Carlos aceleró por la carretera mientras los limpiaparabrisas apenas lograban vencer la lluvia.
Miró por el retrovisor.
Los dos vehículos negros seguían detrás de él.
Ya no había dudas.
La organización había descubierto que pensaba desaparecer.
Tomó el teléfono y marcó el número de su madre.
—Mamá, escucha con atención.
Ella respondió entre sollozos.
—Sabía que algo iba a pasar.
—Ve ahora mismo a buscar a Daniel.
—¿Y tú?
Carlos guardó silencio unos segundos.
—Si no llego esta noche, no dejes que nadie se acerque a él.
La llamada terminó.
Apenas unos kilómetros después, un camión bloqueó completamente la carretera.
Carlos frenó bruscamente.

Los dos coches negros lo rodearon.
Cinco hombres armados descendieron lentamente.
Al frente caminaba Víctor, el segundo al mando de la organización.
—Sabía que terminarías traicionándonos.
Carlos salió del vehículo sin oponer resistencia.
—Todo esto nunca fue por dinero.
Víctor sonrió con desprecio.
—Lo sabemos.
Sacó una fotografía.
Era la misma imagen que Carlos llevaba siempre en la cartera.
—Por eso secuestramos a tu hijo hace tres meses.
Carlos sintió que la sangre se le helaba.
—¿Qué has dicho?
Víctor lanzó la fotografía al suelo.
—El niño con el que ibas a reunirte hoy…
Hizo una breve pausa.
—No es tu hijo.
El mundo pareció detenerse.
—Es un doble preparado para comprobar si seguías siendo leal.
Carlos retrocedió un paso.
—¡Mientes!
Víctor sacó una tableta.
En la pantalla apareció una grabación.
Su verdadero hijo permanecía encerrado en una habitación desconocida.
Seguía con vida.
Pero era un rehén desde hacía meses.
Carlos comprendió entonces que había sido manipulado desde el principio.
Incluso el cambio de la reunión había formado parte de la trampa.
En ese momento se escuchó el sonido de varios helicópteros.
No pertenecían a la organización.
Eran de la unidad especial de la fiscalía.
Reflectores iluminaron toda la carretera.
Víctor maldijo en voz baja.
—¿Cómo nos encontraron?
Carlos levantó lentamente la mirada.
Una ligera sonrisa apareció en su rostro por primera vez en mucho tiempo.
—Porque ese era el verdadero plan.
Todos quedaron inmóviles.
Carlos sacó un pequeño transmisor oculto bajo el reloj.
La luz roja llevaba horas parpadeando.
—Nunca trabajé para vosotros.
Trabajé para infiltrarme.
Los agentes descendieron de los helicópteros rodeando el lugar.
Víctor intentó escapar, pero ya era demasiado tarde.
Sin embargo, el director de la operación se acercó a Carlos con expresión grave.
—Hay un problema.
Carlos sintió un mal presentimiento.
—¿Mi hijo?
El agente negó lentamente.
—Lo hemos buscado en todas las direcciones que aparecían en la grabación.
No estaba allí.
La grabación había sido hecha semanas antes.
Víctor comenzó a reír mientras era esposado.
—Podéis arrestarme…
Miró fijamente a Carlos.
—Pero jamás encontraréis al niño.
Porque el hombre que lo tiene cautivo… nunca perteneció a nuestra organización.
Era el jefe de la unidad encubierta que trabajó contigo desde el primer día.
Carlos quedó completamente paralizado.
La persona en quien más había confiado acababa de convertirse en el verdadero responsable de la desaparición de su hijo.