PARTE 2: RECHACÉ AL HOMBRE QUE ME DEJÓ MORIR EN MI VIDA ANTERIOR Y SALVÉ A MI FAMILIA CON UN SECRETO QUE NADIE ESPERABA

—¿Por qué ya no quieres casarte conmigo?

La voz de Adrián Hale era la misma.

Tranquila.

Profunda.

La voz que durante mi vida anterior había esperado escuchar durante años.

Pero esta vez no sentí alegría.

No sentí esperanza.

Solo sentí una extraña calma.

Lo observé entrar al salón.

Su cabello estaba mojado por la lluvia y su ropa sencilla mostraba que había venido directamente al saber que había rechazado el matrimonio.

La Elena de mi vida anterior habría corrido hacia él.

Habría pensado que finalmente le importaba.

La Elena que había muerto sola habría confundido preocupación con amor.

Pero yo ya había vivido esa historia.

Y sabía cómo terminaba.

—Porque no quiero casarme contigo —respondí.

Adrián quedó inmóvil.

—¿Eso es todo?

—Sí.

—¿Después de todos estos años?

Sonreí ligeramente.

—Precisamente por todos estos años.

Mi madre nos observaba confundida.

Ella no entendía por qué la hija que antes temblaba ante la idea del futuro ahora podía mirar a Adrián sin miedo.

Adrián dio un paso hacia mí.

—Elena, sabes que acepté porque…

Lo interrumpí.

—Porque me debías una deuda.

Su expresión cambió.

Silencio.

Había acertado.

—No quiero un esposo que solo esté conmigo porque siente que tiene una obligación.

Aquellas palabras parecieron golpearlo más fuerte de lo esperado.

—Nunca dije eso.

—No necesitabas decirlo.

Lo miré directamente.

—En el futuro, una deuda puede convertirse en una jaula.

Adrián frunció el ceño.

—No entiendo qué te ocurre.

Claro que no.

Porque él todavía no sabía que yo había pasado una vida entera esperando algo que nunca llegó.

—Solo entendí que una mujer no debería entregar toda su vida a alguien que no la elige.

Por primera vez, Adrián no tuvo respuesta.

Esa noche se marchó bajo la lluvia.

Pero yo sabía que aquel no era el final.

Porque el verdadero enemigo nunca había sido Adrián.

Era la familia que estaba preparando nuestra caída.

Durante los siguientes días trabajé con mi padre.

Le expliqué todo lo que sabía sin revelar la verdad de mi renacimiento.

Le dije qué documentos revisar.

Qué alianzas romper.

Qué nombres investigar.

Al principio dudó.

Pero cuando encontró pruebas de irregularidades dentro del clan, su expresión cambió.

—¿Cómo una joven como tú sabe estas cosas?

Bajé la mirada.

—Porque aprendí que ignorar las señales puede destruir una familia.

Mi padre guardó silencio.

Después puso su mano sobre mi cabeza.

—Tu madre siempre dijo que eras más fuerte de lo que aparentabas.

Cinco días después llegó la mañana que tanto temía.

Los guardias imperiales aparecieron frente a nuestra residencia.

En mi vida anterior, aquel sonido había anunciado nuestra destrucción.

Esta vez era diferente.

Mi padre salió al encuentro con documentos preparados.

El comandante imperial mostró la orden.

—Venimos a investigar las propiedades del clan.

Mi padre entregó una carpeta.

—Entonces primero deberán revisar esto.

Dentro estaban las pruebas de la corrupción de los verdaderos responsables.

Los guardias comenzaron a leer.

Poco a poco, sus expresiones cambiaron.

El hombre que había planeado nuestra caída no era mi padre.

Era el patriarca del clan.

Había utilizado nuestra familia como sacrificio para proteger sus propios crímenes.

El mismo hombre que en mi vida anterior había intentado entregarme a un anciano para salvarse.

Pero esta vez no tuvo oportunidad.

Los documentos fueron enviados al palacio.

Y la orden contra nuestra familia fue detenida.

Mi madre lloró cuando escuchó la noticia.

No eran lágrimas de miedo.

Eran lágrimas de alivio.

—Nos salvaste.

Negué con la cabeza.

—Nos salvamos juntos.

Pero todavía quedaba algo pendiente.

Adrián.

Volvió una semana después.

Esta vez no parecía confundido.

Parecía alguien que había estado pensando durante días.

—Hablé con mi familia.

No respondí.

—También hablé con Clara.

Mi corazón permaneció tranquilo.

—¿Y?

Adrián bajó la mirada.

—Ella nunca me vio como yo pensaba.

Lo observé en silencio.

—Nuestra familia decidió nuestro compromiso cuando éramos niños. Yo confundí costumbre con amor.

Aquella confesión me sorprendió.

Pero no me alegró.

Porque ya no necesitaba que él descubriera mi valor.

—Elena.

Me miró.

—¿Todavía me rechazas?

La pregunta era diferente.

Antes habría esperado que me eligiera.

Ahora ya me había elegido yo misma.

—Sí.

Adrián respiró profundamente.

—¿Por qué?

Miré hacia el jardín donde mi madre caminaba bajo el sol.

Donde mi padre reía nuevamente.

Donde mi familia seguía viva.

—Porque en mi vida no busco ser la segunda opción de nadie.

Adrián cerró los ojos.

Aceptó la respuesta.

—Entonces espero que algún día alguien pueda darte todo lo que mereces.

Sonreí.

—Yo también.

Pasaron los años.

Mi familia recuperó su posición.

Mi padre se convirtió en un consejero respetado.

Mi madre vivió muchos años más de los que yo había creído posible.

Y yo construí una vida completamente diferente.

Una vida donde no esperaba cartas que nunca llegaban.

Una vida donde no dependía del cariño de un hombre para saber mi valor.

Años después volví a encontrarme con Adrián.

Ya no era el joven que cargaba una deuda.

Era un hombre diferente.

Me saludó con respeto.

—Elena.

—Adrián.

Nos sonreímos.

Sin dolor.

Sin arrepentimiento.

Porque algunas personas llegan a nuestra vida para quedarse.

Y otras llegan para enseñarnos qué nunca debemos aceptar.

Cuando aquella noche abrí los ojos después de morir en mi primera vida, pensé que había recibido una segunda oportunidad para cambiar mi destino.

Pero estaba equivocada.

**No volví para conseguir el amor de Adrián.

Volví para aprender a amarme a mí misma antes de que alguien más pudiera decidir mi valor.**

Y esa fue la primera vez que realmente fui libre.

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