Parte 2: EL HERMANO QUE NUNCA DEBIÓ OCUPAR MI LUGAR

Nadie habló.

El monitor cardíaco emitía un pitido constante mientras Rhys seguía inconsciente sobre el suelo del baño.

Yo sostenía el certificado con las manos inmóviles.

Dorian permanecía frente a la puerta, respirando con dificultad.

Fue el primero en romper el silencio.

—Nunca debiste casarte conmigo.

Levanté lentamente la vista.

—Empieza a explicar.

Cerró los ojos unos segundos.

—Hace seis años, cuando la Liga realizó las pruebas genéticas, el algoritmo encontró una compatibilidad del noventa y nueve por ciento.

Miró a Rhys.

—Con él.

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

—Entonces… ¿por qué aparecías tú en todos los registros?

Dorian dejó escapar una risa amarga.

—Porque nuestro padre nunca aceptó que el heredero de la familia fuera el segundo hijo.

Recordé inmediatamente a Conrad Hawthorne.

Siempre impecable.

Siempre calculador.

Siempre hablando del honor familiar.

Dorian continuó.

—Rhys pertenecía a las fuerzas especiales. Su perfil genético estaba clasificado. Papá aprovechó esa restricción para alterar los archivos oficiales.

Mi voz salió apenas como un susurro.

—¿La Liga no lo descubrió?

—Porque él presidía el Comité Militar que supervisaba las uniones estratégicas.

El aire pareció hacerse más pesado.

No era un simple fraude familiar.

Habían manipulado el sistema entero.

Miré nuevamente el código tatuado bajo la clavícula de Rhys.

Coincidía perfectamente con el número impreso en mi certificado original.

No había ningún error.

El compañero que el algoritmo había elegido siempre estuvo frente a mí.

Simplemente le cambiaron el nombre.

En ese momento Rhys abrió lentamente los ojos.

Parpadeó varias veces antes de enfocar la vista.

—¿Aurel…?

Intentó incorporarse.

Lo detuve.

—No te muevas.

Entonces vio a Dorian.

Su expresión cambió de inmediato.

—¿Qué haces aquí?

Dorian bajó la cabeza.

—Ya lo sabe todo.

Rhys permaneció completamente inmóvil.

Después dirigió la mirada hacia el certificado que aún sostenía entre mis manos.

Comprendió inmediatamente.

Su voz sonó rota.

—¿Papá… lo hizo de verdad?

Nadie respondió.

No hacía falta.

El silencio era suficiente.

Rhys cerró los ojos.

—Siempre pensé que el algoritmo se había equivocado.

Fruncí el ceño.

—¿Por qué?

Esbozó una sonrisa triste.

—Porque durante años aparecías en los informes de compatibilidad restringida, pero nunca podía acceder al expediente completo.

Respiró con dificultad.

—Cuando anunciaron tu compromiso con Dorian… pensé que simplemente había aceptado mejor el vínculo que yo.

Sentí un nudo en la garganta.

Todo aquel tiempo…

Él creyó que yo había elegido a su hermano.

Y yo creí que jamás había existido otra posibilidad.

El comunicador de Dorian comenzó a vibrar sin descanso.

Miró la pantalla.

Palideció.

—Es papá.

No respondió.

Volvió a sonar.

Y otra vez.

Finalmente activó el altavoz.

La voz de Conrad llenó la habitación.

—¿Dónde están los dos?

Nadie respondió.

—Escuchen bien. La Autoridad Genética acaba de solicitar una auditoría completa de los expedientes Hawthorne.

Rhys abrió lentamente los ojos.

Conrad continuó hablando.

—No importa lo que haya descubierto Aurel. Destruyan cualquier copia del certificado original.

Sentí que la sangre se me helaba.

Dorian habló por primera vez.

—Ya es demasiado tarde.

Silencio.

Después la voz de Conrad perdió toda serenidad.

—¿Qué hiciste?

—Le dije la verdad.

Durante varios segundos no llegó ninguna respuesta.

Finalmente Conrad habló con una frialdad absoluta.

—Entonces ninguno de ustedes dos volverá a llevar el apellido Hawthorne.

La llamada terminó.

Rhys soltó una risa cansada.

—Siempre supe que algún día tendría que elegir entre mi familia y hacer lo correcto.

Lo miré.

—¿Y qué eliges ahora?

Levantó lentamente la vista.

Por primera vez desde que nos conocíamos, no vi al comandante famoso.

Solo vi a un hombre completamente honesto.

—A ti.

Antes de que pudiera responder, todas las luces de la residencia se apagaron al mismo tiempo.

El sistema de emergencia comenzó a emitir una alarma roja.

Una voz electrónica resonó por toda la casa.

“Acceso de seguridad comprometido. Autoridad Central de la Liga autorizando ingreso forzoso.”

Dorian se volvió inmediatamente hacia la ventana.

Varias aeronaves oficiales acababan de aterrizar frente a la residencia Hawthorne.

Pero no eran los únicos.

Detrás de ellas apareció un convoy negro con el emblema privado de la familia.

Rhys reconoció aquel símbolo al instante.

Su rostro perdió el color.

—No…

Lo miré confundido.

—¿Qué ocurre?

Apretó los dientes.

—Es la unidad de seguridad personal de mi padre.

Respiró profundamente antes de pronunciar unas palabras que hicieron que el silencio regresara a la habitación.

Si llegaron antes que los inspectores de la Liga… significa que Conrad no viene a defenderse. Viene a eliminar todas las pruebas… y también a cualquiera que las haya visto.

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