PARTE 2: EL MILLONARIO DETUVO LA BODA

La lluvia golpeaba con fuerza el techo del automóvil negro.

Elena permanecía inmóvil.

No conocía a aquel hombre.

Sin embargo, él pronunciaba su nombre con absoluta seguridad.

—¿Quién es usted?

El elegante desconocido abrió la puerta trasera.

—Si no subes ahora, ellos vendrán por ti.

Elena giró la cabeza.

Carlos, su madre y varios familiares ya corrían calle abajo.

La anciana seguía sosteniendo el viejo tazón entre las manos.

—¡No dejen que escape!

Los gritos rompían el silencio de la tarde.

Sin pensarlo más, Elena entró al vehículo.

Las puertas se cerraron automáticamente.

El automóvil arrancó antes de que los perseguidores pudieran alcanzarlo.

Durante varios minutos nadie habló.

Solo se escuchaba la lluvia golpeando los cristales.

Finalmente, el hombre rompió el silencio.

—Mi nombre es Alejandro Montenegro.

Elena sintió un escalofrío.

Aquel apellido era conocido en toda la ciudad.

Alejandro era el empresario más poderoso de la región.

Un hombre cuya influencia alcanzaba empresas, fundaciones y hasta instituciones públicas.

—¿Cómo sabe quién soy?

Él sonrió con serenidad.

—Porque llevo semanas investigando a la familia de Carlos.

Elena lo miró sorprendida.

—No entiendo nada.

Alejandro sacó una carpeta del asiento.

La abrió lentamente.

Dentro había fotografías.

Documentos.

Estados financieros.

Y varias denuncias archivadas.

—No eres la primera novia.

El corazón de Elena dio un vuelco.

—¿Qué quiere decir?

Alejandro deslizó una fotografía hacia ella.

En la imagen aparecía otra joven vestida de blanco.

También sostenía un velo entre las manos.

—Hace tres años intentaron obligarla a realizar exactamente el mismo ritual.

Ella se negó.

Canceló la boda.

Y desapareció pocos días después.

Elena sintió que la sangre se le helaba.

—¿Desapareció?

Alejandro asintió lentamente.

—Nunca volvió a verla su familia.

El automóvil entró en un amplio jardín rodeado de árboles.

Las enormes puertas de una mansión comenzaron a abrirse.

Antes de bajar, Alejandro volvió a mirar a Elena.

—Ese supuesto ritual nunca fue una tradición ancestral.

Fue una prueba de obediencia.

Quien aceptaba humillarse aquel día pasaba el resto de su vida sometida por esa familia.

Elena respiró con dificultad.

Todo empezaba a tener sentido.

Carlos jamás había intentado defenderla.

Porque siempre había estado de acuerdo con aquel abuso.

En ese momento sonó el teléfono de Alejandro.

Uno de sus investigadores hablaba con evidente urgencia.

El empresario escuchó unos segundos.

Su expresión cambió por completo.

Colgó lentamente.

Miró a Elena con absoluta seriedad.

—Acaban de encontrar a la mujer que desapareció hace tres años.

Elena sintió un nudo en la garganta.

—¿Está viva?

Alejandro respondió con voz grave.

—Sí.

Pero acaba de decir que tu nombre… era el siguiente en la lista de esa familia.

Lee la Parte 3.

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