El hombre armado sonrió mientras apuntaba directamente al pecho de Carlos.
—Entregad la muestra y quizá salgáis vivos.
Elena dio un paso atrás sin apartar la mirada de su enemigo.
—Jamás.
Aprovechando un instante de distracción, Carlos lanzó la caja de madera contra una estantería metálica.
El estruendo resonó por todo el laboratorio.
Decenas de frascos antiguos cayeron al suelo y explotaron en una nube de cristales y polvo.
El hombre disparó.
La bala rozó el hombro de Carlos, que cayó al suelo entre un intenso dolor.
—¡Corre! —gritó él.
Elena escapó por un pasillo lateral mientras escondía la pequeña muestra dentro del forro de su abrigo.
Detrás de ella sonaban pasos cada vez más cercanos.
El laboratorio parecía un laberinto olvidado.
Puertas oxidadas.

Equipos cubiertos por sábanas.
Archivos destruidos por la humedad.
Al llegar a una antigua sala de investigación encontró un ordenador conectado a un generador de emergencia que seguía funcionando.
La pantalla aún estaba encendida.
Introdujo la fecha que aparecía escrita en la caja de madera.
Decenas de expedientes secretos aparecieron inmediatamente.
Pacientes utilizados como sujetos de prueba.
Informes médicos alterados.
Resultados manipulados durante más de veinte años.
Y un nombre repetido en todos los documentos.
Proyecto Serpiente.
El director responsable figuraba como fallecido desde hacía quince años.
Pero el último registro tenía fecha de apenas tres días atrás.
Alguien seguía utilizando aquella instalación.
En ese momento Carlos llegó tambaleándose, sujetándose la herida.
—Tenemos que irnos.
Elena negó con la cabeza.
—No. Mira esto.
Él leyó el último documento y quedó completamente paralizado.
En la lista de investigadores activos aparecía una fotografía reciente.
No era un desconocido.
Era el mismo doctor que llevaba semanas colaborando con la policía y que había asegurado querer ayudarlos.
Los había traicionado desde el primer día.
Antes de que pudieran reaccionar, todas las pantallas del laboratorio cambiaron al mismo tiempo.
Solo apareció una frase escrita en rojo.
“Ya sabemos dónde está la muestra.”
Las luces se apagaron de golpe.
Y, desde el pasillo, comenzaron a escucharse decenas de pasos acercándose hacia ellos.