El médico permaneció inmóvil frente a ellos.
Su expresión bastó para helar el aire del pasillo.
Alejandro se puso de pie de un salto.
—¡Doctor! ¿Cómo está mi hijo?
El hombre bajó lentamente la mirada.
—La operación logró estabilizarlo… pero todavía no está fuera de peligro.
Alejandro sintió que las piernas dejaban de sostenerlo.
Elena no mostró alivio alguno.
Solo continuó observándolo con una frialdad desconocida.
—Llegaste demasiado tarde.
Él quiso acercarse.
Ella retrocedió.

—Déjame verlo, por favor.
—¿Ahora quieres ser su padre?
Las palabras golpearon a Alejandro con más fuerza que cualquier incendio al que hubiera entrado.
—Jamás dejé de quererlo.
Elena soltó una risa amarga.
—Querer no basta cuando nunca estás.
Antes de que pudiera responder, el médico volvió a intervenir.
—Necesitamos hablar con ambos. Hay algo que no entendemos.
Los condujo hasta una pequeña sala de reuniones.
Sobre la mesa descansaban varios análisis de sangre.
El especialista respiró hondo.
—Repetimos las pruebas tres veces porque pensamos que existía un error de laboratorio.
Alejandro frunció el ceño.
—¿Qué ocurrió?
El médico deslizó un informe hacia ellos.
—La compatibilidad genética entre usted y Jinjin es imposible.
El mundo pareció detenerse.
Alejandro miró el documento una y otra vez.
—Eso… eso no puede ser.
Elena también palideció.
—¿Está diciendo que él no es su padre?
—Eso indican todas las pruebas.
Un silencio insoportable llenó la habitación.
Alejandro levantó lentamente la vista hacia su esposa.
—¿Me mentiste durante todos estos años?
Elena negó con desesperación.
—¡No! Yo también creía que eras su padre.
Entonces recordó algo que llevaba años enterrado en su memoria.
Su rostro perdió todo el color.
—No…
Las lágrimas comenzaron a caer sin control.
—El hospital…
Alejandro sintió un escalofrío.
—¿Qué hospital?
Elena apenas podía respirar.
—El día que nació Jinjin… hubo un apagón en la sala de maternidad.
Las enfermeras cambiaron a varios recién nacidos de incubadora durante unos minutos.
El médico abrió lentamente otro expediente.
Dentro había un informe archivado hacía ocho años.
En la portada aparecía una advertencia escrita en rojo.
“Posible intercambio de recién nacidos. Investigación suspendida por orden de la dirección.”
Alejandro levantó la mirada, incapaz de creer lo que estaba leyendo.
Si aquel informe era cierto…
El niño por el que llevaba ocho años dando la vida…
Podría no ser su hijo biológico.
Y su verdadero hijo seguía desaparecido en algún lugar, sin que nadie supiera quién era.