PARTE 2
La extraña mujer apenas había avanzado unos metros cuando Carlos soltó una carcajada llena de desprecio.
—¿El dueño del hotel? Señora, deje de hacer el ridículo antes de que seguridad la saque por la fuerza.
Algunos invitados se rieron.
La mujer se detuvo.
Yuyu también.
El perro giró la cabeza hacia Carlos y comenzó a gruñir con una intensidad inquietante.
—No deberías burlarte de aquello que no comprendes —respondió ella.
El gerente del hotel apareció acompañado por cuatro guardias.
Era Esteban Robles, un hombre elegante que había supervisado personalmente cada detalle de la boda.
—Lamento profundamente este incidente —dijo a los novios—. Retiraremos inmediatamente a la mujer y al animal.
Cuando Esteban intentó sujetar la correa, Yuyu retrocedió y ladró con furia.
La mujer sonrió.
—Qué extraño. Hace ocho años corrías a acariciarlo cada vez que el señor Ramiro llegaba al hotel.
El rostro del gerente cambió.
—No sé de qué está hablando.
—Claro que lo sabes.
La mujer se arrodilló junto al perro y abrió una pequeña placa dorada escondida bajo su collar.
Dentro había una llave diminuta y una tarjeta de memoria.
Los invitados comenzaron a acercarse.
Carlos dejó de sonreír.
—Mi nombre es Teresa Salgado —anunció la mujer—. Fui la cuidadora personal de Ramiro Alcázar, fundador de este hotel.
Un anciano sentado entre los invitados se levantó sorprendido.
—Yo conocí al señor Alcázar. Ese perro siempre estaba con él.
Teresa asintió.
—Cuando Ramiro enfermó, descubrió que alguien falsificaba sus firmas para apoderarse de todas sus propiedades. Antes de morir, escondió las pruebas en el collar de Yuyu.
Esteban palideció.
—Eso es absurdo.
Teresa entregó la tarjeta al técnico encargado de las pantallas del salón.
—Reprodúcela.
El gerente intentó detenerlo, pero los guardias ya dudaban de sus órdenes.
La pantalla principal se encendió.
Apareció Ramiro Alcázar sentado en su despacho.
A su lado estaba Yuyu.
—Si están viendo esta grabación —decía el anciano—, significa que Esteban Robles ha intentado quedarse con mi hotel.
Un murmullo sacudió el salón.
La grabación mostraba contratos falsificados, transferencias ilegales y conversaciones secretas entre Esteban y Carlos.
La novia se volvió lentamente hacia su futuro esposo.
—¿Tú conocías al gerente?
Carlos tragó saliva.
—Puedo explicarlo.
En la pantalla apareció un documento más.
Carlos había aceptado celebrar la boda gratuitamente a cambio de ayudar a Esteban a vender el hotel después de la muerte de Ramiro.
La novia se quitó el anillo.
—Nuestra boda era parte de una estafa.
—No es lo que parece —suplicó Carlos.
Teresa colocó la pequeña llave sobre la mesa de honor.
—Esta abre la caja fuerte privada del fundador. Dentro está su testamento verdadero.

Dos policías entraron al salón acompañados por un notario.
Esteban intentó escapar por la cocina, pero Yuyu corrió detrás de él y bloqueó la puerta.
El gerente cayó al suelo.
Los agentes lo esposaron frente a todos.
Carlos también fue detenido mientras su propia familia evitaba mirarlo.
El notario abrió el documento recuperado de la caja fuerte.
—El señor Ramiro Alcázar dejó el hotel a una fundación dedicada al rescate de animales abandonados.
Teresa acarició a Yuyu con ternura.
—Él no es el dueño legal del hotel. Pero sin él, los verdaderos herederos nunca habrían recibido nada.
La novia contempló el salón destruido, los invitados murmurando y a Carlos esposado junto al altar.
Creía que aquel perro había arruinado su boda.
En realidad, la había salvado de casarse con un delincuente.
Antes de abandonar el hotel, Teresa miró la mesa donde Yuyu había devorado los filetes.
—Ramiro siempre decía que este lugar pertenecía a quienes demostraran lealtad.
Entonces Yuyu se acercó a la novia y dejó a sus pies un sobre que había sacado de debajo de la mesa.
Dentro había una fotografía de Carlos besando a otra mujer.
En el reverso aparecía escrita una fecha.
Era la noche anterior a la boda.