Doña Elena recorrió con la mirada a cada una de las sirvientas.
Ninguna levantó la cabeza.
Su sonrisa regresó lentamente.
—¿Lo ves, hijo? —dijo con desprecio—. Nadie apoyará las mentiras de esa mujer.
Sofía apretó la mano de Alejandro.
—Vámonos de aquí —susurró—. No quiero que esto empeore.
Pero Alejandro permaneció inmóvil.
—No nos iremos sin conocer toda la verdad.
Entonces una voz temblorosa surgió desde el fondo del pasillo.
—Yo hablaré.
Todos se giraron.
Marta, la sirvienta más anciana de la casa, avanzó con un pequeño teléfono entre las manos.
Doña Elena palideció.
—Regresa a la cocina.
—No esta vez, señora.
Marta colocó el aparato sobre la mesa y reprodujo una grabación.
La voz de la matriarca llenó la sala.
—Cambia las vitaminas de Sofía por estas pastillas. El médico dirá que perdió al bebé por causas naturales.
Alejandro sintió que la sangre se le congelaba.
Sofía protegió su vientre instintivamente.
—¿Querías hacerle daño a nuestro hijo? —preguntó él.
—¡Esa grabación está manipulada! —gritó Elena.
Marta negó con lágrimas en los ojos.
—También tengo videos de las cámaras del pasillo.
Otras empleadas comenzaron a levantar la mirada.
Una de ellas dio un paso al frente.
—Yo vi cómo cambiaba los medicamentos.
Otra habló desde la puerta.
—Y me amenazó con despedir a mi esposo si decía algo.
El poder de Doña Elena se derrumbaba con cada testimonio.
Alejandro tomó el frasco que Marta había llevado y llamó a la policía.
—No puedes hacerme esto —dijo su madre—. Todo lo que tienes me pertenece.
—Mi esposa y mi hijo no son propiedades tuyas.
Elena soltó una risa amarga.
—Ese niño ni siquiera es tuyo.
El silencio cayó de golpe.
Sofía retrocedió, herida por la acusación.

—Eso es mentira.
La matriarca sacó una carpeta del cajón.
—Aquí está la prueba.
Alejandro abrió los documentos.
Era un supuesto análisis de ADN que afirmaba que él no podía ser el padre.
Sofía comenzó a llorar.
—Nunca me hicieron esa prueba.
Marta observó el sello del laboratorio.
—Ese documento también es falso. Yo vi al abogado traerlo ayer.
Alejandro rompió las hojas frente a su madre.
—Se terminó.
Pocos minutos después, los agentes entraron en la mansión. Encontraron medicamentos ocultos, documentos falsificados y transferencias al médico de la familia.
Mientras esposaban a Elena, ella miró a Sofía con odio.
—No sabes quién has metido realmente en esta familia.
Alejandro abrazó a su esposa.
—Ya no puede hacernos daño.
Pero Marta se acercó con una expresión preocupada.
—Señor Alejandro, todavía falta algo.
Le entregó una fotografía antigua.
En ella aparecía Doña Elena sosteniendo a dos recién nacidos frente al mismo hospital donde Alejandro había nacido.
En la parte posterior había una frase:
“Solo uno de los gemelos será criado como heredero.”
Alejandro miró a su madre mientras los agentes se la llevaban.
—¿Dónde está mi hermano?
La matriarca sonrió desde la puerta.
—Mucho más cerca de Sofía de lo que imaginas.