PARTE 2: EL HIJO QUE ÉL NUNCA SUPO QUE EXISTÍA

—Jiayi es solo una amiga.

Lo dijo con tanta naturalidad que casi me hizo sonreír.

Dejé el expediente sobre la mesa.

—No tienes que explicármelo.

Lu Jingxing frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

—Significa exactamente lo que dije.

Me levanté y llevé los expedientes a la estantería.

Durante unos segundos permaneció detrás de mí.

—Wen Ning, últimamente estás muy extraña.

—Quizá estoy cansada.

—Antes no eras así.

Me giré.

—Antes me importaba.

Se quedó callado.

Aquella frase pareció golpearlo más que cualquier reclamo.

Pero no dije nada más.

Esa noche dormimos en habitaciones separadas.

A la mañana siguiente llegué temprano al hospital.

El consentimiento para la interrupción del embarazo seguía dentro del cajón.

Lo saqué.

Lo observé durante mucho tiempo.

Hasta ese momento había pensado que mi decisión era sencilla.

No quería que mi hijo naciera en medio de un matrimonio donde su propio padre jamás había sabido que existía.

No quería que Lu Jingxing pudiera aparecer años después y decir que yo había utilizado al bebé para retenerlo.

Pero cuando tomé el teléfono para confirmar la cita, recibí un mensaje.

Era de mi madre.

“¿Ya se lo dijiste a Jingxing?”

Me quedé inmóvil.

Nunca le había contado que estaba embarazada.

Ni siquiera a ella.

¿Cómo podía saberlo?

La llamé inmediatamente.

—Mamá, ¿por qué me preguntas eso?

Hubo silencio.

—Porque encontré tus análisis.

Sentí que el corazón me golpeaba.

—¿Dónde?

—En tu casa. La semana pasada. Fui a dejarte unas cosas y vi el sobre del laboratorio.

Cerré los ojos.

—No le digas nada a nadie.

Mi madre tardó unos segundos en responder.

—Ning Ning, antes de tomar una decisión así, asegúrate de que realmente es lo que quieres. No porque tengas miedo de lo que hará él.

Sus palabras me acompañaron durante todo el día.

Al mediodía, Song Jiayi regresó al hospital.

Pero esta vez no venía sola.

Lu Jingxing caminaba a su lado.

Cuando me vio, se detuvo.

—¿Otra vez aquí?

—Tengo una cita de seguimiento.

Jiayi sonrió.

—El doctor dijo que todo va muy bien.

Asentí.

—Me alegro.

Entonces ocurrió algo extraño.

Mientras revisaba sus documentos, vi la fecha de concepción estimada.

Mi mirada se quedó fija en el papel.

Coincidía casi exactamente con una fecha en la que Lu Jingxing había estado fuera de la ciudad.

Una fecha que yo recordaba perfectamente.

Porque aquella noche él había regresado a casa casi a las cuatro de la madrugada.

Dijo que había tenido una cena con clientes.

Yo le creí.

Ahora ya no estaba tan segura.

Levanté la mirada.

—¿Cuándo supiste que estabas embarazada?

Song Jiayi respondió:

—Hace casi cuatro meses.

Lu Jingxing inmediatamente la miró.

Yo hice una pausa.

Cuatro meses.

Entonces entendí algo.

Su embarazo no había empezado cuando todos suponían.

Y si mis cálculos eran correctos, había ocurrido mucho antes de que él comenzara a acompañarla públicamente.

—¿Quién es el padre del bebé? —pregunté.

La pregunta salió con tono profesional.

Pero vi cómo Lu Jingxing se tensaba.

Jiayi bajó los ojos.

—No es algo que quiera hablar aquí.

Lu Jingxing intervino:

—Wen Ning, eso no te concierne.

Sonreí.

—Tienes razón.

Cerré el expediente.

—No me concierne.

Pero esa noche, por primera vez, empecé a sospechar que la historia que conocía era mucho más complicada.

Cuando llegué a casa, encontré a Lu Jingxing esperándome.

Sobre la mesa había una caja pequeña.

—¿Qué es?

—Ábrela.

Dentro había un collar.

El mismo modelo que había visto en una joyería meses atrás.

Lo miré.

—¿Para qué?

—Pensé que te gustaría.

Cerré la caja.

—Ya no quiero regalos.

Su expresión se endureció.

—¿Qué te pasa?

—Nada.

—Desde hace semanas actúas como si quisieras divorciarte.

No respondí.

Él se acercó.

—¿Es por Jiayi?

Lo miré directamente.

—Si te dijera que sí, ¿qué harías?

Lu Jingxing guardó silencio.

Entonces sonó su teléfono.

Miró la pantalla.

Era Song Jiayi.

Se apartó para contestar.

No escuché toda la conversación.

Solo una frase.

—No puedes decirle ahora.

Mi corazón dio un vuelco.

Cuando terminó la llamada, ya no pude seguir fingiendo.

—¿Qué no puede decirme?

—Nada.

—Lu Jingxing.

—Es un asunto de Jiayi.

—Entonces ¿por qué dijiste que no podía decírmelo?

No respondió.

Tomé mi bolso.

—Mañana presentaré oficialmente la solicitud de divorcio.

Su rostro cambió.

—¿Qué?

—Ya está preparada.

—¿Desde cuándo?

—Antes de que trajeras a Jiayi a mi consultorio.

Por primera vez parecía realmente sorprendido.

—¿Estás hablando en serio?

