PARTE 2: LA MUJER QUE QUISO RECUPERAR A LUCAS PERDIÓ TODO CUANDO ÉL ELIGIÓ A SU ESPOSA

Después de aquella noche en la gala, pensé que Olivia Wen entendería la señal.

Me equivoqué.

Las personas acostumbradas a conseguir lo que quieren rara vez aceptan una derrota al primer intento.

Tres días después, Olivia apareció en una entrevista exclusiva hablando sobre su regreso al país.

El periodista le preguntó:

—Después de tantos años fuera, ¿hay algo que hayas dejado atrás y todavía quieras recuperar?

Olivia sonrió.

Una sonrisa perfectamente calculada.

—Algunas personas saben que ciertas conexiones nunca desaparecen.

No mencionó el nombre de Lucas.

No tuvo que hacerlo.

Todo el mundo entendió.

Las noticias de entretenimiento comenzaron a especular.

“El primer amor de Lucas Lu ha regresado”.

“¿Podrá un matrimonio de conveniencia sobrevivir al pasado?”

“¿La señora Lu perderá su lugar?”

Leí los titulares mientras desayunaba.

Lucas estaba sentado frente a mí revisando documentos.

Esperé que dijera algo.

No lo hizo.

—¿No vas a preguntar nada? —le dije.

Levantó la mirada.

—¿Sobre qué?

—Sobre Olivia.

Lucas volvió a mirar sus papeles.

—No tengo nada que preguntar.

—Ella parece bastante segura de que tiene una historia contigo.

Hubo un breve silencio.

Después dejó el documento sobre la mesa.

—Sienna.

Era la primera vez en mucho tiempo que usaba mi nombre con tanta seriedad.

—¿Sí?

—¿Tú también crees que porque alguien fue importante en mi pasado significa que todavía tiene un lugar en mi presente?

No respondí inmediatamente.

Porque esa pregunta no era realmente sobre Olivia.

Era sobre nosotros.

Nuestro matrimonio había comenzado como un acuerdo.

Una alianza entre familias.

Una relación donde ambos sabíamos exactamente qué esperar.

Pero quizás por eso dolía más.

Porque en algún momento había dejado de verlo solo como un socio.

Había empezado a notar sus pequeños detalles.

La taza de té que dejaba preparada cuando yo trabajaba hasta tarde.

La manera en que recordaba que odiaba el sonido de las tormentas.

El hecho de que nunca olvidaba una fecha importante, aunque fingiera que no le importaban.

—No lo sé —respondí finalmente.

Lucas me miró.

—Yo sí lo sé.

Y volvió a sus documentos.

Pero esas cuatro palabras se quedaron conmigo todo el día.

Esa misma semana ocurrió algo inesperado.

Mi abuela organizó una cena familiar.

Olivia también fue invitada.

A propósito.

Cuando llegamos, ella ya estaba allí.

Vestía un elegante vestido azul y llevaba una joya llamativa en el cuello.

Se levantó inmediatamente al vernos.

—Lucas.

No dijo mi nombre.

Lucas simplemente tomó mi mano.

Fue un gesto pequeño.

Pero todos lo notaron.

Olivia sonrió incómoda.

Durante la cena intentó varias veces recuperar la atención.

Habló de sus años en el extranjero.

De sus premios.

De sus proyectos.

Finalmente dejó la copa sobre la mesa.

—Lucas, ¿recuerdas aquella casa junto al lago?

La conversación se detuvo.

—Donde prometiste que algún día viviríamos.

Algunos familiares miraron hacia mí.

Esperaban una reacción.

Lucas permaneció tranquilo.

—Recuerdo muchas cosas de mi juventud.

Olivia sonrió.

—Pero esa especialmente.

Entonces Lucas hizo algo que nadie esperaba.

Tomó mi mano sobre la mesa.

—También recuerdo el día que Sienna aceptó casarse conmigo.

Olivia perdió la sonrisa.

