Parte 2: EL SECRETO QUE ALGUIEN ESTABA DISPUESTO A MATAR

Los tres golpes volvieron a retumbar.

Esta vez más fuertes.

Emily retrocedió instintivamente mientras abrazaba a Noah contra su pecho.

Nunca la había visto tan aterrorizada.

—¿Quién es? —pregunté.

Ella negó con la cabeza.

—No abras.

Otra serie de golpes sacudió la puerta.

Después una voz masculina.

—¡Emily! Sabemos que estás ahí.

Sentí un escalofrío.

No reconocía aquella voz.

Pero ella sí.

Su respiración se volvió irregular.

—No…

Dejó escapar un susurro casi inaudible.

—Nos encontraron.

La miré desconcertado.

—¿Quiénes?

No respondió.

Caminó rápidamente hacia la cocina con Noah entre los brazos.

La seguí.

—Emily, dime qué está pasando.

Las lágrimas comenzaron a correr por su rostro.

—Si abres esa puerta… todo habrá terminado.

No entendía absolutamente nada.

Cinco minutos antes estaba convencido de que ella me había reemplazado.

Ahora descubría que tenía un hijo.

Y mi exesposa actuaba como si alguien quisiera arrebatárselo.

Los golpes cesaron.

Un segundo después sonó mi teléfono.

Era mi director de seguridad.

Contesté inmediatamente.

—¿Qué ocurre?

Su voz sonaba alterada.

—Señor Rowan… ¿está con la señora Carter?

Miré a Emily.

—Sí.

—Escúcheme con atención.

No permita que nadie entre en esa casa.

Sentí que el estómago se cerraba.

—¿Por qué?

—Hace veinte minutos detectamos movimientos sospechosos alrededor de la propiedad.

Miré por la ventana.

Un SUV negro permanecía estacionado frente a la casa.

Con las luces apagadas.

—¿Quiénes son?

Hubo un silencio.

—Todavía no estamos seguros.

Pero creemos que buscan a Emily.

Colgué lentamente.

Emily comprendió inmediatamente por mi expresión que ya no podía seguir ocultándolo.

Se sentó en una silla.

Apretó con fuerza a Noah.

—No te conté del embarazo porque…

Respiró profundamente.

—Porque alguien intentó matarme.

El mundo dejó de tener sentido.

—¿Qué?

—Hace seis meses.

Dos semanas después de que firmáramos el divorcio.

Tuve un accidente.

Negué con la cabeza.

—Nunca escuché nada.

Ella soltó una risa amarga.

—Porque no fue un accidente.

Sacó lentamente su teléfono.

Buscó una fotografía.

Me la entregó.

Era su automóvil completamente destruido contra un muro de concreto.

La parte trasera estaba aplastada.

—Un camión me embistió tres veces.

Hasta sacarme de la carretera.

Sentí un nudo en el pecho.

—¿La policía?

—Nunca encontró al conductor.

Levantó lentamente la vista.

—Pero sí encontró algo.

Abrió otra imagen.

Un informe pericial.

La última página estaba marcada.

“Los frenos del vehículo de la víctima presentaban manipulación previa.”

Mi respiración comenzó a acelerarse.

—Emily…

Ella continuó.

—El detective me dijo que abandonara Seattle durante un tiempo.

Que no hablara con nadie.

Ni siquiera contigo.

—¿Por qué conmigo?

Su respuesta me dejó sin aire.

—Porque creyó que el ataque estaba relacionado con Rowan Technologies.

El silencio cayó sobre la cocina.

Yo dirigía una empresa valorada en miles de millones.

Habíamos tenido disputas comerciales.

Competidores.

Demandas.

Intentos de espionaje industrial.

Pero jamás imaginé que alguien pudiera perseguir a mi familia.

Emily acarició suavemente la cabeza de Noah.

—Cuando descubrí que estaba embarazada…

Bajó la mirada.

—Comprendí que ya no solo debía protegerme yo.

Debía protegerlo a él.

Por eso desaparecí.

Por eso cambié de teléfono.

Por eso nadie sabía dónde vivía.

Las piezas comenzaron a encajar.

Su silencio.

Su desaparición.

El divorcio tan repentino.

No me había abandonado.

Intentaba mantener vivo a nuestro hijo.

En ese instante volvió a sonar el timbre.

Esta vez una sola vez.

Después una voz diferente.

—Emily…

Ella se quedó completamente inmóvil.

—Soy el detective Harris.

Venimos a sacarte de aquí.

Fruncí el ceño.

—¿Lo conoces?

Asintió lentamente.

Pero no parecía tranquila.

Todo lo contrario.

Estaba aún más asustada.

—¿Qué pasa?

Su voz apenas fue un susurro.

—El detective Harris murió hace dos meses.

Sentí que la sangre se congelaba.

Alguien acababa de utilizar el nombre de un hombre muerto para entrar en la casa.

Mi teléfono vibró nuevamente.

Era un mensaje de mi jefe de seguridad.

“NO ABRA.”

“El verdadero equipo de protección está a siete minutos.”

“Las personas que rodean la casa llevan inhibidores de señal.”

“Creemos que saben que el niño existe.”

Miré a Noah.

Dormía completamente ajeno a todo.

Pero una pregunta comenzó a abrirse paso en mi cabeza.

¿Por qué alguien querría encontrar a un bebé recién nacido?

Emily pareció leer mis pensamientos.

Abrió lentamente un cajón de la cocina.

Sacó una carpeta azul.

La colocó sobre la mesa.

—Hay algo que nunca llegué a contarte.

Abrí la carpeta.

Dentro había resultados médicos.

Pruebas genéticas.

Informes de laboratorio.

Y una carta firmada por un reconocido instituto de investigación.

Levanté la vista confundido.

—¿Qué significa todo esto?

Emily cerró los ojos.

—Cuando estaba embarazada participaron médicos de una investigación muy importante.

Tragó saliva.

—Descubrieron algo completamente inesperado en Noah.

Sentí que el corazón me golpeaba el pecho.

—¿Qué descubrieron?

Ella respondió con lágrimas en los ojos.

—Nuestro hijo nació con una mutación genética extremadamente rara.

Hizo una pausa.

—Una mutación que podría cambiar el tratamiento de una enfermedad que mueve miles de millones de dólares cada año.

En ese mismo instante escuchamos cómo alguien intentaba forzar la puerta principal.

La cerradura comenzó a crujir.

Tomé el atizador de la chimenea.

Me coloqué delante de Emily y de Noah.

Y comprendí demasiado tarde que aquellas personas nunca habían venido por mi empresa.

Ni por mi fortuna.

Habían venido por mi hijo.

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