Apreté el pequeño llavero de avión hasta que sus bordes se marcaron en mi palma.
Ethan me miraba esperando una respuesta.
—¿Buenos amigos? —repetí.
—Sí.
Sonrió con cautela.
—Podemos empezar de nuevo.
Lo miré durante unos segundos.
—Ethan, tú ya empezaste de nuevo.
Su sonrisa desapareció.
—¿Qué quieres decir?
—Con Sophie.
—Eso no es lo que parece.
Solté una risa.
—Hace un año tampoco era lo que parecía.
Él dio un paso hacia mí.
—Ava, yo cometí errores.
—No.
Negué lentamente.
—Un error es olvidar una fecha. Tú tomaste decisiones.
Su rostro se tensó.
—Yo no quería que te fueras.
—Sí querías.
—No.
—Fuiste a relaciones internacionales para preguntar si mi plaza podía transferirse a Sophie.
Ethan se quedó completamente inmóvil.
—¿Quién te dijo eso?
—No importa.
—Ava, yo solo estaba intentando…
—¿Ayudarla?
Silencio.
—Exactamente.
Por primera vez no intentó defenderse.
—Entonces dime una cosa —continué—. ¿Por qué estás aquí?
Ethan bajó la mirada.
—Porque cuando te fuiste, pensé que volverías.
—Volví.
—Pero no eras la misma.
Sonreí.
—Ese era el objetivo.
Sus ojos se llenaron de algo parecido al arrepentimiento.
—Te extrañé.
—No me extrañaste.
—Sí.
—Extrañaste la atención que recibías de mí.
Ethan abrió la boca.
No encontró respuesta.
Y eso fue suficiente.
Saqué el llavero de mi bolsillo.
Era pequeño, plateado y gastado.
—¿Recuerdas esto?
Ethan lo reconoció inmediatamente.
—Te lo di en segundo año.
—Sí.
—Pensé que lo habías perdido.
—Lo llevé conmigo a Boston.
Su expresión cambió.
—¿Por qué?
Lo observé.
—Porque durante mucho tiempo pensé que era la única prueba de que alguna vez te había importado.
Hice una pausa.
—Ahora sé que no necesito pruebas.
Le tendí el llavero.
Él no lo tomó.
—Quédate con él —dijo.
—No.
Lo dejé sobre el banco.
—Ya no lo necesito.
Me di la vuelta.
—Ava.
No me detuve.
—¿Puedes al menos decirme si alguna vez me quisiste?
Esta vez sí me detuve.
Miré por encima del hombro.
—Durante dos años, yo hice todo lo posible para convencerme de que sí.
Y seguí caminando.
Al día siguiente fui a la oficina internacional.
El director levantó la mirada cuando entré.
—Ava, recibimos tu solicitud.
—¿La de Boston?
—Sí.
Me entregó un documento.
—Te han ofrecido continuar allí durante dos años más.
Miré el papel.
Dos años.
Una oportunidad que habría parecido imposible cuando llegué a Boston con una sola maleta.
—Acepto.
Firmé.
Esta vez no estaba huyendo de nadie.
Estaba eligiendo mi futuro.
Antes de regresar a mi habitación, encontré a Sophie esperándome.
—Tenemos que hablar.
—No tenemos nada que hablar.
—Ethan está confundido.
La miré.
—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
—Tú apareciste y todo cambió.
—No hice nada.
—Él volvió a mirarte como antes.
Sentí una extraña tranquilidad.
—Entonces habla con él.
Sophie apretó los labios.
—¿No te importa?
—Ya no.
Sacó el brazalete que Ethan le había regalado.
—Él me lo dio.
—Lo sé.
—Es una edición limitada.
Sonreí.
—Me alegro por ti.
Ella parecía decepcionada.
Esperaba celos.
No los encontró.
Esa tarde Ethan fue a buscarme.
Me encontró en la biblioteca, rodeada de libros y documentos.
—Me voy a Boston —dije antes de que hablara.
Él se quedó quieto.
—¿Cuándo?
—La próxima semana.
—¿Puedo verte antes?
Pensé unos segundos.
—Ya me estás viendo.
Bajó la mirada.
—Quiero disculparme.
—Puedes hacerlo.
—Lo siento.
Asentí.

—Acepto tus disculpas.
Su rostro se iluminó ligeramente.
—Entonces…
—Eso no significa que quiera volver.
La luz desapareció.
—Lo sé.
Por primera vez parecía entenderlo.
—Solo quería que supieras que me equivoqué.
—Ahora sí lo sé.
La noche antes de mi vuelo, encontré un mensaje de Ethan.
“No voy a pedirte que te quedes.”
Leí la siguiente línea.
“Creo que finalmente entendí que querer a alguien no significa decidir qué es mejor para esa persona.”
Después llegó otro.
“Espero que Boston te dé todo lo que yo no supe darte.”
No respondí.
Pero tampoco borré el mensaje.
No porque todavía lo amara.
Sino porque ya no necesitaba odiarlo para avanzar.
En el aeropuerto, miré por última vez hacia la ciudad.
Dos años atrás había llegado allí creyendo que Ethan Carter era el centro de mi mundo.
Ahora llevaba una maleta, una beca, una nueva oportunidad y una vida que finalmente me pertenecía.
Mi teléfono vibró.
Era una notificación de la universidad.
Programa de investigación internacional: seleccionada.
Sonreí.
Entonces guardé el teléfono.
No necesitaba contarle a Ethan.
No necesitaba demostrarle a Sophie que había ganado.
Porque aquello no era una competencia.
Nunca lo había sido.
Mientras el avión despegaba, pensé en el llavero que había dejado sobre aquel banco.
Durante dos años había perseguido a un chico esperando que algún día me eligiera.
Al final descubrí algo mucho más importante.
No necesitaba que Ethan me eligiera.
Necesitaba elegirme a mí misma.
Y cuando las luces de la ciudad desaparecieron bajo las nubes, sonreí por primera vez sin preguntarme quién estaba mirando.
Mi historia con Ethan había terminado.
Pero la mía acababa de empezar.