—Fue una decisión familiar.

Lucas negó.

—Al principio.

Me miró.

—Pero después dejó de serlo.

Sentí que mi corazón se detenía por un segundo.

Porque Lucas Lu no era un hombre que hablara de sentimientos.

Nunca lo había hecho.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Olivia.

Lucas la miró directamente.

—Que hace tres años firmé un contrato.

Pausa.

—Pero hace mucho tiempo que elegí a mi esposa.

La habitación quedó en silencio.

Olivia apretó los labios.

—¿Estás diciendo que nunca me amaste?

Lucas respondió con calma.

—Estoy diciendo que lo que ocurrió entre nosotros pertenece al pasado.

Sus ojos se volvieron más fríos.

—Y mi esposa pertenece a mi presente.

Después de la cena, salimos al jardín.

Por primera vez caminamos sin guardaespaldas, sin familiares y sin conversaciones de negocios.

—¿Por qué hiciste eso? —pregunté.

Lucas me miró.

—¿Qué cosa?

—Defenderme.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—¿Acaso no debería hacerlo?

Bajé la mirada.

—Nuestro matrimonio empezó como un acuerdo.

—Sí.

—Entonces no entiendo cuándo cambió.

Lucas guardó silencio.

Luego dijo:

—Quizás cuando me di cuenta de que eras la única persona que no intentaba obtener nada de mí.

Lo miré.

—Lucas…

—Cuando todos veían mi apellido, mi dinero o mi posición, tú solo veías mis errores.

Sonrió ligeramente.

—Incluso eras capaz de decirme cuando estaba equivocado.

—Eso no es precisamente una cualidad romántica.

—Para mí sí.

Esa noche regresamos a casa.

Y por primera vez en tres años, Lucas no fue a su habitación.

Se quedó conmigo.

No pasó nada extraordinario.

Solo hablamos.

De cosas pequeñas.

De cosas que nunca habíamos compartido.

Y descubrí que el hombre que todos consideraban frío simplemente nunca había encontrado un lugar donde pudiera bajar la guardia.

Una semana después, Olivia anunció que abandonaría el país nuevamente.

Pero antes de irse, me pidió verme.

Acepté.

Nos encontramos en una cafetería.

Ella parecía diferente.

Más cansada.

Menos segura.

—Pensé que Lucas volvería conmigo.

—Lo sé.

—Porque durante años pensé que yo era la única persona que realmente lo conocía.

Tomé mi café.

—Quizás lo conocías antes.

Olivia levantó la mirada.

—¿Y tú?

Sonreí suavemente.

—Yo conocí al hombre que es ahora.

Ella guardó silencio.

Antes de irse dijo:

—Lo amas.

No era una pregunta.

Era una conclusión.

No respondí.

Porque por primera vez no tenía miedo de admitirlo.

Esa noche Lucas llegó tarde.

Dejó su chaqueta en la entrada.

—Sienna.

—¿Sí?

Se acercó y dejó una pequeña caja sobre la mesa.

La abrí.

Era una pulsera sencilla.

Sin diamantes exagerados.

Sin una marca famosa.

Solo una pieza elegante.

—¿Por qué me das esto?

Lucas respondió:

—Porque nuestra boda tuvo un anillo.

Sonrió.

—Pero nunca tuvo una promesa.

Mis ojos se humedecieron.

—Lucas…

—La primera vez dije que esperaba que nuestra cooperación fuera agradable.

Tomó mi mano.

—Ahora quiero decir algo diferente.

Esperé.

—Quiero pasar el resto de mi vida eligiéndote.

Durante años pensé que Olivia era la mujer que Lucas nunca había olvidado.

Pero estaba equivocada.

Ella era simplemente un capítulo de su historia.

Yo era la persona con la que había decidido escribir el siguiente.

Y esa fue la diferencia.

Porque algunas personas llegan primero.

Pero no siempre son las que se quedan.

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