Parte 2: LA HEREDERA QUE TODOS INTENTARON ROBAR

Lucas apretó los puños.

—Valeria tiene que hablar conmigo.

Damian apenas levantó la vista.

—No.

—Es mi prometida.

Damian sonrió con calma.

—Llegas unas veinticuatro horas tarde para decir eso.

En ese momento aparecí en lo alto de la escalera principal del hotel.

Vestía un sencillo traje blanco.

Sin joyas.

Sin maquillaje exagerado.

Solo llevaba la alianza que había firmado aquella misma mañana.

Lucas levantó la cabeza al escuchar mis pasos.

Durante unos segundos ninguno de los dos habló.

Después dio un paso hacia mí.

—Valeria… todo esto ha ido demasiado lejos.

Negué lentamente.

—No. Lo que fue demasiado lejos fue cambiarme por mi hermana delante de todo el mundo.

Elena apareció detrás de él.

Todavía llevaba el maquillaje de la boda.

Sus ojos estaban hinchados por haber llorado durante toda la noche.

—Hermana…

Escúchame.

La miré por primera vez desde que comenzó todo.

—¿Ahora sí soy tu hermana?

El silencio fue absoluto.

Damian tomó la carpeta y la entregó directamente a Lucas.

—Ya que insististe tanto en buscarla… léete esto.

Lucas abrió los documentos.

Su expresión cambió página tras página.

Eran copias certificadas del testamento de mi abuela.

También había certificados de acciones.

Contratos.

Y un anexo firmado años atrás.

Lucas levantó lentamente la vista.

—Esto…

No puede ser.

Damian respondió con tranquilidad.

—Sí puede.

La verdadera heredera del Grupo Foster nunca fue Elena.

Siempre fue Valeria.

Elena dio un paso atrás.

—Papá dijo que…

—Papá mintió —respondí con serenidad.

Saqué otra carpeta.

—Y aquí están las pruebas.

Había informes periciales.

Copias notariales.

Y varios documentos que demostraban que mis padres habían ocultado deliberadamente el último codicilo del testamento.

Durante años hicieron creer a todo el mundo que la herencia debía dividirse por igual.

Pero la voluntad de mi abuela era completamente distinta.

Las acciones de control me pertenecían exclusivamente a mí.

Porque yo había trabajado junto a ella durante los últimos años de su vida.

Lucas comenzó a respirar con dificultad.

Comprendía perfectamente lo que aquello significaba.

Su compromiso con Elena nunca había sido por amor.

Había sido un movimiento empresarial.

Y acababa de descubrir que había apostado por la persona equivocada.

Elena rompió el silencio.

—Mamá dijo que los abogados confirmarían todo…

Damian dejó sobre la mesa un nuevo sobre.

—Lo hicieron.

Pero no para ustedes.

Dentro había una resolución judicial emitida la tarde anterior.

El testamento auténtico había sido reconocido oficialmente.

Todas las restricciones sobre mis acciones quedaban levantadas.

Desde ese mismo instante recuperaba el control total de mi participación en el Grupo Foster.

Lucas sintió que el color desaparecía de su rostro.

—Entonces…

¿Tú controlas la empresa?

Negué con calma.

—No.

Todavía no.

Pero sí tengo suficientes derechos para decidir quién vuelve a entrar en ella.

Y quién no.

En ese momento sonó el teléfono de Lucas.

Contestó sin apartar la vista de mí.

Solo alcanzó a decir:

—¿Sí?

Al otro lado habló el director jurídico de Sterling Holdings.

—Señor Sterling…

Tenemos un problema muy serio.

El consejo acaba de cancelar la fusión con los Foster.

Lucas cerró los ojos.

—¿Por qué?

—Porque la familia Blackwood acaba de adquirir la participación necesaria para bloquear toda la operación.

Lucas miró inmediatamente a Damian.

Él simplemente acomodó los gemelos de su camisa.

—No fui yo.

Lucas frunció el ceño.

—¿Entonces quién?

Damian giró lentamente hacia mí.

—Explícaselo tú.

Respiré hondo.

—Ayer, una hora antes de firmar nuestro matrimonio, ejercí mi derecho como heredera y vendí temporalmente mis derechos de voto.

Lucas permanecía inmóvil.

—¿A quién?

Damian respondió antes que yo.

—A Blackwood Capital.

Ahora cualquier decisión importante del Grupo Foster necesita también nuestra aprobación.

Elena dejó caer el bolso al suelo.

—No…

Eso es imposible.

Sonreí por primera vez.

—Eso mismo pensé yo cuando descubrí que mi familia llevaba años intentando robarme la herencia.

Pero aún no había terminado.

Un automóvil negro se detuvo frente al hotel.

Descendieron dos hombres y una mujer con maletines.

Mostraron sus credenciales.

La mujer habló con voz firme.

—Fiscalía de Delitos Económicos.

Venimos a ejecutar una orden de aseguramiento de documentos relacionados con la sucesión de la señora Beatriz Foster.

Lucas miró confundido a mis padres, que acababan de llegar apresuradamente al hotel.

Fue entonces cuando comprendió la verdad más dolorosa.

Nunca había sido utilizado por mí.

Había sido utilizado por toda la familia Foster.

Y el matrimonio que celebró el día anterior acababa de convertirse en la peor decisión de toda su vida.

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