Parte 2: LA FIRMA QUE DESTRUYÓ SU NUEVO MATRIMONIO

Aaron se quedó inmóvil frente a mí.

—Emma… ¿qué estás haciendo?

—Lo que tú debiste hacer hace seis meses —respondí—. Hacerte responsable de tus propias decisiones.

Vera soltó lentamente el brazo de Aaron.

—¿De qué está hablando?

Aaron intentó acercarse a su madre, pero ella apartó la mirada.

—Mamá…

La señora Xu levantó una mano temblorosa y señaló hacia mí.

No podía hablar con claridad, pero todos entendimos el gesto.

Me estaba señalando a mí.

Vera frunció el ceño.

—Aaron, dijiste que ella había abandonado a tu madre después del divorcio.

Sentí un escalofrío.

—¿Eso le dijiste?

Aaron no respondió.

Entonces saqué otra carpeta de mi bolso.

—Olvidaste algo más.

La dejé sobre la mesa.

—Los registros de la residencia médica.

Vera abrió el expediente.

Cada página mostraba mi nombre como responsable principal de la señora Xu. Medicinas, tratamientos, pagos, visitas y autorizaciones.

Durante dos años.

—Pero… —Vera levantó la mirada—. ¿No estaba divorciada desde enero?

—Legalmente, según su documento falsificado —dije—. Pero los registros muestran que seguí viviendo con él y cuidando a su madre como esposa.

Aaron palideció.

—Emma, podemos hablar de esto en privado.

—No. Ya hablaste demasiado por mí.

En ese momento apareció Olivia Qin junto a dos investigadores.

Aaron dio un paso atrás.

—¿Quiénes son?

Olivia dejó una carpeta sobre la mesa.

—Soy la abogada de Emma. Ellos están investigando la falsificación de documentos presentada para el divorcio.

Vera miró a Aaron.

—¿Falsificaste su firma?

—No es lo que parece.

—Entonces explica qué parece.

Aaron guardó silencio.

Ese fue el primer giro que Vera no esperaba.

Olivia sacó una copia del expediente original.

—Tenemos la grabación de la cámara del Registro Civil. El hombre que presentó los documentos no fue Aaron.

Aaron levantó la cabeza de golpe.

—¿Qué?

—Fue su asistente personal, Daniel Wu.

Lo miré sorprendida.

Daniel había trabajado para Aaron durante años.

—¿Por qué haría eso?

Olivia abrió otra página.

—Porque Aaron le dio autorización escrita para realizar trámites administrativos en su nombre.

Aaron tragó saliva.

—Yo jamás autoricé una falsificación.

—Tal vez no con esas palabras —respondió Olivia—. Pero hay algo más.

Colocó sobre la mesa una transferencia bancaria.

El dinero había salido de la cuenta personal de Aaron cinco días antes del divorcio.

Destinatario: Daniel Wu.

Vera se quedó blanca.

—¿Le pagaste?

Aaron cerró los ojos.

—Era para acelerar el trámite.

—¿El trámite del divorcio? —pregunté.

—Sí.

—Entonces sí sabías lo que estaba haciendo.

No contestó.

Pero todavía faltaba la verdad más importante.

Olivia sacó un documento final.

—Emma, hay algo que descubrimos esta mañana.

Lo abrió delante de todos.

—El divorcio fue declarado válido provisionalmente porque alguien presentó una declaración jurada afirmando que tú habías autorizado el procedimiento.

Miré el nombre.

No era Aaron.

Era Vera.

La nueva esposa de Aaron.

Vera retrocedió.

—Yo no sabía que era falso.

—Firmaste una declaración diciendo que conocías a Emma y que ella había aceptado divorciarse —dijo Olivia.

—Aaron me dijo que todo estaba arreglado.

Aaron la miró.

—Vera…

Ella lo abofeteó.

—¡Me dijiste que ella te había dejado!

El silencio cayó sobre la sala.

Vera comenzó a llorar.

—Me dijiste que llevabas meses separado de ella.

Aaron no dijo nada.

Su matrimonio perfecto acababa de derrumbarse en menos de un minuto.

La investigación continuó durante las siguientes semanas.

Las cámaras del Registro Civil demostraron que yo nunca había estado allí.

La firma fue sometida a un peritaje.

El resultado fue contundente: había sido falsificada.

El divorcio fue anulado.

Mi matrimonio con Aaron volvió a aparecer legalmente vigente.

Pero yo ya no quería recuperarlo.

Lo único que quería era recuperar mi vida.

Aaron fue citado por las autoridades y tuvo que responder por la falsificación y por los documentos presentados fraudulentamente.

Daniel terminó confesándolo todo.

Había recibido dinero para presentar el expediente y creyó que Aaron podría resolver cualquier problema después.

Vera solicitó la anulación de su matrimonio con Aaron.

Y esta vez, fue ella quien no esperó una semana.

La señora Xu permaneció bajo mi cuidado durante el proceso, pero no porque yo siguiera siendo responsable de ella.

Lo hice porque no podía abandonarla.

Un mes después, Aaron llegó a mi departamento.

No llevaba traje.

No llevaba regalos.

Solo tenía una carpeta en la mano.

—Emma, quiero pedirte perdón.

Lo miré desde la puerta.

—Ya lo hiciste demasiado tarde.

—Lo sé.

—¿Por qué lo hiciste?

Aaron bajó la cabeza.

—Pensé que podía empezar de nuevo sin enfrentar todo lo que había hecho mal.

—Y decidiste borrar tres años de mi vida con una firma falsa.

—Sí.

Respiré profundamente.

—Nunca te perdonaré para volver contigo.

Él asintió con lágrimas en los ojos.

—Lo entiendo.

Antes de irse, dejó la carpeta sobre la mesa.

Dentro estaban los documentos de una propiedad.

—Es la casa de mi madre. La puse a su nombre para que nadie pueda venderla ni quitársela.

Lo miré sorprendida.

—¿Por qué?

—Porque tú fuiste la única persona que estuvo con ella cuando todos los demás desaparecieron.

No acepté la casa.

Pero sí acepté algo más importante.

La libertad.

Meses después, mi divorcio definitivo con Aaron fue completamente legal y esta vez con mi firma, mi decisión y mi voluntad.

La señora Xu continuó su rehabilitación y poco a poco recuperó parte del movimiento de una mano.

El día que consiguió pronunciar mi nombre con claridad, lloré.

—Emma…

Me acerqué a ella.

—Estoy aquí, mamá Xu.

Ella apretó mi mano.

Y por primera vez en mucho tiempo, sentí que aquella familia rota ya no tenía poder sobre mí.

Aaron había intentado divorciarse de mí en secreto.

Había intentado reemplazarme.

Había creído que podía borrar mi lugar de su vida.

Pero terminó demostrando exactamente lo contrario.

No necesitaba ser la esposa de Aaron para saber cuánto valía.

Y cuando salí del Registro Civil después de firmar mi verdadero divorcio, no sentí tristeza.

Sentí alivio.

Porque aquella vez, nadie había firmado por mí.

Yo había elegido mi propia vida.

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