Conduje hacia las aguas termales intentando concentrarme en la carretera, pero cada vez que miraba de reojo a Ryan, mi cerebro regresaba a la misma pregunta.
¿Por qué tenía esa foto mía?
—Emma.
—¿Qué?
—Llevas diez minutos apretando el volante como si quisieras estrangularlo.
Miré mis manos.
—Estoy perfectamente.
Ryan soltó una pequeña risa.
—Eso dices desde que subí al auto.
—¿Y qué quieres que diga?
—La verdad.
Sentí que el corazón me golpeaba contra las costillas.
—Bien. La verdad es que alguien tiene una foto mía bastante comprometedora en su teléfono.
Ryan permaneció en silencio.
Entonces dijo:
—¿La viste?
Casi frené.
—¿Cómo sabes que la vi?
Su expresión cambió.
Ya no parecía divertido.
—Porque ayer confundimos nuestros teléfonos. Y porque llevas toda la mañana mirándome como si estuvieras esperando que confesara un crimen.
Desde el asiento trasero, Lucas gritó:
—¡¿Qué crimen?!
—¡Ninguno! —respondí demasiado rápido.
Los demás comenzaron a reír.
Ryan se inclinó ligeramente hacia mí.
—Tranquila. Podemos hablar después.
Aquella frase me puso todavía más nerviosa.
Al llegar al lugar, todos bajaron rápidamente.
Yo fingí revisar mi bolso.
Ryan esperó.
—Emma.
—¿Qué?
—Ven conmigo.
—No.
—Ni siquiera sabes qué voy a decir.
—Precisamente por eso.
Ryan sonrió.
—Cinco minutos.
Lo seguí hasta una terraza apartada.
Me crucé de brazos.
—Habla.
Ryan sacó su teléfono.
—La foto la tomó Lucas.
Parpadeé.
—¿Qué?
—Tu hermano.
Sentí que todo mi cuerpo se relajaba durante medio segundo.
—Entonces… ¿por qué estaba en tu pantalla?
Ryan respiró profundamente.
—Porque Lucas me la envió hace seis meses.
—¿Para qué?
Ryan desbloqueó el teléfono y me mostró una conversación.
Había un mensaje de Lucas.
“Mi hermana cree que eres insoportable. Yo creo que le gustas y no se ha dado cuenta.”
Abrí los ojos.
—¡Ese idiota!
Ryan continuó:
—Le respondí que estaba equivocado.
—¿Y entonces?
—Entonces me mandó la foto.
Miré la imagen otra vez.
—¿Y la pusiste de fondo?
Ryan bajó la mirada.
Por primera vez desde que lo conocía, parecía incómodo.
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque me gustabas.
El mundo pareció quedarse completamente quieto.
—¿Desde cuándo?
Ryan sonrió.
—Desde mucho antes de que Lucas se casara. Pero nunca hice nada porque eras su hermana.
—Eso no explica por qué nunca me dijiste nada.
—Porque cada vez que intentaba acercarme, tú me llamabas “el robot de mi hermano”.
Me tapé la cara.
—¡Tenía quince años!
—Exactamente.
Entonces escuchamos una carcajada detrás de nosotros.
Lucas apareció junto a otros dos amigos.
—¡Por fin!
Lo miré furiosa.
—¿Tú hiciste todo esto?
Lucas levantó ambas manos.
—Yo solo intentaba ayudar.
—¡Me hiciste creer que Ryan era un acosador!
Ryan intervino:
—En realidad, tu hermano fue mucho peor. Me amenazó con contarle a nuestra madre que yo tenía una colección secreta de fotos tuyas si no admitía que me gustabas.
Lucas se encogió de hombros.
—Funcionó.
—¡Lucas!
Todos comenzaron a reír.
Yo estaba a punto de perseguirlo cuando Ryan me sujetó suavemente del brazo.
—Espera.
Lo miré.
—Hay algo más.
Su tono había cambiado.
Sacó otra cosa del bolsillo.
Era mi teléfono.
—¿Qué haces con eso?
—Lo encontré esta mañana.
Me quedé helada.
—Entonces… ¿qué teléfono lancé a la cama de Pickle?
Lucas dejó de reír.
—No me digas que…
Ryan sacó el aparato.
—El mío.

Silencio.
Me llevé ambas manos a la cara.
—¡Yo lancé tu teléfono a la cama de Pickle!
Ryan comenzó a reírse.
—Sí.
—¡Y tú lo sabías!
—Desde que Lucas lo encontró.
—¡Entonces todos sabían!
Lucas levantó una mano.
—Yo no sabía que habías acusado a Pickle.
En ese momento, uno de los amigos de mi hermano apareció corriendo.
—¡Chicos! ¡Pickle acaba de destrozar algo!
Todos nos miramos.
Lucas palideció.
—¿Qué?
—Tu regalo de bodas.
Lucas salió disparado.
Yo me quedé mirando a Ryan.
—Esto es culpa tuya.
—¿Mía?
—Sí. Si no hubieras tenido mi foto…
—Entonces nunca habrías descubierto que me gustabas.
Me quedé callada.
Ryan dio un paso hacia mí.
—Emma, no quiero seguir escondiéndolo.
—¿Qué cosa?
—Que me gustas. Mucho.
Mi corazón dio un salto.
—¿Y qué piensas hacer al respecto?
Ryan sonrió.
—Invitarte a cenar.
—¿Eso es todo?
—Primero quiero sobrevivir a tu hermano.
Desde lejos, Lucas gritó:
—¡RYAN! ¡SI SALES CON MI HERMANA, TE VOY A VIGILAR!
Ryan cerró los ojos.
—¿Ves?
Me reí por primera vez en toda la mañana.
—Acepto.
Ryan abrió los ojos.
—¿La cena?
—Sí.
—¿Seguro?
—Muy seguro.
Entonces tomó mi mano.
Y esta vez no la solté.
Más tarde, cuando regresamos a casa, encontré una nota pegada sobre mi puerta.
Era de Lucas.
“Perdón por el caos. Pero algún día me lo agradecerás.”
Arrugué el papel.
—Definitivamente no.
Ryan, detrás de mí, se rio.
—Dale tiempo.
Lo miré y sonreí.
Por primera vez, aquella foto que tanto me había avergonzado ya no parecía un secreto incómodo.
Era simplemente la prueba de que alguien me había estado mirando de una manera que yo jamás había imaginado.
Y, sorprendentemente, me gustaba.
La noche terminó con una cena, una confesión y un nuevo comienzo.
Y, por supuesto, con Lucas jurando que jamás volvería a dejarme sola con sus amigos.
No le creí ni por un segundo.