PARTE 2: MI EXESPOSO CREYÓ QUE HABÍA PERDIDO A UNA MUJER, PERO EL DÍA DE SU NUEVA BODA DESCUBRIÓ QUE YO HABÍA DESAPARECIDO PARA SIEMPRE

Su Wan levantó la mirada cuando me senté frente a ella.

Durante unos segundos ninguna de las dos habló.

Finalmente, ella sonrió.

—Jiang Wan. No esperaba que fueras tú quien quisiera verme.

—Yo tampoco esperaba que aceptaras tan rápido.

Su sonrisa desapareció ligeramente.

—¿Qué quieres?

Saqué el certificado de divorcio y lo coloqué sobre la mesa.

—Quería conocerte antes de irme.

Ella miró el documento.

—¿Irte?

—De Pekín.

Sus ojos cambiaron.

—¿Para siempre?

—Eso depende de lo que entiendas por siempre.

Su Wan permaneció en silencio.

Había imaginado muchas veces cómo sería conocer a la mujer que había ocupado mi lugar.

Pensé que sentiría rabia.

No fue así.

Solo sentí cansancio.

—Lu Jingshen te ama —dijo finalmente.

Me reí suavemente.

—¿Te lo dijo?

—No necesita decirlo.

—Entonces tienes mucha suerte.

Su Wan frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

Me levanté.

—Significa que ya no es mi problema.

Antes de marcharme, ella me detuvo.

—Jiang Wan.

Me giré.

—¿Por qué aceptaste divorciarte tan fácilmente?

La observé durante unos segundos.

—Porque nunca quise pasar mi vida rogándole a alguien que me eligiera.

Me fui.

Al día siguiente tomé el avión.

Mi teléfono quedó apagado durante todo el vuelo.

Cuando aterrizamos en Lisboa, cambié mi número, cerré mis antiguas cuentas personales y comencé la vida que había preparado en secreto durante meses.

Chu Nian me esperaba en el aeropuerto.

—Finalmente.

La abracé.

—Finalmente.

—¿Estás llorando?

Negué.

—No.

—Entonces ¿por qué tienes los ojos rojos?

—Porque llevaba tres años esperando este momento.

No volví a mirar atrás.

Durante los siguientes meses estudié, trabajé y construí una pequeña empresa de diseño de interiores.

Por primera vez, nadie me conocía como “la señora Lu”.

Yo era simplemente Jiang Wan.

Y eso me gustaba.

Mientras tanto, en Pekín, la vida de Lu Jingshen comenzó a cambiar de una manera que nadie esperaba.

Su Wan no recibió inmediatamente la boda que todos habían imaginado.

Porque después de nuestra conversación, comenzó a hacer preguntas.

Primero sobre el matrimonio.

Luego sobre las propiedades.

Después sobre las acciones.

Y finalmente sobre mí.

Una tarde entró en el despacho de Lu Jingshen.

—¿Dónde está Jiang Wan?

Él levantó la cabeza.

—¿Por qué preguntas?

—Quiero saber dónde vive.

—No lo sé.

—¿No lo sabes?

—Se fue al extranjero.

Su Wan se quedó inmóvil.

—¿A dónde?

—No me lo dijo.

Ella lo observó fijamente.

—¿Ni siquiera intentaste averiguarlo?

Lu Jingshen guardó silencio.

Su Wan sonrió con tristeza.

—Entonces realmente nunca la conociste.

Él levantó la mirada.

—¿Qué quieres decir?

—Que una mujer que estuvo casada contigo durante tres años desapareció de tu vida y ni siquiera sabes dónde está.

Se marchó.

Aquella noche, Lu Jingshen revisó por primera vez nuestras antiguas fotografías.

No recordaba haber tomado tantas.

Yo aparecía junto a él en cenas, viajes y reuniones familiares.

Siempre sonriendo.

Siempre a su lado.

Y entonces encontró una fotografía de su cumpleaños número veintisiete.

Su abuela todavía estaba viva.

En la imagen, ella tenía una mano sobre mi hombro.

Y detrás de la fotografía había una nota escrita a mano.

Lu Jingshen la leyó.

“Jingshen, algún día comprenderás por qué elegí a Wan.”

Se quedó completamente inmóvil.

Llamó a su madre.

—¿Qué quiso decir la abuela con esto?

Su madre tardó en responder.

—Tu abuela sabía que ibas a cometer el mismo error que tu padre.

—¿Qué error?

—Creer que el amor consiste en encontrar a alguien que te admire.

Silencio.

—¿Y Jiang Wan?

Su madre respiró profundamente.

—Tu abuela investigó a Wan durante casi un año antes de pedirte que te casaras con ella.

—¿Por qué?

—Porque sabía que era la única persona que no necesitaba nada de nuestra familia.

Lu Jingshen apretó el papel.

—¿Qué más sabes?

—Que tu abuela dejó algo para ti.

Aquella misma noche encontró una caja en la antigua habitación de su abuela.

Dentro había cartas.

La primera estaba fechada dos años antes de nuestra boda.

“Wan no sabe que la elegí. Tampoco sabe que su familia ayudó a salvar nuestra empresa hace años. Su padre rechazó cualquier recompensa. Ella heredó esa misma integridad.”

La siguiente carta lo golpeó todavía más.

“Si algún día Jingshen quiere divorciarse de ella, no lo detengas. Quiero que Wan sea libre de elegir a alguien que la valore.”

