Chenchen retrocedió lentamente.
El hombre del traje oscuro cerró la puerta de la oficina con absoluta tranquilidad.
—No tengas miedo.
Sacó una carpeta y la dejó sobre el escritorio.
—No hemos venido por tu dinero.
Chenchen no apartó la vista de él.
—Entonces, ¿qué quieren?
El desconocido abrió la carpeta.
Dentro había decenas de pagarés firmados por su madre durante los últimos cinco años.
Cada préstamo era mayor que el anterior.
Cada deuda había sido cubierta, una y otra vez, con transferencias realizadas por Chenchen.
Su hermano menor rompió a llorar al otro lado del teléfono.
—Lo siento… Mamá me obligó a mentirte.
Chenchen sintió un nudo en la garganta.
—¿Nunca estuvo hospitalizada?
—No.
—¿Y el medio millón?
—Lo necesitaba para seguir jugando esta noche.
El silencio resultó insoportable.
El hombre del traje habló con voz serena.
—Su madre ya no nos debe doscientos mil.
Chenchen frunció el ceño.
—¿Cuánto debe ahora?
El desconocido deslizó el último documento.
—Un millón ochocientos mil.
Chenchen sintió que el aire abandonaba sus pulmones.
—Eso es imposible.

—No para alguien que lleva años apostando con dinero prestado.
En ese instante, la puerta volvió a abrirse.
Dos empleados del casino entraron acompañando a una mujer.
Era su madre.
Tenía el cabello desordenado, el rostro agotado y las manos temblorosas.
No parecía la mujer fuerte que él recordaba.
Al verlo, cayó de rodillas.
—Perdóname…
Chenchen cerró los ojos.
—¿Cuántas veces fingiste estar enferma?
Ella comenzó a llorar.
—Perdí la cuenta.
—¿Y papá?
Su madre dejó de llorar por un instante.
—Él nunca murió de un infarto.
Chenchen abrió los ojos de golpe.
—¿Qué has dicho?
El hombre del traje intercambió una mirada con ella.
La mujer respiró profundamente.
—Tu padre descubrió mis deudas hace ocho años.
Toda la oficina quedó en silencio.
—Vendió todas sus acciones para pagar a los acreedores.
Chenchen sintió que las piernas le fallaban.
—Pero nos dijeron que la empresa quebró por una mala inversión.
Su madre negó lentamente.
—Fue una mentira que inventé para que nunca supieras la verdad.
Las lágrimas caían sin control.
—Después de perderlo todo… él desapareció.
Chenchen permanecía inmóvil.
Toda su vida había odiado a un padre al que consideraba irresponsable.
Ahora acababa de descubrir que aquel hombre había sacrificado toda su fortuna para proteger a la familia.
El desconocido volvió a hablar.
—Hay algo más.
Sacó una fotografía reciente.
En ella aparecía un hombre trabajando como mecánico en un pequeño pueblo de montaña.
Llevaba el uniforme cubierto de grasa.
Pero Chenchen reconoció inmediatamente aquel rostro.
Era su padre.
—Está vivo…
El hombre asintió.
—Y lleva ocho años pagando en secreto parte de las deudas que dejó tu madre.
Chenchen sintió que el corazón se rompía.
Pensó que aquella era toda la verdad.
Pero el desconocido dejó un último sobre sobre la mesa.
—Nosotros no trabajamos para el casino.
Chenchen levantó lentamente la vista.
—Entonces… ¿quiénes son ustedes?
El hombre sonrió por primera vez.
—Somos investigadores privados.
Empujó el sobre hacia él.
—Y descubrimos que todas las deudas fueron provocadas por alguien que manipuló a tu madre para arruinar a tu familia desde dentro.
Chenchen abrió el sobre con manos temblorosas.
La primera fotografía mostraba a su tío abrazando al dueño del casino.
En el reverso solo había una frase escrita a mano.
“Tu padre nunca perdió la empresa por culpa del juego… se la robaron entre los dos.”