Sofía no se volvió.
Sus tacones resonaron con firmeza sobre el brillante suelo de mármol mientras detrás de ella el salón entero quedaba sumido en un silencio insoportable.
Nadie respiraba.
Nadie se atrevía a recoger los documentos esparcidos alrededor de Mateo.
El joven permaneció inmóvil durante varios segundos.
Después soltó una carcajada llena de desprecio.
—¿De verdad crees que unos papeles pueden destruirme?
Se inclinó lentamente para recoger la primera hoja.
Su sonrisa desapareció en menos de dos segundos.
Luego tomó la segunda.
Su rostro comenzó a perder el color.
En la tercera hoja aparecía una copia de varias transferencias bancarias realizadas a empresas fantasma registradas a nombre de antiguos empleados.
Las cifras superaban varios cientos de millones de yuanes.
Mateo tragó saliva.
Por primera vez aquella noche parecía realmente asustado.
Ranran se acercó rápidamente.
—¿Qué ocurre? ¿Qué contienen esos documentos?
Él intentó esconderlos.
Pero ya era demasiado tarde.
Una ráfaga de aire provocada por el sistema de ventilación levantó varias hojas y las lanzó hacia los invitados.
Un reconocido empresario atrapó una de ellas casi por reflejo.
Frunció el ceño.
Volvió a leerla con atención.
Después levantó lentamente la mirada hacia Mateo.
—Esto… esto lleva mi firma falsificada.
Otro hombre tomó otra hoja.

—Aquí también aparece mi empresa.
Una mujer elegante comenzó a revisar otro documento.
—¿Cómo es posible? Estas fechas coinciden con la auditoría del año pasado.
Los murmullos crecieron rápidamente.
Los teléfonos móviles empezaron a grabar todo.
Los periodistas, que minutos antes solo buscaban fotografías del compromiso, ahora corrían desesperados intentando conseguir imágenes de los documentos.
Mateo sintió un sudor frío recorrerle la espalda.
—¡No los toquen! ¡Son falsificaciones!
Su voz ya no sonaba segura.
Sonaba desesperada.
Sofía se detuvo junto a la gran puerta del salón.
Sin girarse todavía, habló con absoluta tranquilidad.
—No son copias hechas por mí.
Todos la observaron.
Ella respiró profundamente antes de continuar.
—Son documentos entregados por alguien que trabajó durante siete años dentro del departamento financiero de la empresa Liang.
El padre de Mateo dio un paso adelante.
Su expresión cambió por completo.
—¿Quién te dio eso?
Sofía sonrió por primera vez en toda la noche.
No era una sonrisa de alegría.
Era la sonrisa de alguien que llevaba demasiado tiempo esperando ese instante.
—La misma persona que durante años limpió todos los errores de vuestro hijo.
Ranran sintió un escalofrío.
Había algo en la mirada de Sofía que nunca había visto antes.
No había tristeza.
No quedaba amor.
Solo una determinación absoluta.
Mateo intentó recuperar el control.
—No escuchéis una sola palabra más. Está resentida porque decidí terminar nuestra relación.
Sofía soltó una pequeña risa.
—¿Terminar?
Finalmente se dio la vuelta.
Sus ojos brillaban con una serenidad que resultaba aterradora.
—Mateo… fui yo quien terminó contigo hace exactamente tres meses.
Toda la sala quedó confundida.
Mateo abrió mucho los ojos.
—¿Qué estás diciendo?
—Desde el día en que descubrí que tú y Ranran llevabais dos años engañándome.
Ranran retrocedió un paso.
Su respiración comenzó a acelerarse.
Sofía abrió nuevamente su bolso.
Esta vez sacó un pequeño dispositivo plateado.
Lo levantó delante de todos.
—Y todavía no habéis escuchado lo peor.
Mateo sintió que el corazón dejaba de latir por un instante.
Reconoció inmediatamente aquella grabadora de voz.
Sabía perfectamente qué conversación estaba almacenada allí.
Y comprendió, demasiado tarde, que el verdadero desastre apenas acababa de empezar.