Lu Jingshen cerró los ojos.

Por primera vez comprendió que su abuela nunca había querido una esposa decorativa para él.

Había querido enseñarle algo.

Y él había tardado tres años en entenderlo.

Pero todavía había un último secreto.

En la última carta aparecía mi nombre junto a una cifra.

El abogado de la familia confirmó la información.

—La señora Lu dejó el treinta por ciento de sus acciones personales a Jiang Wan.

Lu Jingshen se quedó paralizado.

—¿Qué?

—La transferencia se activó automáticamente con el divorcio.

—¿Por qué no me lo dijeron?

—Porque su abuela ordenó que nadie interviniera.

Entonces apareció el verdadero motivo.

Mi abuela había conocido a la suya.

Años antes, ambas habían creado un fondo de inversión privado.

Cuando la familia Lu estuvo a punto de perder su principal negocio, mi familia proporcionó el capital inicial que permitió salvarlo.

La condición fue sencilla:

Nunca divulgarían el acuerdo.

Por eso las acciones estaban a mi nombre.

Por eso la familia Lu me había tratado como una esposa sin poder mientras yo era, técnicamente, una de las accionistas más importantes del grupo.

Y por eso mi exesposo acababa de descubrir que la mujer que había considerado reemplazable era ahora su socia.

Su Wan recibió la noticia al día siguiente.

En lugar de celebrarla, fue a verlo.

—¿Todavía quieres casarte conmigo?

Lu Jingshen la miró.

—No lo sé.

Ella cerró los ojos.

—Entonces ya tienes tu respuesta.

—Su Wan…

—No quiero ser la mujer que aparece después de otra.

Él no respondió.

Ella dejó el anillo sobre el escritorio.

—Te amé durante muchos años. Pero no quiero construir una relación sobre el arrepentimiento que sientes por haber perdido a alguien.

Se marchó.

La boda fue cancelada.

La noticia recorrió Pekín en cuestión de horas.

Pero yo no lo supe.

Estaba en Lisboa, inaugurando mi primer proyecto.

Tres meses después recibí una carta.

No venía de Lu Jingshen.

Venía del abogado de su abuela.

Dentro había una sola frase:

“Ella siempre quiso que fueras libre.”

Sonreí.

No respondí.

Un año después regresé a Pekín por negocios.

No llamé a nadie.

Durante una reunión en un hotel, escuché una voz detrás de mí.

—Jiang Wan.

Me giré.

Lu Jingshen estaba allí.

Había cambiado.

No llevaba la expresión arrogante de antes.

Parecía más tranquilo.

—Cuánto tiempo.

—Un año y cuatro meses.

Él sonrió.

—Sigues contando.

—Los números son útiles.

—¿Puedo invitarte a cenar?

—No.

La respuesta salió tan rápido que ambos nos reímos.

—Está bien —dijo.

Hizo una pausa.

—¿Podemos tomar un café?

Lo pensé.

—Uno.

Nos sentamos en una cafetería cercana.

Durante varios minutos hablamos de cosas insignificantes.

Hasta que finalmente dijo:

—Lo siento.

No bajé la mirada.

—Lo sé.

—No espero que regreses.

—Eso es bueno.

Sonrió débilmente.

—Mi abuela tenía razón sobre ti.

—¿Sobre qué?

—Que nunca necesitaste nuestra familia.

Lo miré.

—No.

—Y yo fui demasiado ciego para verlo.

—Sí.

No intentó justificarse.

Eso fue lo que más me sorprendió.

Después de unos segundos, preguntó:

—¿Eres feliz?

Miré por la ventana.

Pensé en Lisboa.

En mi trabajo.

En las personas que había conocido.

En la mujer que era ahora.

—Sí.

Su expresión se suavizó.

—Me alegra.

Se levantó.

—Entonces no te molestaré más.

Antes de irse, dejó una pequeña caja sobre la mesa.

—¿Qué es?

—Algo que pertenecía a mi abuela.

La abrí.

Era un viejo broche de jade.

Recordé haberlo visto una vez durante nuestra boda.

—Ella quería que lo tuvieras.

—¿Por qué?

—Porque dijo que algún día entenderías que no necesitabas llevar el apellido Lu para pertenecer a esa familia.

Lo miré.

—Ya no pertenezco a ella.

—Lo sé.

Sonrió.

—Por eso te lo dejó.

Se fue.

No lo seguí.

No lo llamé.

Pero aquella noche, mientras guardaba el broche en mi equipaje, comprendí que algunas historias no terminan cuando dos personas dejan de amarse.

Terminan cuando una persona finalmente deja de esperar ser elegida.

Yo había sido la esposa de Lu Jingshen.

Después fui su exesposa.

Pero aquella nunca fue mi verdadera identidad.

Mi verdadero comienzo ocurrió el día que firmé aquel divorcio.

Porque mientras él pensaba que estaba perdiendo a una mujer que podía reemplazar…

yo estaba dejando atrás una vida que nunca había sido realmente mía.

Y cuando, años después, alguien me preguntó si alguna vez me arrepentí de haberme divorciado del heredero más poderoso de Pekín, simplemente sonreí.

—No.

Porque Lu Jingshen perdió una esposa.

Su familia perdió a la mujer que mantenía unido un secreto de generaciones.

Pero yo…

yo recuperé mi propia vida.

Y esa fue la única herencia que jamás permitiría que nadie volviera a quitarme.

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