Los guardias apenas habían sacado al anciano cuando la puerta volvió a abrirse.
Una mujer entró corriendo.
Era Gu Xinyue.
La exesposa de Shen.
Su vestido elegante estaba empapado por la lluvia y su orgullo parecía haberse desmoronado por completo.
Al verla, Shen no mostró la menor emoción.
—Has llegado tarde.
Ella cayó de rodillas frente a él.
—Shen… dame una oportunidad para explicarme.
Él permaneció en silencio.
—Nunca dejé de amarte.
Shen soltó una leve risa.
—¿También me amabas cuando me obligabas a comer en la cocina con los sirvientes?
Xinyue bajó la cabeza.
—Cometí errores.
—¿Errores?
Shen caminó lentamente hasta quedar frente a ella.
—Me llamaste mendigo delante de todos los empresarios de la ciudad.
—Me equivoqué.
—Firmaste el divorcio para casarte con Li Chen porque creías que él heredaría el Grupo Li.
Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de la mujer.
—Lo sé…
Shen sacó una carpeta del escritorio.
—Entonces mira esto.
Dentro había el contrato de adquisición firmado aquella misma mañana.
El Grupo Li ya pertenecía oficialmente al Grupo Shen.

Li Chen había perdido todas sus acciones.
Xinyue sintió que el mundo se derrumbaba.
—¿Cuándo ocurrió?
—Mientras celebrabais vuestro compromiso.
El silencio volvió a llenar la oficina.
En ese momento entró el director financiero.
—Señor Shen, todos los activos de la familia Gu han sido transferidos según sus instrucciones.
—Perfecto.
El hombre dejó otra carpeta sobre la mesa.
—Solo queda una empresa.
Shen hojeó el documento.
Sonrió por primera vez.
—Esa también será nuestra antes del anochecer.
El anciano Gu, que aún permanecía retenido por los guardias, gritó desesperado.
—¡Déjanos al menos esa compañía!
Shen negó lentamente.
—Cuando me echasteis de vuestra casa también me dejasteis sin nada.
El viejo cayó derrotado.
Pensó que no existía ninguna esperanza.
Pero el secretario volvió a entrar apresuradamente.
—Señor Shen… acaba de llegar el archivo solicitado desde Suiza.
Toda la sala guardó silencio.
El secretario entregó una vieja caja metálica.
Dentro había un testamento y una fotografía de hacía treinta años.
Shen abrió lentamente el documento.
Su expresión cambió por completo.
En la fotografía aparecía un hombre abrazando a un niño de apenas dos años.
Ese niño era él.
Pero el hombre no era su supuesto padre adoptivo.
Xinyue observó la imagen y se quedó sin respiración.
—Ese hombre…
El secretario asintió.
—Es el fundador original de la familia Gu.
El anciano levantó la cabeza de golpe.
—¡Eso es imposible!
El abogado comenzó a leer el testamento.
—”Mi nieto Shen es el único heredero legítimo del patrimonio de la familia Gu. Si algún día regresa, todo lo que me fue robado deberá serle devuelto de inmediato.”
La oficina quedó completamente en silencio.
Shen cerró lentamente el documento.
Durante tres años creyó que se estaba vengando de la familia que lo había humillado.
Ahora acababa de descubrir una verdad mucho más cruel.
No estaba destruyendo a una familia enemiga.
Estaba recuperando la herencia que siempre le había pertenecido.
Y eso significaba que el anciano Gu ocultaba un crimen cometido hacía más de treinta años.