PARTE 2: EL IMPERIO CAÍDO Y LA NOVIA QUE NUNCA PUDIERON VENCER.

Los aplausos se apagaron lentamente mientras el salón entero permanecía inmóvil.

Nadie sabía si acababa de presenciar una boda o el derrumbe de un imperio.

El prometido seguía de rodillas.

Sus manos temblaban mientras recogía desesperadamente los documentos esparcidos sobre el mármol.

—¡Esto es imposible!

Su voz ya no tenía la arrogancia de unos minutos antes.

Solo quedaba miedo.

Ranran le arrebató uno de los papeles.

Lo leyó una vez.

Después otra.

Su rostro perdió todo el color.

—No… esto debe ser falso…

Yo sonreí con absoluta serenidad.

—Llama a tu director financiero.

Él sacó el teléfono con manos nerviosas.

Marcó.

Esperó.

La llamada fue contestada casi de inmediato.

Todos escuchábamos el altavoz.

—Señor… los bancos ejecutaron todas las garantías esta mañana. Un fondo compró el cien por ciento de nuestras deudas… ya no controlamos la empresa.

El silencio volvió a caer.

—¿Quién compró todo?

La respuesta llegó como un disparo.

—La señorita Lin.

Todas las miradas se clavaron sobre mí.

Ranran retrocedió dos pasos.

—¡No puede ser!

Respiré profundamente.

—Durante tres años fingisteis enamoraros mientras vaciabais mis proyectos, robabais mis contactos y utilizabais mi dinero para levantar vuestra empresa.

Saqué otro sobre.

Esta vez blanco.

Lo entregué al maestro de ceremonias.

Él dudó unos segundos antes de abrirlo.

Dentro había decenas de fotografías.

Conversaciones.

Transferencias bancarias.

Reservas de hoteles.

Contratos firmados por Ranran utilizando empresas fantasma.

Los invitados comenzaron a murmurar.

Algunos reconocían inmediatamente aquellos documentos.

Varios socios abandonaron discretamente sus mesas.

Uno de los inversionistas más importantes se levantó.

—Retiro toda mi participación.

Otro hizo lo mismo.

—Nuestra compañía rompe cualquier negociación pendiente.

En menos de cinco minutos el teléfono del prometido no dejó de sonar.

Cada llamada era una cancelación.

Cada mensaje significaba otra pérdida.

Su supuesto imperio desaparecía delante de cientos de testigos.

Ranran corrió hacia mí.

—¡Todo esto fue una trampa!

La miré sin mover un músculo.

—No.

Hice una breve pausa.

—La trampa fue creer que una mujer inteligente nunca descubriría vuestra traición.

Ella intentó abofetearme.

Uno de los agentes de seguridad sujetó su brazo antes de que pudiera tocarme.

Yo ni siquiera tuve que moverme.

Mi ex prometido comenzó a llorar.

—Por favor… dame otra oportunidad.

Negué lentamente con la cabeza.

—La noche que decidiste humillarme delante de todos… ya habías perdido todo.

Me giré hacia la salida.

Antes de cruzar las puertas del salón, pronuncié unas últimas palabras.

—Hoy no cancelé una boda.

Miré por encima del hombro.

—Hoy cerré definitivamente el peor negocio de mi vida.

Las enormes puertas se abrieron.

Los fotógrafos dejaron de perseguir al novio arruinado.

Ahora todas las cámaras me seguían únicamente a mí.

Detrás de mí solo quedaron gritos, acusaciones y el sonido de un imperio derrumbándose para siempre.

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