—Sí.

—¿Y el bebé?

Me quedé inmóvil.

Él acababa de decirlo sin saber.

Sin saber que existía.

Lo miré durante varios segundos.

—¿Qué bebé?

Lu Jingxing palideció.

—Yo…

—Termina la frase.

—Nada.

Sonreí tristemente.

—Eso pensé.

Subí a mi habitación.

Pero aquella noche no pude dormir.

A las seis de la mañana recibí una llamada del hospital.

Era mi colega, la doctora Chen.

—Wen Ning, necesito que vengas cuanto antes.

—¿Qué ocurrió?

—Revisé unos registros antiguos porque Jiayi solicitó una copia de su expediente.

Mi corazón comenzó a acelerarse.

—¿Y?

—Hay una inconsistencia.

Llegué al hospital veinte minutos después.

Chen cerró la puerta.

—La fecha de la primera prueba de embarazo de Jiayi fue modificada.

Me quedé mirando la pantalla.

—¿Quién la modificó?

—No lo sé.

—¿Y la original?

Chen abrió otro archivo.

—Aquí está.

La fecha era casi tres meses anterior a la que aparecía en el expediente actual.

Mi rostro se quedó sin color.

—Entonces ella ya estaba embarazada cuando…

No terminé la frase.

Chen me miró.

—Hay algo más.

Abrió el informe de laboratorio.

El nombre del padre no aparecía.

Pero junto al registro había una observación escrita a mano.

“Solicitar prueba de paternidad después del nacimiento.”

Sentí un escalofrío.

—¿Quién escribió esto?

Chen negó con la cabeza.

—No lo sabemos.

Antes de que pudiera responder, mi teléfono vibró.

Era un mensaje de Lu Jingxing.

“Necesitamos hablar. Jiayi me acaba de decir quién es realmente el padre de su bebé.”

Me quedé mirando la pantalla.

Entonces llegó otro mensaje.

“Y creo que tú también deberías saberlo.”

Fui a su oficina esa misma tarde.

Lu Jingxing estaba de pie junto a la ventana.

Parecía agotado.

—¿Qué te dijo?

—Que el bebé no es mío.

No sentí alivio.

Sentí algo peor.

—Entonces, ¿de quién es?

Lu Jingxing me entregó un sobre.

—No lo sé.

Lo abrí.

Dentro había una fotografía.

Era Jiayi entrando a una clínica privada meses atrás.

A su lado caminaba un hombre.

No era Lu Jingxing.

Reconocí al hombre inmediatamente.

Era el director financiero de la empresa de mi esposo.

—¿Qué significa esto?

—No lo sé.

—¿Y por qué me lo enseñas?

Lu Jingxing tragó saliva.

—Porque ayer descubrí que alguien ha estado utilizando mi nombre para pagar los gastos médicos de Jiayi.

—¿Cuánto?

—Más de ocho millones de yuanes.

Miré los documentos.

Todas las transferencias provenían de una cuenta relacionada con nuestra empresa.

Pero había algo todavía más extraño.

Las primeras transferencias aparecían meses antes de que Jiayi anunciara su embarazo.

Entonces comprendí.

Alguien llevaba mucho tiempo preparando todo.

No era simplemente una historia de infidelidad.

Era una operación financiera.

Y mi matrimonio había sido utilizado como una cobertura.

Regresé a mi consultorio y abrí el cajón.

La hoja de consentimiento seguía allí.

La tomé.

La miré.

Y finalmente entendí por qué llevaba días sintiendo que algo no encajaba.

No quería tomar una decisión sobre mi bebé basándome en las mentiras de Lu Jingxing.

Quería decidir por mí misma.

Por eso cancelé la cita.

No porque hubiera decidido quedarme con mi marido.

Sino porque mi hijo no tenía ninguna culpa de los secretos que los adultos habían creado a su alrededor.

Dos semanas después, presenté oficialmente el divorcio.

Lu Jingxing no intentó detenerme.

Por primera vez, ambos entendimos que el matrimonio había terminado mucho antes de aquella mañana en mi consultorio.

La investigación financiera continuó.

El director financiero confesó que había desviado dinero durante años utilizando empresas vinculadas a terceros.

Song Jiayi también admitió que había ocultado información sobre el embarazo porque alguien le había prometido protegerla económicamente.

Pero la última verdad fue la más inesperada.

El hombre que aparecía en las fotografías era el verdadero padre del bebé.

Y era él quien había diseñado parte del fraude.

Lu Jingxing no fue acusado de participar, pero perdió la confianza de sus socios y tuvo que abandonar temporalmente la dirección de la empresa.

Yo, en cambio, reconstruí mi vida lejos de todo aquello.

Continué trabajando como doctora.

Meses después nació mi hijo.

Lo sostuve por primera vez y comprendí que mi decisión más importante no había sido divorciarme.

Había sido dejar de permitir que el miedo decidiera por mí.

Lu Jingxing lo conoció semanas después.

No como mi esposo.

No como el hombre que yo esperaba que fuera.

Solo como alguien que había formado parte de una etapa de mi vida que finalmente había terminado.

Cuando me preguntó si algún día podría perdonarlo, lo miré y respondí:

—Puedo perdonar lo que ocurrió.

Hice una pausa.

—Pero perdonar no significa volver atrás.

Y aquella fue la primera vez en muchos años que cerré una puerta sin preguntarme si alguien intentaría abrirla de nuevo.

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