PARTE 2: EL HOMBRE QUE TODOS TEMÍAN

Giovanni me condujo hacia la pista de baile.

Al principio nadie dijo nada.

Después, un hombre dejó lentamente su copa sobre la mesa.

Otro invitado se inclinó hacia su esposa y susurró algo.

Las conversaciones fueron muriendo una por una.

Yo no entendía por qué.

Hasta que escuché detrás de mí:

—Es Giovanni Fierro.

Sentí que la mano de Giovanni se tensaba ligeramente sobre la mía.

—¿Quién eres? —susurré.

—Alguien que esta noche necesita que todos crean que eres mi esposa.

—Eso no responde mi pregunta.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Lo sé.

La música continuó.

Entonces Tyler apareció al borde de la pista.

—Jessica.

Giovanni ni siquiera lo miró.

—No ahora.

Tyler frunció el ceño.

—Solo quiero hablar con ella.

Giovanni finalmente levantó los ojos.

—Entonces aprende a pedir permiso.

El rostro de Tyler perdió color.

Nunca había visto a mi exmarido retroceder ante nadie.

Hasta ese momento.


Cuando terminó la canción, Giovanni me llevó hacia una terraza privada.

—Necesito explicarte algo.

—Me parece una excelente idea.

Se apoyó contra la barandilla.

—Mi familia tiene negocios importantes en Chicago.

—Eso ya lo imaginaba.

—También tenemos enemigos.

—Eso no me tranquiliza.

—No pretendía hacerlo.

Lo miré fijamente.

—Entonces dime por qué sabías mi nombre.

Giovanni respiró profundamente.

—Porque mi hermana trabaja en el hospital donde tú trabajas.

Me quedé inmóvil.

—¿Qué?

—Me habló de ti hace meses. Dijo que eras una de las enfermeras que nunca abandonaba a sus pacientes.

—¿Y por eso me elegiste?

—No.

Me miró directamente.

—Te elegí porque vi cómo tu ex te trataba.

—Eso tampoco explica todo.

—No quería que pasaras esa noche sola.

Aquella respuesta me desarmó más que cualquier otra.


Entonces la puerta de la terraza se abrió.

Un hombre de traje oscuro apareció.

—Giovanni, tenemos un problema.

—Habla.

—Tu padre acaba de llegar.

Giovanni se quedó completamente serio.

—¿Por qué?

—Porque quiere conocer a Jessica.

Mi corazón se aceleró.

—¿A mí?

El hombre asintió.

—Sí.

Giovanni me miró.

—No tienes que hacerlo.

Pensé en Tyler.

En Vanessa.

En mi familia.

Después miré al hombre frente a mí.

—Ya estoy metida en esto.

Giovanni sonrió ligeramente.

—Entonces quédate cerca de mí.


Entramos nuevamente al salón.

Esta vez las conversaciones se detuvieron por completo.

Un hombre mayor caminaba hacia nosotros.

Era elegante, de cabello plateado y mirada severa.

Giovanni se detuvo.

—Padre.

El hombre me observó.

—Así que ella es Jessica.

Tragué saliva.

—Sí, señor.

—¿Tu esposa?

Giovanni respondió antes de que pudiera hacerlo.

—Sí.

El hombre permaneció en silencio durante unos segundos.

Entonces sonrió.

—Interesante.

Me tendió la mano.

—Soy Marco Fierro.

La estreché.

—Mucho gusto.

—He escuchado cosas buenas de ti.

Miré a Giovanni.

Él parecía tan sorprendido como yo.


La verdadera sorpresa llegó diez minutos después.

Marco llamó a su hijo aparte.

—Necesito hablar contigo.

Me quedé junto a una mesa.

Entonces escuché una voz detrás de mí.

—¿Sabes con quién estás jugando?

Era Tyler.

Me volví.

—No estoy jugando con nadie.

—Giovanni Fierro no es un hombre común.

—Tampoco pareces conocerlo muy bien.

Tyler soltó una risa.

—Ese hombre puede destruir tu vida.

—Curioso.

