Los golpes contra la puerta volvieron a sacudir la suite.
—¡Señor Castile! ¡Abra inmediatamente!
Khloé apenas podía respirar.
Dominic la miró fijamente.
—Escúchame. No tienes que inventar una historia complicada. Solo di que llegaste aquí alrededor de las tres de la mañana y que me encontraste dormido.
—Pero tú dijiste que querías que mintiera.
—Quería ganar tiempo.
Dante apareció junto a la puerta.
—Jefe, tenemos treinta segundos.
Dominic tomó una decisión.
—Khloé, ¿puedes mantener la calma?
Ella lo miró con incredulidad.
—¡Hay policías afuera y un hombre muerto dos pisos abajo!
—Precisamente por eso.
Dominic abrió la puerta.
Tres agentes entraron inmediatamente.
Uno de ellos mostró su placa.
—Dominic Castile, necesitamos hacerle unas preguntas.
—Por supuesto.
El detective miró hacia la cama.
—¿Quién es ella?
Khloé tragó saliva.
Dominic no respondió.
El detective volvió a mirarla.
—Señorita, ¿su nombre?
—Khloé Henderson.
—¿Qué hace aquí?
Ella respiró profundamente.
—Soy coordinadora de eventos. Me asignaron la habitación 414.
El detective levantó una ceja.
—Pero esta es la 412.
—Lo sé ahora.
Dante intervino.
—La recepción codificó mal su tarjeta.
El detective tomó la funda de cartón.
La examinó.
—¿Y usted pasó la noche aquí?
Khloé miró a Dominic.
Él permanecía inmóvil.
Entonces comprendió algo.
Si Dominic quería una coartada, necesitaba saber primero si ella era capaz de sostener una mentira.
Khloé respondió:
—Sí.
El detective se acercó.
—¿Desde qué hora?
—Aproximadamente las dos cuarenta y cinco.
—¿Y qué hizo después?
Khloé sintió que el corazón le golpeaba las costillas.
—Me dormí.
—¿Sola?
Ella miró a Dominic.
—Sí.
El detective se quedó callado.
Dominic también.
Entonces el detective sonrió ligeramente.
—Eso contradice la versión del señor Castile.
Khloé sintió que la sangre abandonaba su rostro.
Dominic levantó la mirada.
—¿Qué versión?
—Que estuvo acompañado toda la noche.
Silencio.
El detective sacó una fotografía.
—Tenemos imágenes del pasillo.
Mostró una captura de las cámaras de seguridad.
Dominic aparecía entrando en la suite a las 2:51.
Pero no había nadie más.
—La señorita Henderson entró a las 2:47 —continuó el detective—. Usted entró cuatro minutos después.
Khloé miró a Dominic.
Él parecía sorprendido.
Por primera vez, ella comprendió que Dominic tampoco sabía qué había ocurrido aquella noche.
El detective guardó la fotografía.
—¿Quiere explicarlo?
Dominic no respondió.
Khloé sí.
—Sí.
Todos la miraron.
—Yo entré primero.
El detective asintió.
—Continúe.
—Me quedé dormida.
—¿Y él?
Khloé miró a Dominic.
—No lo sé.
El detective frunció el ceño.
—¿No sabe si este hombre estuvo en la habitación?
—Cuando desperté, estaba aquí.
No era exactamente una mentira.
Y Dominic lo sabía.
El detective recibió una llamada por radio.
Escuchó durante unos segundos.
Su expresión cambió.
—Señor Castile, tendrá que acompañarnos.
Dos agentes se acercaron.
Dominic levantó lentamente las manos.
Antes de salir, miró a Khloé.
—Gracias.
Ella no respondió.
Tres horas después, Khloé estaba sentada en una cafetería frente al hotel.
No había dormido.
No entendía por qué seguía pensando en Dominic.
No por miedo.
Por una razón mucho más extraña.
Había algo en aquella investigación que no encajaba.
Sacó su teléfono.
Abrió las fotografías de la gala de la noche anterior.
Revisó una por una.
Entonces se detuvo.
En una fotografía tomada cerca del salón principal aparecía Vincent Moretti.
Detrás de él había un hombre.
Khloé amplió la imagen.
Se quedó helada.
Era el mismo hombre que había visto hablando con Dominic la noche anterior.
Pero había algo peor.
El hombre llevaba una credencial de la empresa que había organizado la gala.
Khloé llamó inmediatamente a su jefe.
—Necesito saber quién es el hombre que estaba encargado de seguridad anoche.
—¿Por qué?
—Solo dime su nombre.
Hubo una pausa.
—Marcus Bell.
Khloé cerró los ojos.
Recordó algo.
A las 2:20 de la mañana, Marcus había discutido con Vincent Moretti cerca del ascensor.
Ella lo había visto.
Y también había visto a Marcus entregarle algo.
Una pequeña tarjeta negra.
Khloé sintió un escalofrío.
Mientras tanto, en la comisaría, Dominic estaba sentado frente al detective.
—¿Dónde estaba a las 3:15?
—En mi habitación.
—¿Solo?
Dominic sonrió.
—Eso depende de a quién le pregunte.
El detective golpeó una carpeta contra la mesa.
—Vincent Moretti estaba a punto de revelar información sobre su organización.
—No trabajo para Moretti.
—Pero lo conocía.
—Todo Chicago lo conocía.
El detective se inclinó hacia delante.
—Tenemos un testigo que afirma haberlo visto discutir con él.
Dominic guardó silencio.
Entonces la puerta se abrió.
Un agente entró rápidamente.
—Detective, encontramos algo.
Le entregó una bolsa de evidencia.
Dentro había una tarjeta negra.
El detective la observó.
—¿Dónde estaba?
