PARTE 2
El coche desapareció entre la oscuridad.
Me quedé inmóvil en medio de la carretera.
Solo escuchaba mi respiración descontrolada y el ruido de los insectos en el bosque.
Los dos hombres con cadenas comenzaron a acercarse lentamente.
Uno de ellos sonrió.
—Ahora sí estamos solos.
Retrocedí varios pasos.
No tenía cómo escapar.
Mi teléfono seguía en el bolsillo de mi chaqueta.
Lo sujeté con fuerza sin que ellos lo notaran.
—No se acerquen.
Mi voz temblaba.
Ellos siguieron avanzando.
Entonces recordé una función que había activado semanas antes.
Sin sacar el teléfono, presioné varias veces el botón lateral.
El dispositivo vibró discretamente.
La llamada de emergencia acababa de enviarse.
También compartía mi ubicación en tiempo real.
Los hombres aún no se habían dado cuenta.
Uno de ellos levantó la cadena.
—Entréganos las llaves de repuesto y el bolso.
Negué con la cabeza.
En ese mismo instante sonó el teléfono del hombre que había robado mi coche.
Contestó desde el asiento del conductor.
Su expresión cambió por completo.
—¿Qué dices?… ¿Ahora?
Guardó silencio unos segundos.
Después gritó hacia sus compañeros.
—¡Vámonos!
Los dos hombres se quedaron desconcertados.
—¿Qué pasó?
—La policía ya viene hacia aquí.
Alguien envió nuestra ubicación.
Los tres comenzaron a correr.
El conductor dio media vuelta con mi coche e intentó escapar por un camino de tierra.
Pero apenas avanzó unos metros.
El vehículo se detuvo bruscamente.
El motor se apagó.
Intentó arrancarlo una y otra vez.
Nada.
Recordé entonces el sistema de inmovilización remota que el fabricante había instalado después de un intento de robo meses atrás.
La central de emergencias lo había activado automáticamente al recibir mi alerta.
Los ladrones abandonaron el coche y huyeron hacia el bosque.
Segundos después comenzaron a escucharse sirenas.
Varias patrullas iluminaron la carretera con luces azules.
Los agentes recuperaron mi vehículo.
Pensé que todo había terminado.
Pero uno de los policías revisó el asiento trasero y encontró una mochila que no era mía.
Dentro había documentos, fotografías y mapas de distintas carreteras.
También aparecían imágenes de varios conductores viajando solos durante la noche.
Cada fotografía tenía una fecha.
Y una palabra escrita con marcador rojo.
“Completado.”
El oficial levantó lentamente la vista.
—Señora…
No intentaban robar coches al azar.

Llevamos meses investigando una banda que prepara trampas exactamente como esta.
Usted acaba de convertirse en la primera víctima que consigue escapar.
Entonces abrió el último compartimento de la mochila.
Había una libreta con la lista de los próximos objetivos.
Mi nombre aparecía tachado.
Pero justo debajo había otro nombre.
Era el de mi hermana.
Y la fecha marcada correspondía a la noche siguiente.