Lo miré tranquilamente.

—Tú ya intentaste hacerlo.

Tyler se quedó callado.

—Te fuiste cuando estaba embarazada —continué—. No tienes derecho a preocuparte por mi vida ahora.

Su expresión cambió.

—Solo intento protegerte.

—No.

Negué.

—Intentas sentir que todavía tienes poder sobre mí.

Vanessa apareció detrás de él.

—Tyler, vámonos.

Pero él no se movió.

Entonces Giovanni apareció.

—Ella ya respondió.

Tyler retrocedió.


Más tarde, Giovanni me llevó a casa.

Durante el trayecto permanecimos en silencio.

Finalmente pregunté:

—¿Por qué me ayudaste realmente?

—Porque te vi.

—¿Qué significa eso?

—Todos en ese salón estaban mirando tu ropa, tu trabajo o tu pasado.

Me miró brevemente.

—Yo vi cómo cuidabas a tu hija.

Sentí un nudo en la garganta.

—Lily es lo más importante para mí.

—Lo sé.

—¿Cómo?

—Porque hablas de ella incluso cuando intentas no hacerlo.

Sonreí.

—Eso es cierto.

Cuando llegamos a mi apartamento, Giovanni se quedó junto al coche.

—¿Quieres que esto termine aquí?

Pensé unos segundos.

—No.

Él levantó una ceja.

—¿No?

—Pero tampoco quiero fingir.

Giovanni asintió.

—Entonces no fingiremos.


Las semanas siguientes fueron diferentes.

Giovanni comenzó a conocer a Lily.

Ella lo interrogó durante casi una hora la primera vez.

—¿Tienes perro?

—No.

—¿Por qué?

—Trabajo demasiado.

—Entonces necesitas uno.

Giovanni la miró seriamente.

—Probablemente.

Lily sonrió.

—Me caes bien.

Yo me reí.

Nunca había visto a Giovanni perder una discusión tan rápidamente.


Mientras tanto, Tyler comenzó a desaparecer de nuestras vidas.

Finalmente dejó de enviar mensajes.

Vanessa dio a luz unos meses después.

No volví a saber de ellos durante mucho tiempo.

Hasta que un día recibí una carta.

Era de Tyler.

“Jessica:

Durante años pensé que habías perdido porque no te convertiste en la mujer que yo imaginaba.

Ahora entiendo que fui yo quien perdió.

Tienes una hija que te adora, una carrera que construiste con tus propias manos y una vida que no necesita mi aprobación.

Lo siento.

No espero que respondas.”

Guardé la carta.

No porque quisiera volver.

Sino porque, por primera vez, sus palabras ya no podían herirme.


Un año después, Giovanni me llevó al mismo salón donde nos habíamos conocido.

Pero esta vez no había boda.

No había doscientas personas observando.

Solo nuestras familias y algunos amigos.

Se arrodilló frente a mí.

Lily estaba a su lado sosteniendo una pequeña caja.

—Mamá, ábrela.

Dentro había un anillo.

Miré a Giovanni.

—¿Esto es otra actuación?

Sonrió.

—No.

Tomó mi mano.

—La primera vez que te pedí que fingieras ser mi esposa, fue para resolver un problema.

Hizo una pausa.

—Hoy quiero preguntarte si quieres ser mi esposa de verdad.

Miré a Lily.

Ella sonreía.

Después miré a Giovanni.

—Sí.

Esta vez no hubo confusión.

No hubo miedo.

No hubo mentira.

Solo una elección.

Y mientras todos aplaudían, comprendí algo que había tardado años en aprender:

El hombre que me abandonó embarazada pensó que mi vida terminaría sin él.

No sabía que algún día otro hombre tomaría mi mano, miraría a mi hija como si fuera su propia familia y me enseñaría que el amor verdadero no exige que una mujer se haga pequeña para ser elegida.

Aquella noche, Giovanni volvió a susurrarme:

—Ahora sí eres mi esposa.

Sonreí.

—Esta vez no necesito fingir.

Y él respondió:

—Yo tampoco.

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