—En el coche de Moretti.
Dominic la reconoció.
Era idéntica a la que había visto Marcus entregarle.
El detective levantó la mirada.
—¿La reconoce?
Dominic respondió:
—Sí.
—¿De quién es?
Dominic tardó un segundo.
—De una empresa de seguridad.
El detective abrió otro documento.
—¿Cuál?
Dominic leyó el nombre.
Su expresión cambió.
—Blackstone Protection.
—¿La conoce?
Dominic negó lentamente.
—Pero conozco a su propietario.
—¿Quién?
Dominic miró al detective.
—Marcus Bell.
Khloé llegó a la comisaría una hora después.
Pidió hablar con el detective.
Cuando entró, Dominic levantó la mirada.
—¿Qué haces aquí?
—Encontré algo.
El detective la dejó hablar.
Khloé explicó lo ocurrido durante la gala.
La discusión.
La tarjeta.
Marcus.
La fotografía.
El detective escuchó en silencio.
Después hizo una pregunta:
—¿Está segura?
Khloé asintió.
—Completamente.
Dominic se levantó.
—Entonces ya sé quién mató a Moretti.
El detective lo miró.
—Todavía no tenemos pruebas.
—Las tendrán.
Dominic miró a Khloé.
—Porque Marcus no cometió un asesinato para protegerme.
Khloé entendió inmediatamente.
—Lo hizo para incriminarte.
Dominic asintió.
—Exactamente.

Pero había un último detalle.
La policía revisó las cámaras del hotel.
A las 3:02 de la mañana, Marcus apareció entrando al piso donde estaba Moretti.
A las 3:17 salió.
Y a las 3:19 llamó a Dominic.
El detective reprodujo la grabación.
Dominic cerró los ojos.
—Esa llamada fue para decirme que Moretti estaba muerto.
Khloé lo miró.
—¿Por qué no se lo dijiste a la policía?
—Porque sabía que parecería culpable.
El detective recibió otra llamada.
Después de unos segundos, colgó.
—Encontramos a Marcus.
Todos quedaron inmóviles.
—¿Dónde?
—En el aeropuerto.
Marcus intentó escapar, pero fue detenido antes de subir al avión.
Durante el interrogatorio, negó todo.
Hasta que los investigadores encontraron la grabación de una cámara privada.
La imagen mostraba a Marcus entrando en la habitación de Moretti.
Y saliendo con la misma chaqueta que llevaba durante la gala.
La investigación terminó revelando que Marcus había estado trabajando para Moretti y para un grupo rival al mismo tiempo.
Había organizado el asesinato para eliminar a Moretti y hacer que Dominic pareciera responsable.
Pero no había contado con un detalle.
Una tarjeta equivocada había puesto a Khloé en la habitación de Dominic.
Y esa coincidencia había destruido su plan perfecto.
Dos días después, Dominic salió de la comisaría.
Khloé lo esperaba afuera.
Él se acercó.
—No tenías que venir.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué estás aquí?
Khloé sonrió ligeramente.
—Porque quiero hacerte una pregunta.
Dominic levantó una ceja.
—Adelante.
—¿Por qué me protegiste?
Dominic guardó silencio.
—Podrías haber dejado que la policía me llevara como testigo.
—Porque no quería que alguien inocente pagara por una guerra que no era suya.
Khloé lo observó.
—Eso no parece algo que haría el hombre que describen los periódicos.
Dominic sonrió.
—Los periódicos no me conocen.
—¿Y quién te conoce?
Dominic la miró directamente.
—Muy pocas personas.
Khloé esperaba que se marchara.
Pero él sacó un documento de una carpeta.
Se lo entregó.
—Tengo una oferta para ti.
Khloé lo abrió.
Era un contrato.
—¿Qué es esto?
—Quiero que dirijas una nueva fundación.
Ella levantó la mirada.
—¿Una fundación?
—La gala de anoche recaudó más dinero del esperado. Quiero utilizarlo para financiar programas para familias que necesitan ayuda.
Khloé frunció el ceño.
—¿Y por qué yo?
Dominic respondió sin dudar:
—Porque cuando despertaste con un arma bajo la barbilla, no te convertiste en una víctima. Cuando te interrogaron, no traicionaste a nadie. Y cuando descubriste la verdad, regresaste para ayudar.
Khloé cerró lentamente la carpeta.
—¿Y qué esperas de mí?
—Que seas exactamente como eres.
Ella sonrió.
—Eso es una oferta extraña.
—Mi vida está llena de cosas extrañas.
Khloé extendió la mano.
—Acepto.
Dominic la estrechó.
Pero antes de que pudiera decir algo más, Khloé añadió:
—Con una condición.
—¿Cuál?
—Nunca vuelvas a ponerme en una situación en la que tenga que despertarme con un arma apuntándome.
Dominic soltó una carcajada.
—Trato hecho.
Khloé se alejó unos pasos.
Luego se volvió.
—Y Dominic.
—¿Sí?
—La próxima vez que reserves una habitación, revisa el número.
Él sonrió.
—Después de conocerte, nunca volveré a confiar en una tarjeta de hotel.
Khloé siguió caminando.
Aquella noche había entrado por accidente en la habitación equivocada.
Había despertado junto al hombre más peligroso de Chicago.
Había sido utilizada como una coartada.
Y había descubierto una conspiración que podía haber destruido a un imperio entero.
Pero al final, aquella equivocación le había dado algo que jamás había esperado.
Una nueva oportunidad para decidir por sí misma qué clase de vida quería construir.
Y para Dominic Castile, la mujer que había entrado por accidente en su habitación terminó siendo la primera persona en años a la que no quería controlar, proteger ni ocultar.
Solo quería verla elegir quedarse.