Mauricio sintió que el aire desaparecía del cuarto de monitoreo.
—¿Encerrarlas? —susurró.
Iván pausó la grabación.
—Señor, esto no es una discusión familiar.
—Lo sé.
Mauricio salió por la puerta del personal.
Cuando entró a la cocina, Verónica se quedó paralizada.
—¿No estabas en Houston?
—Eso creías.
Regina corrió hacia él.
Paula se aferró a sus piernas.
—Papá…
Mauricio se arrodilló.
—Estoy aquí.
Entonces miró a Elena.
—Nadie se va de esta casa hasta que sepamos toda la verdad.
Verónica intentó sonreír.
—Mauricio, estás exagerando. Las niñas inventan cosas.
—Mis cámaras no inventan.
El rostro de Verónica perdió color.
—¿Cámaras?
—Grabaron todo lo que dijiste.
Ella retrocedió.
—Eso no prueba que yo…
Mauricio levantó una mano.
—No necesito escucharte mentir.
Iván apareció detrás de él con el abogado de la familia.
Pero antes de que pudiera explicar nada, Paula señaló una pequeña cámara instalada cerca del pasillo.
—Papá, ahí está el sobre.
Mauricio se acercó.
Detrás de la cámara había un sobre amarillento.
Tenía escrito un apellido.
**Salcedo.
Y una fecha de diez años atrás.**
Mauricio se quedó inmóvil.
La fecha correspondía a la semana en que Patricia, su esposa, había muerto.

Abrió el sobre con manos temblorosas.
Dentro había una carta.
La letra era de Patricia.
“Si algún día Mauricio encuentra esto, significa que finalmente alguien descubrió la verdad.”
Mauricio dejó de respirar.
Patricia explicaba que había sospechado que alguien de la familia estaba manipulando las cuentas y utilizando a una empleada como culpable.
Pero había una frase que lo golpeó todavía más:
“Si me pasa algo, protege a las niñas de Verónica.”
Mauricio levantó lentamente la mirada.
—¿Verónica?
Elena comenzó a llorar.
—Patricia me pidió que guardara esa carta. Nunca tuve valor para entregársela.
Verónica retrocedió hacia la puerta.
—Eso es absurdo.
Mauricio reprodujo otra grabación.
En ella aparecía Verónica hablando con un hombre desconocido.
—Cuando Mauricio se case conmigo, las acciones pasarán a control familiar. Solo necesito que Elena desaparezca y que las niñas dejen de hablar.
Mauricio sintió una furia fría.
—¿Quién es él?
Iván respondió:
—Ya estamos identificándolo.
Verónica corrió hacia la salida.
Los guardias la detuvieron.
—¡Mauricio, escúchame!
Él abrazó a sus hijas.
—Durante años pensé que estaba protegiéndolas.
Miró a Elena.
—Pero tú eras quien las protegía.
Elena negó con la cabeza.
—Solo cumplía la promesa que le hice a Patricia.
Mauricio volvió a mirar la carta.
Ahora entendía por qué aquel sobre había permanecido escondido durante diez años.
Patricia no había muerto dejando solamente dos hijas.
Había dejado una advertencia.
Y esa noche, finalmente, él había decidido escucharla.
**La boda con Verónica quedó cancelada.
Y la investigación que comenzó aquella madrugada revelaría que la traición había empezado mucho antes de que Mauricio conociera su nombre.**