El estruendo del disparo hizo temblar todo el callejón.
Lucas abrió los ojos de golpe.
Mateo cayó de rodillas sobre el pavimento empapado.
La sangre comenzó a extenderse lentamente bajo su cuerpo.
El inspector corrió hacia él.
—¡Mateo!
Pero el fugitivo negó con la cabeza.
—No… no fuiste tú.
Ambos levantaron la vista al mismo tiempo.
Sobre el tejado de un edificio cercano apareció la silueta de un hombre armado.
Sin esperar un segundo disparo, desapareció entre la oscuridad.
Lucas comprendió la verdad.
Alguien quería que Mateo muriera antes de ser arrestado.
Las patrullas llegaron al callejón.
Los agentes apuntaron inmediatamente hacia Mateo.
—¡Aléjese de él, inspector!
Lucas levantó la mano.
—¡Bajen las armas! El disparo vino desde otro lugar.
Nadie entendía lo que estaba ocurriendo.
Mateo respiraba con enorme dificultad.
Con manos temblorosas sacó un pequeño pendrive oculto dentro de su chaqueta.
Lo colocó en la mano de Lucas.
—Aquí… está todo.
—¿Qué contiene?
—Las cuentas… los nombres… las grabaciones…
Su voz casi no podía escucharse.
—La corporación Horizonte compró policías… jueces… fiscales…
Lucas sintió un escalofrío.
Conocía ese nombre.
Era la empresa que había financiado durante años los programas especiales de la policía.
—¿Quién dirige todo esto?
Mateo sonrió con amargura.
—No es quien tú crees.
En ese momento, una patrulla recibió una llamada urgente por radio.
El operador hablaba con evidente nerviosismo.
—Atención a todas las unidades. Orden inmediata de detener al inspector Lucas por colaborar con un fugitivo.
Todos los agentes quedaron inmóviles.
Lucas levantó lentamente la cabeza.
—¿Qué?
El comandante que acababa de llegar desenfundó su arma.
—Entrégueme el pendrive y levante las manos.
Lucas comprendió que la conspiración era mucho más grande de lo que había imaginado.
Miró a Mateo.
Él apenas podía mantenerse consciente.
—Te lo dije…
El inspector escondió discretamente el dispositivo dentro de su chaleco.
—No dejaré que esto termine aquí.

El comandante dio otro paso.
—Es su última advertencia.
Antes de que pudiera acercarse, un helicóptero sobrevoló el callejón.
Un potente reflector iluminó toda la escena.
Una voz retumbó desde los altavoces.
—¡Nadie dispare!
Todos levantaron la vista.
El helicóptero no pertenecía a la policía.
En un costado llevaba el emblema de la Fiscalía Anticorrupción.
La puerta lateral se abrió.
Una fiscal descendió con un equipo de agentes federales.
Miró directamente a Lucas y pronunció una frase que dejó a todos sin aliento.
—Inspector, llevamos dos años investigando esta conspiración… y usted también figuraba como uno de los principales sospechosos. Hasta esta noche.