PARTE 2: LA ÚLTIMA PROMESA.

Shelly sintió que el mundo entero se derrumbaba entre sus manos.

El informe médico temblaba mientras volvía a leer el diagnóstico.

Era un cáncer avanzado.

Las posibilidades de sobrevivir eran mínimas.

Las lágrimas borraban las palabras impresas sobre el papel.

—Por eso quería dejarme…

Susurró aquellas palabras mientras abrazaba el sobre contra su pecho.

Dentro encontró una segunda hoja escrita a mano.

Reconoció inmediatamente la letra de Alejandro.

“Si estás leyendo esto, significa que no tuve el valor de seguir mintiéndote. Preferí que me odiaras antes que verte consumirte conmigo.”

Shelly rompió a llorar.

Cada frase era una puñalada.

“No quiero que pases tus mejores años cuidando a un hombre que pronto ya no podrá caminar a tu lado.”

Ella negó con desesperación.

—¡No tenías derecho a decidir por mí!

Sin perder un segundo, tomó las llaves del coche.

Debía encontrarlo.

Mientras tanto, Alejandro conducía bajo la lluvia torrencial.

Cada pocos minutos una fuerte punzada atravesaba su pecho.

Apenas podía respirar.

Su teléfono vibró sin descanso.

Era Shelly.

No respondió.

Sabía que, si escuchaba su voz una vez más, jamás tendría fuerzas para marcharse.

En ese instante, una intensa luz apareció frente al parabrisas.

Un camión perdió el control sobre el asfalto mojado.

Alejandro giró bruscamente el volante.

El automóvil chocó contra la barrera de protección con un estruendo ensordecedor.

A varios kilómetros de allí, Shelly escuchó la noticia por la radio del coche.

—Se reporta un grave accidente en la avenida del río. Un vehículo negro ha quedado completamente destrozado.

Sintió que la sangre desaparecía de su cuerpo.

Aceleró sin pensar.

Cuando llegó al lugar, las ambulancias ya rodeaban el vehículo.

Los paramédicos sacaban a un hombre inconsciente entre los restos del automóvil.

—¡Alejandro!

Corrió desesperadamente.

Un médico intentó detenerla.

Pero Alejandro abrió lentamente los ojos al escuchar aquella voz.

Con el poco aliento que le quedaba, buscó la mano de Shelly.

—¿Por qué… viniste?

Ella apretó sus dedos con fuerza.

—Porque el amor no se abandona cuando llega el dolor.

Las lágrimas de Alejandro comenzaron a caer.

Durante meses había luchado solo.

Creyó que alejarla era la única forma de protegerla.

Shelly apoyó la frente contra la suya.

—Si el tiempo que nos queda es un año… un mes… o solo un día…

Respiró profundamente antes de terminar la frase.

—Quiero vivirlo contigo.

Los médicos observaron la escena en silencio.

Entonces uno de ellos salió apresuradamente de la ambulancia.

—¡Doctor! Acaban de llegar los resultados completos del hospital.

El especialista abrió el expediente y frunció el ceño.

Volvió a mirar a Alejandro con absoluta sorpresa.

—Hay un grave problema…

Todos contuvieron la respiración.

—Parece que el diagnóstico que cambió su vida… pertenece a otro paciente con el mismo nombre.

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