El silencio terminó con una sola orden.
—¡Nadie dispare!
La voz del general retumbó por todos los canales de comunicación.
Los pilotos mantuvieron los dedos inmóviles sobre los gatillos mientras observaban a la misteriosa mujer suspendida frente a toda la formación.
No utilizaba alas.
No llevaba ningún dispositivo.
Simplemente flotaba con absoluta naturalidad.
Los diez niños permanecían detrás de ella formando un círculo perfecto.
La pequeña niña dio un paso al frente en el aire.
—Maestra, ellos tienen miedo.
La mujer sonrió con serenidad.
—Lo sé, Lian. Por eso jamás entenderán quiénes somos.
En el centro de mando, los científicos analizaban desesperadamente las señales.
—General, alrededor de ellos apareció un campo energético desconocido.
—¿Puede atravesarse?
—Negativo. Nuestros sensores dejan de funcionar cuando se acercan.
El general sintió un escalofrío.
Aquello superaba cualquier tecnología militar existente.
Mientras tanto, una videollamada cifrada apareció en la pantalla principal del cuartel.
Era el Consejo Supremo.
—General, escuche con atención.
La voz del presidente era grave.
—No capture a esos niños.
Toda la sala quedó inmóvil.

—¿Señor?
—Nuestros archivos secretos fueron desclasificados hace apenas una hora.
El presidente abrió un antiguo expediente.
En la portada podía leerse una sola frase.
Proyecto Linaje Lu.
—Hace más de doscientos años —continuó— una familia protegió a la humanidad durante la Gran Caída. Ellos juraron desaparecer para impedir que su poder fuera utilizado como arma.
El general sintió que el rostro perdía el color.
—¿Entonces… ellos no son enemigos?
—No.
Son los últimos guardianes.
Pero antes de que pudiera responder, una nueva alarma estremeció el centro de mando.
—¡Objeto desconocido entrando en la atmósfera!
Las pantallas cambiaron de inmediato.
Un gigantesco artefacto metálico descendía entre las nubes a una velocidad imposible.
No llevaba insignias.
No pertenecía a ningún país.
Los radares identificaron cientos de pequeñas aeronaves saliendo de su interior.
—General…
El operador tragó saliva.
—No son nuestras.
La mujer elevó lentamente la mirada hacia el cielo.
Por primera vez su expresión cambió.
Había preocupación.
—Llegaron demasiado pronto…
Los diez niños también observaron aquella inmensa nave.
El mayor de los hermanos apretó los puños.
—Maestra… ¿son ellos?
Ella respondió con una sola palabra.
—Sí.
Los verdaderos cazadores.
En cuestión de segundos, decenas de drones rodearon el cielo formando un enorme círculo sobre la ciudad.
Una transmisión internacional irrumpió en todas las frecuencias.
—Atención.
Entreguen inmediatamente a los diez descendientes de la familia Lu.
Su ADN ya pertenece a nuestra corporación.
La amenaza dejó helados tanto al ejército como al gobierno.
El general comprendió entonces que la persecución nunca había sido contra unos niños.
Había comenzado una guerra secreta por el futuro de la humanidad.
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