Parte 2: LA LLAMADA QUE CAMBIÓ TODA LA HISTORIA

El teléfono seguía sonando en mi mano.

La lluvia caía con fuerza.

Miré la pantalla.

Número oculto.

Contesté.

—¿Sí?

Durante dos segundos solo escuché estática.

Después…

La voz habló.

—Emily…

No abras todavía el segundo documento del sobre.

Sentí que el mundo se detenía.

Aquella voz…

Era la de mi padre.

Retrocedí un paso.

—Papá…

Eso es imposible.

Te enterré hace tres días.

La respiración al otro lado de la línea era lenta.

Controlada.

—Escúchame.

No tenemos mucho tiempo.

No estoy muerto.


Las piernas dejaron de sostenerme.

Caí de rodillas sobre la acera empapada.

—¿Qué… qué estás diciendo?

—El accidente fue preparado.

Sabía que intentarían matarme.

Por eso desaparecí antes de que pudieran terminar el trabajo.

Las lágrimas comenzaron a mezclarse con la lluvia.

—¿Dónde estás?

—No puedo decirlo.

Todavía no.

Hay gente escuchando.


Miré inmediatamente hacia la mansión.

Las luces seguían encendidas.

Gavin celebraba.

Creía que había ganado.

No tenía idea de que el hombre cuya muerte utilizó para quedarse con el imperio seguía vivo.


Mi padre continuó.

—Abre el sobre.

Solo la primera carpeta.

Hice exactamente lo que me indicó.

Dentro encontré varias fotografías.

La primera mostraba el automóvil de mi padre días antes del supuesto accidente.

Un mecánico manipulaba discretamente el sistema de frenos.

La siguiente fotografía ampliaba el rostro del hombre.

Sentí un escalofrío.

Era el jefe de mantenimiento contratado por Gavin apenas dos meses antes.


Después apareció un informe.

Investigador privado.

Seguimiento durante seis meses.

Había fotografías de Gavin reuniéndose repetidamente con un empresario llamado Victor Kane.

Un hombre conocido por comprar compañías utilizando amenazas, sobornos y accidentes “fortuitos”.

Mi padre volvió a hablar.

—Llevaba casi un año investigándolos.

Sabía que no solo querían Summit Enterprises.

Querían todo el holding Albright.


Pasé a la siguiente hoja.

Había una lista de cuentas bancarias.

Transferencias.

Empresas pantalla.

Y una fecha.

Dos semanas antes del accidente.

Exactamente el mismo día en que Gavin me hizo firmar los supuestos documentos bancarios mientras tenía fiebre.

Todo había sido preparado mucho antes.


—Papá…

¿Por qué no acudiste a la policía?

Su respuesta tardó unos segundos.

—Porque alguien dentro de la policía les avisaba siempre.

Por eso fingí mi muerte.

Necesitaba descubrir quién estaba detrás.

Y también necesitaba saber…

Si Gavin actuaba solo.


En ese instante varias camionetas negras se detuvieron frente a la mansión.

No eran patrullas.

Eran vehículos del Departamento Federal de Delitos Financieros.

Miré sorprendida.

—¿Qué está pasando?

Mi padre respondió con absoluta calma.

—Ya llegaron.


Las puertas de la casa fueron abiertas por la fuerza.

Varios agentes entraron mostrando órdenes judiciales.

Desde el balcón apareció Gavin.

Seguía sosteniendo la copa de vino.

Su sonrisa desapareció al instante.

Celina comenzó a gritar desde el interior.

—¿Qué significa esto?

El agente principal levantó una carpeta.

—Orden de registro por fraude corporativo, falsificación documental y tentativa de homicidio.


Observé cómo esposaban a Gavin.

Él seguía buscando una explicación.

No entendía cómo todo se había derrumbado tan rápido.

Entonces levantó la vista.

Me vio al otro lado de la calle.

Sonriendo.

Comprendió inmediatamente que yo ya sabía toda la verdad.


Pensé que aquello era el final.

Hasta que mi padre volvió a hablar.

—Emily…

Todavía hay algo que no sabes.

Abrí la última carpeta del sobre.

Dentro solo había una hoja.

En el centro aparecía una única fotografía.

Era yo.

Con ocho años.

Tomada en un parque.

A mi lado estaba un hombre que jamás había visto.

Debajo había una frase escrita por mi padre.

“Si estás leyendo esto, significa que ya descubriste que Gavin intentó robar la empresa. Ahora debes descubrir algo mucho más importante.”

Respiré con dificultad.

Seguí leyendo.

“Yo no soy tu padre biológico.”

Las siguientes palabras hicieron que dejara caer el sobre sobre la acera mojada.

“Y el hombre que aparece en esa fotografía… acaba de convertirse hace seis meses en el principal accionista oculto de Summit Enterprises.”

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