cambiar el destino.

Sino para finalmente reconocer lo que siempre estuvo frente a sus ojos.

El amor que nunca dejó de existir.

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