PARTE 2: LA TESTIGO QUE ROMPIÓ EL PACTO

PARTE 2

El grito que llegó desde el exterior hizo temblar los viejos ventanales de la mansión.

Todos giraron la cabeza por un instante.

Solo el inspector Marcos permaneció inmóvil.

Sin apartar la vista de Alejandro, habló con voz firme.

—Nadie sale de este sótano.

Dos agentes aparecieron inmediatamente en la puerta y bloquearon la única salida.

Alejandro comprendió que el tiempo se le había agotado.

La joven testigo respiró profundamente.

Durante meses había vivido con miedo.

Pero al ver a Sofía abrazada a los restos de su vestido roto, decidió dejar de callar.

—Yo vi todo.

El silencio cayó como una losa.

Alejandro sonrió con desprecio.

—Piensa bien lo que vas a decir.

La muchacha negó lentamente.

—No fue un juego.

La encerraron aquí hace horas.

Le quitaron el teléfono.

Le rompieron la ropa para obligarla a firmar unos documentos.

El inspector comenzó a escribir cada palabra.

Sofía levantó la mirada.

Las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas.

—Es verdad…

Intentaban obligarme a renunciar a mi parte de la herencia.

Alejandro dio un paso al frente.

—¡Está mintiendo!

Pero uno de los agentes lo sujetó inmediatamente.

Marcos se acercó a la mesa del fondo.

Había varias hojas parcialmente quemadas.

Con cuidado levantó una de ellas.

Aún podía leerse un encabezado.

“Cesión voluntaria de bienes.”

El inspector observó a Alejandro.

—Parece que alguien preparó estos documentos antes de traer a la señorita Sofía.

Nadie respondió.

Entonces la joven testigo sacó un pequeño dispositivo del bolsillo.

Era una memoria USB.

—También tengo esto.

La conectaron al ordenador portátil encontrado en el sótano.

En la pantalla aparecieron varias grabaciones de las cámaras interiores de la mansión.

Las imágenes mostraban a Alejandro y a otros familiares planeando la encerrona días antes.

También se escuchaba claramente una frase.

—Cuando firme, nadie podrá demostrar cómo conseguimos la herencia.

El rostro de Alejandro perdió todo el color.

Los demás cómplices comenzaron a mirarse entre sí con desesperación.

Sin embargo, el inspector frunció el ceño.

Había algo que no encajaba.

Retrocedió unos segundos la grabación.

Amplió una imagen reflejada en el cristal de una vitrina.

Allí aparecía un hombre mayor observando toda la reunión.

No participaba.

Solo escuchaba.

Marcos detuvo el video.

—¿Quién es ese hombre?

La joven testigo palideció.

—Es… el abogado de la familia.

El inspector guardó silencio unos segundos.

Después cerró lentamente el ordenador.

—Entonces esto es mucho más grave de lo que imaginábamos.

Porque si el abogado estuvo presente desde el principio…

No solo intentaban robar una herencia.

Alguien llevaba años manipulando todos los documentos de esta familia desde dentro.

Y esa noche, por primera vez, el verdadero cerebro del engaño acababa de quedar al descubierto.

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