PARTE 2: EL TESTAMENTO OCULTO.

Los dos oficiales permanecían inmóviles junto a la puerta principal.

Nadie en el comedor se atrevía a respirar.

Mateo observó la ventana trasera buscando una salida, pero comprendió que ya era demasiado tarde.

Elena sostuvo el sobre amarillo con firmeza.

—Las pruebas ya están en manos de las autoridades. Esta noche nadie podrá esconder la verdad.

Uno de los oficiales dio un paso adelante.

—Señor Mateo, necesitamos que nos acompañe para responder por varias denuncias relacionadas con fraude y apropiación indebida.

Mateo golpeó la mesa con rabia.

—¡Todo esto es una trampa!

El abuelo levantó lentamente la cabeza.

Su voz era débil, pero bastó para silenciar a toda la familia.

—Déjenlo hablar.

Todos dirigieron la mirada hacia el anciano.

Durante meses había permanecido callado, soportando el dolor de la enfermedad y la desilusión.

Con manos temblorosas abrió un viejo cajón de la vitrina que estaba junto a su silla.

Sacó una pequeña llave plateada.

—Hay una caja fuerte detrás del retrato de tu madre.

La tía mayor corrió hacia el lugar señalado.

Tras mover el cuadro encontró una caja empotrada en la pared.

La abrió utilizando la llave.

Dentro solo había un sobre sellado con cera roja.

El abuelo respiró profundamente.

—Ese documento debía abrirse únicamente cuando nuestra familia estuviera a punto de destruirse.

Elena rompió el sello con cuidado.

Era un testamento firmado cinco años atrás.

Todos quedaron sorprendidos.

El documento revelaba que el abuelo había descubierto el robo del dinero destinado a su tratamiento mucho antes.

Sin embargo, nunca denunció a Mateo.

Quiso darle la oportunidad de arrepentirse.

Las lágrimas comenzaron a correr por el rostro del anciano.

—Esperé hasta el último momento para que volvieras a ser mi hijo.

Mateo bajó lentamente la cabeza.

Por primera vez no encontró ninguna excusa.

Solo un silencio lleno de culpa.

Pero entonces uno de los oficiales recibió una llamada urgente.

Escuchó durante unos segundos y su expresión cambió por completo.

—¿Está seguro?

Guardó el teléfono y miró al abuelo.

—Señor… acabamos de descubrir que el dinero desaparecido no fue solo ciento cincuenta mil yuanes.

El comedor entero quedó paralizado.

—Durante los últimos ocho años alguien retiró millones utilizando su identidad.

Mateo abrió los ojos con incredulidad.

—¡Yo jamás robé tanto!

El oficial asintió lentamente.

—Lo sabemos.

Porque las transferencias fueron autorizadas por una persona que aparece como fallecida desde hace doce años.

Y hace apenas unos minutos, esa misma persona utilizó una de las cuentas bancarias de la familia.

Lee la Parte 3 para descubrir quién fingió su muerte durante doce años y por qué siguió robando a su propia familia desde las sombras.

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