PARTE 2: LA CARTA QUE DESTRUYÓ A JOSÉ.

José tomó la carta con las manos temblorosas.

El sobre llevaba su nombre escrito con la letra de Min.

Durante varios segundos no se atrevió a abrirlo. Una parte de él todavía esperaba que Min regresara arrepentido, como había ocurrido tantas veces después de sus discusiones.

Pero aquella noche era diferente.

Min no había dejado ropa en el armario.

Tampoco estaban sus documentos ni la pequeña caja donde guardaba las fotografías de su madre.

Se había marchado de verdad.

José rompió el sobre con desesperación.

Dentro encontró una carta y una copia de varios documentos bancarios.

—¿Qué significa esto? —murmuró.

Chen levantó la cabeza desde el otro extremo de la habitación.

Al ver los papeles, su rostro perdió el color.

José comenzó a leer.

“Cuando recibas esta carta, ya estaré lejos. Durante meses creí que Chen intentaba alejarte de mí por celos. Ahora sé que la verdad era mucho peor.”

José miró a Chen con desconfianza.

—¿Qué hiciste?

—Déjame explicarlo —respondió Chen con voz apagada.

José continuó leyendo.

“Chen no quería ocupar mi lugar. Él estaba protegiendo el secreto que ambos decidisteis ocultarme. El dinero que desapareció de la fundación fue transferido a una empresa registrada a su nombre, pero todas las órdenes fueron autorizadas por ti.”

El aire abandonó los pulmones de José.

Las hojas cayeron sobre la mesa.

—Eso es mentira.

Chen cerró los ojos.

—No lo es.

José se lanzó hacia él y lo sujetó por el cuello de la camisa.

—¡Dime que esos documentos son falsos!

—Tú me pediste que firmara —confesó Chen—. Dijiste que devolverías el dinero antes de que Min descubriera las cuentas.

José lo soltó como si acabara de tocar fuego.

Todo había comenzado meses atrás, cuando una inversión secreta amenazó con arruinar el imperio familiar. José había utilizado dinero de la fundación que Min administraba para cubrir las pérdidas.

Chen aceptó aparecer como responsable.

A cambio, José prometió protegerlo.

Sin embargo, Min había encontrado las transferencias.

—¿Por qué no me dijiste que lo sabía? —preguntó José.

—Porque todavía te amaba —respondió Chen—. Pensé que, si Min se iba, finalmente me elegirías.

José retrocedió horrorizado.

Entonces comprendió la magnitud de la verdad.

Mientras él enfrentaba a Min y lo acusaba de traición, Min había estado reuniendo pruebas para salvar la fundación y evitar que cientos de familias perdieran la ayuda económica que dependía de ella.

José recogió la carta y leyó las últimas líneas.

“No me marcho porque haya dejado de amarte. Me marcho porque comprendí que amarte significaba destruirme. Entregué una copia de las pruebas a las autoridades. Mañana, al amanecer, todo saldrá a la luz.”

Un trueno sacudió la mansión.

José miró el reloj.

Faltaban veinte minutos para el amanecer.

—Tenemos que encontrarlo —dijo.

Chen negó lentamente.

—Min no quiere ser encontrado.

José corrió hacia su despacho y abrió la caja fuerte. Estaba vacía.

Los contratos, las escrituras y los registros de la fundación habían desaparecido.

En su lugar había una fotografía antigua.

En ella aparecían los tres, años atrás, sonriendo frente a una casa pequeña. Antes del dinero. Antes de las mentiras. Antes de que el amor se convirtiera en una competencia cruel.

José apretó la fotografía contra su pecho.

Por primera vez entendió que no había perdido a Min aquella noche.

Lo había perdido cada vez que lo humilló.

Cada vez que eligió su orgullo.

Cada vez que creyó que el dinero obligaría a Min a permanecer a su lado.

De repente, varias luces azules iluminaron los cristales de la mansión.

Tres vehículos se detuvieron frente a la entrada principal.

Chen observó por la ventana con terror.

—Ya llegaron.

José permaneció inmóvil mientras varios agentes descendían bajo la lluvia.

El amanecer comenzaba a teñir el cielo.

La verdad finalmente había salido a la luz.

Y Min estaba a punto de revelar el último secreto que ninguno de los dos esperaba.

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