PARTE 2: LA CENA QUE REVELÓ AL VERDADERO CULPABLE

Carlos tomó la cuchara, pero Elena le sujetó la muñeca antes de que pudiera acercarla al plato.

—No lo comas.

Su voz salió con una firmeza que ninguno de los hermanos esperaba.

Fernando sonrió satisfecho.

—Entonces admites que está envenenado.

—Admito que preparé exactamente lo que tú me ordenaste preparar.

El rostro de Fernando cambió por un instante.

Carlos dejó la cuchara sobre la mesa.

—¿Qué significa eso?

Elena respiró profundamente y sacó de su delantal una pequeña grabadora.

Presionó un botón.

La voz de Fernando llenó el comedor.

—Mañana cocinarás los hongos que guardé en el armario. Si mi hermano viene, servirás el mismo plato para los dos.

Carlos se quedó inmóvil.

La grabación continuó.

—Cuando la policía llegue, dirás que confundiste los ingredientes. Nadie sospechará de mí.

Fernando se lanzó hacia ella, pero Carlos lo empujó contra la mesa.

Los platos cayeron al suelo y se rompieron con estrépito.

—¿Querías matarnos? —preguntó Carlos.

Fernando se limpió la sangre del labio y comenzó a reír.

—Ella está manipulando la grabación.

Elena negó con la cabeza.

—También tengo los mensajes, las compras y las fotografías del armario.

Durante semanas, Fernando había llevado sustancias extrañas a la casa y la obligaba a cocinar bajo amenazas. Quería deshacerse de Carlos para quedarse con su parte de la empresa familiar.

Elena también debía morir.

Así, Fernando podría afirmar que su esposa había cometido un acto desesperado después de años de problemas emocionales.

—Por eso estabas temblando —comprendió Carlos.

—No sabía cómo advertirte sin que él lo notara.

Fernando aprovechó la distracción y corrió hacia la puerta.

Pero antes de alcanzarla, varias luces iluminaron las ventanas.

La policía rodeaba la vivienda.

Elena había enviado la grabación a una agente antes de comenzar la cena.

Dos oficiales entraron y ordenaron a Fernando levantar las manos.

—Todo esto es una trampa —gritó él—. ¡Ella preparó el plato!

Uno de los agentes recogió cuidadosamente una muestra de la comida.

—El laboratorio determinará qué contiene.

Fernando miró a Elena con odio.

—Sin mí no tienes nada.

Ella dio un paso hacia él.

—Durante años me hiciste creer eso.

Señaló la grabadora.

—Pero cada amenaza tuya me dio una prueba más.

Cuando los policías se lo llevaron, Carlos se acercó a Elena.

—¿Por qué no me dijiste nada antes?

—Porque no sabía si venías a salvarme o a ocupar su lugar.

Aquella respuesta lo dejó sin palabras.

Carlos había visto el sufrimiento de Elena durante años, pero siempre había esperado demasiado para intervenir.

—Tienes razón —admitió—. Debí ayudarte antes.

Elena miró la comida derramada sobre el suelo.

—Esta noche no necesito otro hombre que decida por mí. Necesito recuperar mi vida.

Carlos asintió y se apartó de la puerta.

Horas después, la policía confirmó que el plato contenía una sustancia peligrosa mezclada con las verduras.

También encontraron documentos falsificados en el despacho de Fernando. Había modificado el testamento de su padre y preparado pólizas de seguro a nombre de Elena y Carlos.

Todo estaba planeado desde hacía meses.

Sin embargo, cuando Elena creyó que finalmente podía respirar tranquila, uno de los agentes encontró algo dentro del armario.

Era una segunda grabadora.

En ella se escuchaba la voz de una mujer desconocida dando instrucciones a Fernando.

—Cuando los dos hermanos hayan desaparecido, Elena cargará con la culpa. Después, toda la empresa será nuestra.

Carlos miró a Elena.

—¿Reconoces esa voz?

Ella palideció.

La había escuchado durante toda su infancia.

—Es mi madre.

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