PARTE 2: MI ESPOSO CAMBIÓ A NUESTRA HIJA POR EL BEBÉ DE SU PRIMER AMOR, PERO EL HOSPITAL DESCUBRIÓ SU MENTIRA DELANTE DE TODOS

No dije nada.

Sostuve a la hija de Olivia contra mi pecho mientras Isabella continuaba llorando al otro lado de la habitación.

Edward me observaba.

—¿Por qué estás tan callada?

Bajé la mirada hacia la bebé que tenía en brazos.

—Estoy cansada.

—Entonces descansa.

Sonreí débilmente.

—Eso haré.

Pero mi mente ya estaba trabajando.

Me acerqué a la cuna.

—Edward, ¿puedes dejarme ver la pulsera?

—¿Para qué?

—Quiero comprobar que todo esté bien.

Él frunció el ceño.

—Ya lo revisaron las enfermeras.

—Claro.

No insistí.

Porque ya había visto suficiente.

Las pulseras habían sido intercambiadas deliberadamente.

Y alguien había cambiado las mantas.

Pero necesitaba algo más que una sospecha.

Necesitaba pruebas.

Salí de la habitación con la bebé en brazos.

—¿Adónde vas? —preguntó Edward.

—A pedir ayuda con la alimentación.

Caminé hasta el control de enfermería.

La enfermera de turno levantó la mirada.

—¿Necesita algo?

—Sí. Creo que hubo un error con las identificaciones de las bebés.

Su expresión cambió inmediatamente.

—¿Qué clase de error?

Le mostré la pulsera.

—Esta no corresponde con la bebé que estaba en la cuna de mi habitación.

La enfermera tomó el número.

Después miró el expediente.

Se quedó completamente quieta.

—Espere aquí.

Dos minutos después apareció la supervisora.

—Señora Grant, ¿quién le entregó esta bebé?

—Mi esposo.

—¿Y dónde estaba la otra bebé?

—En mi habitación.

La supervisora llamó inmediatamente a seguridad.

No hubo gritos.

No hubo acusaciones.

Solo un procedimiento rápido.

Las dos bebés fueron llevadas al área neonatal para verificar sus identidades.

Edward apareció detrás de nosotros.

—¿Qué está pasando?

La supervisora lo miró.

—Estamos investigando una discrepancia en las identificaciones.

—No hay ninguna discrepancia.

—Eso lo determinarán nuestros registros.

Olivia llegó corriendo.

—¡Mi hija!

Cuando vio a la supervisora sosteniendo ambas pulseras, se quedó blanca.

Edward la miró.

—¿Qué hiciste?

Olivia negó con la cabeza.

—Yo no hice nada.

Pero entonces ocurrió algo que ninguno de los dos esperaba.

La enfermera regresó con los resultados.

—Las identificaciones originales confirman que la bebé que estaba en la cuna de la señora Grant es su hija biológica.

Edward se quedó inmóvil.

—¿Qué?

La supervisora señaló el segundo brazalete.

—Y esta otra bebé pertenece a la señora Lane.

Olivia empezó a llorar.

—Fue un error.

Yo la miré.

—No.

Saqué mi teléfono.

—El error fue intercambiar las pulseras después de que fueran colocadas.

Le mostré una fotografía que había tomado aquella mañana.

En ella aparecía Isabella con su pulsera original.

La fecha y hora estaban registradas.

Edward palideció.

—¿Me estabas grabando?

—No.

Guardé el teléfono.

—Estaba protegiendo a mi hija.

Entonces llegó la policía del hospital.

Y con ellos, una noticia todavía más grave.

La supervisora tenía en sus manos el registro de seguridad.

—Tenemos imágenes de las cámaras del pasillo.

Las reprodujo.

En la pantalla apareció Olivia entrando a mi habitación.

Después se vio a Edward cerrando la puerta.

Y unos minutos más tarde, ambos salieron con las dos bebés.

El silencio fue absoluto.

Edward comenzó a hablar.

—Yo no sabía que…

Lo interrumpí.

—Sabías que estabas cambiando a las niñas.

—Pensé que era temporal.

—¿Temporal?

Mi voz tembló por primera vez.

—¿Qué significa temporal cuando estás hablando de la identidad de una recién nacida?

Olivia comenzó a llorar.

—Edward me prometió que la cuidaríamos juntos.

Lo miré.

—¿Le prometiste criar a mi hija?

Edward bajó la mirada.

Y entonces llegó el último golpe.

Un detective recibió un documento del departamento jurídico del hospital.

—Señor Grant, también encontramos una solicitud presentada ayer.

—¿Qué solicitud?

—Un cambio de identificación de la recién nacida y una modificación de los registros de nacimiento.

Sentí que se me helaba la sangre.

Edward había intentado oficialmente convertir a la hija de Olivia en Isabella Grant.

Y cambiar la identidad de mi hija.

El detective continuó:

—La solicitud fue presentada utilizando sus credenciales.

Edward retrocedió.

—Eso no es posible.

—Sí lo es.

Miré el certificado de nacimiento que todavía llevaba conmigo.

El nombre Isabella Grant.

El nombre que él había elegido.

Ahora entendía por qué había insistido tanto.

No era un simple recuerdo.

Era parte del plan.

Quería convertir a la hija de Olivia en mi hija legal y desplazar a Isabella de su propia identidad.

Edward se acercó.

—Emma, escúchame.

—No vuelvas a llamarme así como si todavía fuéramos una familia.

—Yo amo a esa niña.

—No es tu hija.

—¡Pero necesita un padre!

Miré a Isabella.

—Tu propia hija también necesitaba uno.

Edward se quedó sin palabras.

Olivia fue detenida por su participación en la alteración de los registros.

Edward quedó bajo investigación mientras el hospital preservaba todas las pruebas.

Horas después, Parker llegó.

Esta vez no tuve que pedirle que esperara.

Le entregué el certificado.

—Quiero que presentes el divorcio.

Él asintió.

—Ya preparé todo.

Miré a mi hija.

—Y quiero que Isabella conserve su nombre.

Parker sonrió.

—Eso nunca estuvo en duda.

Tres meses después, Edward perdió la posibilidad de acercarse a Olivia y quedó sujeto a las decisiones judiciales relacionadas con Isabella.

El divorcio fue definitivo.

No recibí una disculpa que pudiera reparar aquellos días.

Pero tampoco la necesitaba.

Una tarde, mientras sostenía a Isabella junto a la ventana de nuestra nueva casa, observé su pequeña mano cerrarse alrededor de mi dedo.

—Tú eres Isabella —susurré—. Y nadie volverá a decidir quién eres.

Ella abrió los ojos.

Por primera vez en semanas, sentí paz.

El nombre que Edward había usado para construir una mentira terminó convirtiéndose en algo diferente.

Una promesa.

**Isabella no sería el recuerdo de un amor ajeno.

Sería simplemente mi hija.

Y su vida comenzaría con su propia historia.**

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