El hombre sostuvo al pequeño entre sus brazos como si llevara años protegiéndolo.
Nadie se atrevía a pronunciar una sola palabra.
Los fotógrafos bajaron las cámaras.
El patriarca Yue descendió lentamente la gran escalera de mármol con el rostro completamente desencajado.
—¿Qué significa esto? —preguntó con una voz cargada de autoridad.
El director ejecutivo levantó la mirada.
—Significa que, a partir de este momento, nadie volverá a humillar a Gushin Yue ni a este niño.
Un anciano accionista dio un paso al frente.
—¿Quién eres tú para intervenir en los asuntos de la familia Yue?
El hombre respondió sin apartar la vista del pequeño.
—Soy Han Zhen.
El salón entero quedó paralizado.
Han Zhen no solo dirigía el grupo empresarial más poderoso del país.
También era el principal inversionista de la familia Yue.
El patriarca sintió que el ambiente se volvía irrespirable.
—¿Conoces a mi nieta?

Han Zhen respondió con serenidad.
—La conozco desde hace seis años.
Los murmullos comenzaron de nuevo.
La mujer que había insultado a Gushin Yue dio un paso atrás.
—Entonces… ¿el niño es suyo?
Gushin Yue cerró lentamente los ojos.
Cinco años atrás desapareció sin despedirse de nadie.
Todos creyeron que había huido avergonzada por un embarazo secreto.
Pero nadie conocía la verdad.
Han Zhen dejó al pequeño en el suelo y tomó la mano de Gushin Yue.
—Ella desapareció porque alguien intentó asesinarla.
El silencio fue absoluto.
El patriarca frunció el ceño.
—¿Qué acabas de decir?
Han Zhen sacó una carpeta.
Dentro había fotografías del automóvil destrozado en el que viajaba Gushin Yue años atrás.
También había informes policiales y registros médicos.
—Manipularon los frenos de su vehículo.
Los invitados comenzaron a intercambiar miradas de preocupación.
—Sobrevivió de milagro.
Gushin Yue bajó la cabeza.
—Si me hubiera quedado… también habrían matado a mi hijo antes de nacer.
El patriarca sintió que las piernas le temblaban.
—¿Quién hizo eso?
Han Zhen giró lentamente hacia los familiares presentes.
—El responsable sigue dentro de esta familia.
Una mujer dejó caer su copa de vino.
El cristal estalló contra el suelo.
Era la tía mayor de Gushin Yue.
Sus manos temblaban visiblemente.
Han Zhen la observó fijamente.
—Las transferencias para contratar a los responsables salieron de una empresa registrada a nombre de su esposo.
—¡Eso es falso! —gritó ella.
Han Zhen entregó la carpeta a los investigadores que acababan de entrar en la mansión.
—Aquí están los movimientos bancarios, las llamadas y las declaraciones de dos implicados que aceptaron colaborar.
Los agentes avanzaron hacia la mujer.
Ella retrocedió desesperadamente.
—¡Lo hice por la familia!
Todos quedaron inmóviles.
—Si Gushin Yue heredaba la corporación, mis hijos jamás tendrían una oportunidad.
El patriarca cerró los ojos con profundo dolor.
Había pasado cinco años culpando a su propia nieta mientras protegía, sin saberlo, a la persona que había intentado asesinarla.
El pequeño tiró suavemente de la manga de Han Zhen.
—¿Ya no van a gritarle a mamá?
Han Zhen sonrió por primera vez.
—No mientras yo siga aquí.
El patriarca caminó lentamente hasta Gushin Yue.
Las lágrimas humedecían sus ojos.
—Perdóname.
Ella permaneció en silencio.
Cinco años de abandono no podían borrarse con una sola palabra.
Entonces uno de los investigadores recibió una llamada urgente.
Su expresión cambió de inmediato.
—Acabamos de confirmar el resultado del análisis de ADN solicitado hace cinco años.
Han Zhen frunció el ceño.
—¿Qué resultado?
El agente abrió el informe.
Miró primero a Gushin Yue.
Después al pequeño.
Y finalmente al patriarca.
—El señor Han Zhen… no es el padre biológico del niño.
Todo el salón quedó completamente en silencio.