Sofía permaneció inmóvil con el teléfono todavía en la mano.
La llamada había terminado, pero aquella voz seguía resonando en su cabeza.
Respiró hondo e intentó convencerse de que todo era un simple intento de intimidarla.
—Nadie puede detenerme ahora —murmuró.
Sacó el dispositivo de almacenamiento de su abrigo y conectó la memoria al ordenador.
Solo faltaba enviar el correo anónimo.
En ese instante, la pantalla volvió a apagarse por unos segundos.
Cuando se iluminó otra vez, apareció un nuevo mensaje.
“Mira detrás de ti.”

El corazón de Sofía estuvo a punto de detenerse.
Giró bruscamente.
No había nadie.
Solo el enorme ventanal reflejando la oficina vacía.
Entonces escuchó un leve aplauso.
Una figura salió lentamente de la sala de reuniones.
Era Wang.
Su expresión permanecía serena.
—Sabía que vendrías esta noche.
Sofía dio un paso atrás.
—¿Cómo… cómo entraste aquí?
Wang dejó una carpeta sobre el escritorio.
—Porque nunca me fui.
Durante semanas había sospechado que alguien estaba robando información confidencial.
Por eso había instalado un sistema interno que registraba cada acceso a los archivos estratégicos.
Abrió la carpeta.
Dentro había fotografías, registros electrónicos y grabaciones de seguridad.
Todas demostraban que Sofía había copiado documentos reservados en varias ocasiones.
Ella sintió que el mundo se derrumbaba.
—No… eso no prueba que quisiera perjudicarte.
Wang negó lentamente con la cabeza.
—Tienes razón.
Sacó entonces otro sobre mucho más pequeño.
—Esto sí.
Dentro había una copia del contrato firmado entre Sofía y la empresa competidora.
A cambio del sabotaje, recibiría el cargo de subdirectora y una enorme suma de dinero.
Las manos de Sofía comenzaron a temblar.
—¿Quién te entregó todo eso?
Wang sonrió por primera vez.
—La misma persona que te llamó hace unos minutos.
Antes de que pudiera hacer otra pregunta, la puerta de la oficina se abrió.
Entró el presidente de la compañía acompañado por el director jurídico y dos auditores.
El presidente observó a Sofía con profunda decepción.
—No enviamos ese mensaje para salvar a Wang.
Hizo una breve pausa.
—Lo hicimos para descubrir hasta dónde eras capaz de llegar.
Sofía comprendió que todo había sido una prueba cuidadosamente preparada.
Cada uno de sus movimientos había quedado registrado.
Cuando intentó escapar, los auditores le bloquearon el paso.
El presidente tomó el dispositivo de almacenamiento y dijo con absoluta frialdad:
—La reunión de mañana ya no decidirá quién será el nuevo subdirector.
Miró directamente a Wang.
—Decidirá quién ocupará el puesto de director general… porque esta misma noche alguien ha demostrado que no merece volver a trabajar en esta empresa.
Sofía bajó lentamente la mirada.
Pero justo cuando los agentes de seguridad estaban a punto de escoltarla fuera del edificio, recibió un mensaje en su teléfono.
“No digas una sola palabra. Si hablas, publicaremos el verdadero secreto de Wang.”
Al leer aquellas palabras, comprendió que ella nunca había sido la mente detrás de la conspiración… sino apenas la primera pieza de un juego mucho más peligroso.