PARTE 2: LOS EMPLEADOS ROMPIERON SU SILENCIO Y REVELARON EL FRAUDE QUE EL VERDADERO AGRESOR OCULTABA EN LA EMPRESA

El señor Fang cerró la puerta de la oficina con llave.

Después se sentó frente al joven empleado y dejó su teléfono sobre la mesa.

—Primero dime tu nombre.

—Me llamo Jian, señor.

—Bien, Jian. Desde este momento no volverás a enfrentarte solo a ese hombre.

El muchacho intentó sonreír, pero el miedo seguía dominando su rostro.

—Él controla los ascensos, los salarios y los contratos. Nadie se atreverá a hablar.

Fang negó lentamente.

—El poder de un abusador termina cuando sus víctimas descubren que son mayoría.

Sacó una pequeña cámara del cajón y la colocó frente a Jian.

—Quiero que cuentes todo lo ocurrido. La hora, el lugar y las personas presentes.

Jian respiró profundamente.

Explicó que su jefe directo, el gerente Zhou, lo había golpeado porque se negó a modificar un informe financiero. También reveló que llevaba semanas obligando a varios empleados a registrar horas falsas y ocultar mercancía desaparecida.

—¿Qué mercancía? —preguntó Fang.

—Componentes electrónicos. En los inventarios aparecen como destruidos, pero cada noche salen camiones del almacén.

La expresión del director cambió.

El maltrato no era el único delito.

Zhou estaba utilizando el miedo para proteger un negocio ilegal.

Fang llamó a la responsable de auditoría interna.

—Revise los accesos al almacén y copie todas las grabaciones antes de que alguien pueda borrarlas.

Después escribió un mensaje dirigido a todos los empleados del turno nocturno.

“Quien haya presenciado agresiones o irregularidades puede presentarse en la sala de reuniones. Nadie perderá su empleo por decir la verdad”.

Durante varios minutos no apareció nadie.

Jian bajó la cabeza.

—Se lo dije. Tienen demasiado miedo.

Entonces alguien llamó suavemente a la puerta.

Era una mujer del departamento de contabilidad.

Entró con una carpeta apretada contra el pecho.

—Yo vi cómo el señor Zhou golpeó a Jian.

Detrás de ella apareció otro trabajador.

—También amenazó con despedirme por negarme a firmar una factura falsa.

Después llegó un tercero.

Y luego otro.

En menos de veinte minutos, doce empleados llenaban la sala.

Cada uno guardaba una parte de la verdad.

Zhou había humillado, amenazado y golpeado a varios trabajadores. También cobraba dinero por conceder ascensos y obligaba al personal a firmar documentos sin leerlos.

Una empleada sacó su teléfono.

—Grabé una de sus reuniones.

En el video, Zhou entregaba una lista de números de serie a dos hombres desconocidos.

—Saquen estos productos esta noche —ordenaba—. Mañana aparecerán como dañados.

Fang apretó los puños.

—¿Por qué nadie me informó antes?

La mujer lo miró con tristeza.

—Porque Zhou siempre decía que usted era quien daba las órdenes.

El director quedó inmóvil.

El gerente había utilizado su nombre para sembrar terror.

—Esta noche terminaremos con eso —dijo.

Minutos después, Zhou entró en la empresa acompañado por dos guardias privados. Al ver a todos reunidos, frunció el ceño.

—¿Qué hacen fuera de sus puestos?

Jian se levantó.

Sus piernas temblaban, pero mantuvo la mirada firme.

—Estamos diciendo la verdad.

Zhou soltó una carcajada.

—Mañana ninguno de ustedes tendrá trabajo.

—Tú tampoco —respondió Fang desde el fondo.

El gerente perdió el color del rostro.

—Señor Fang… no sabía que estaba aquí.

—Eso es evidente.

Fang dejó sobre la mesa las fotografías de las lesiones, las facturas falsas y las grabaciones del almacén.

—Está suspendido desde este momento.

Zhou recuperó rápidamente su arrogancia.

—No puede despedirme sin una investigación.

—La investigación ya comenzó.

—Todo fue idea de Jian —afirmó el gerente—. Robó material y ahora intenta culparme.

Dos guardias avanzaron hacia el joven.

Fang levantó una mano.

—Esos hombres no pertenecen a la seguridad oficial de la empresa.

Zhou miró hacia la salida.

Las puertas ya estaban cerradas.

La policía había llegado al edificio.

El gerente sacó una memoria del bolsillo e intentó romperla, pero la empleada de contabilidad lo detuvo.

—Ahí están las cuentas secretas —gritó.

Zhou la empujó contra una silla.

Los trabajadores reaccionaron de inmediato.

No lo golpearon.

Se colocaron alrededor de él, impidiendo que escapara.

Por primera vez, el hombre que había gobernado mediante el miedo estaba completamente solo.

Los agentes entraron y lo esposaron.

La memoria contenía contratos falsos, pagos clandestinos y una lista de compradores. La empresa había perdido millones durante los últimos dos años.

Sin embargo, al revisar los archivos, Fang encontró algo inesperado.

Todos los documentos llevaban su firma digital.

—Yo nunca autoricé esto —dijo.

Zhou sonrió mientras lo conducían hacia la salida.

—Eso tendrás que demostrárselo al consejo.

Horas después, la policía confirmó que la firma de Fang había sido utilizada desde una computadora ubicada dentro de su propia oficina.

Solo tres personas conocían la contraseña.

Fang.

Su secretaria.

Y su hermano menor, Liang, vicepresidente de la compañía.

Jian observó al director.

—¿Cree que el señor Zhou trabajaba para su hermano?

Fang no respondió.

Recordó que Liang había recomendado personalmente contratar al gerente. También había rechazado varias auditorías alegando que podían retrasar la producción.

En ese momento llegó la secretaria con el rostro pálido.

—Señor Fang, el vicepresidente ha desaparecido.

—¿Cuándo salió?

—Hace una hora. También transfirió una gran cantidad de dinero de las cuentas corporativas.

Fang llamó a su hermano.

El teléfono estaba apagado.

Sobre el escritorio encontró un sobre que no estaba allí antes.

Dentro había una fotografía de Liang junto a Zhou y varios empresarios extranjeros.

En la parte posterior aparecía una frase:

“Si estás leyendo esto, los empleados ya hablaron. Ahora tendrás que elegir entre salvar la empresa o proteger a nuestra familia”.

Jian señaló una esquina de la fotografía.

Detrás de los hombres aparecía el padre de Fang.

Todos creían que el fundador había muerto cinco años atrás.

Pero la fecha impresa demostraba que la imagen había sido tomada la semana anterior.

Fang sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

Su hermano no había creado aquella red criminal.

Zhou tampoco era el verdadero jefe.

El hombre que controlaba las amenazas, el robo y la violencia era el mismo padre cuya memoria Fang había intentado honrar durante años.

La justicia había llegado para el agresor de Jian.

Pero la verdad más peligrosa acababa de entrar en la oficina del director.

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