El silencio dominó por completo la enorme mansión.
Mateo observó a su madre.
Luego miró a Elena.
Ninguna de las dos apartaba la vista.
Valeria rompió a llorar con más fuerza.
—¡Me golpeó sin motivo!
Mateo respiró profundamente.
Esperaba que Elena negara aquella acusación.
Pero ella habló con absoluta serenidad.
—Sí.
La abofeteé.
La confesión dejó a todos completamente inmóviles.
Valeria sonrió por dentro.
Creía haber ganado.
—¿Lo ves? Ella misma lo reconoce.
Sin embargo, Elena dio un paso al frente.
—Ahora pregúntale por qué.
La sonrisa de Valeria desapareció.
Mateo frunció lentamente el ceño.
—¿Qué ocurrió antes de que yo llegara?
Elena señaló el sobre de dinero esparcido sobre el suelo.
—Tu madre intentó comprar mi silencio.
Sacó entonces su teléfono móvil.
Abrió una aplicación.
Pulsó el botón de reproducción.
La voz de Valeria inundó inmediatamente el salón.
“Toma este dinero y desaparece. Nunca serás digna de llevar nuestro apellido. Si no aceptas, destruiré tu reputación y haré que mi hijo crea que solo buscas su fortuna.”
Cada palabra quedó registrada con absoluta claridad.
El rostro de Mateo se volvió completamente pálido.
Valeria dio un paso hacia atrás.
—Eso está manipulado…
Pero Elena no había terminado.
Sacó un segundo documento.
Era un cheque firmado por Valeria.
En la parte inferior podía leerse claramente:
“Compensación por cancelar el compromiso matrimonial.”
El silencio se hizo insoportable.
Mateo levantó lentamente la mirada hacia su madre.
—¿Es verdad?
Valeria no encontró ninguna respuesta.
Elena respiró profundamente.
—La bofetada no fue por el dinero.
Fue porque insultó la memoria de mis padres.
Dijo que una mujer criada por personas humildes jamás sería digna de esta familia.
Mateo cerró los ojos unos segundos.
Después tomó el sobre lleno de billetes.
Lo colocó nuevamente frente a su madre.
—El único error que cometió Elena…
Fue no haberme esperado para responderte.
Valeria quedó completamente paralizada.
Jamás imaginó escuchar aquellas palabras de su propio hijo.
Entonces sonó el timbre de la residencia.
El mayordomo abrió la puerta.
Un notario acompañado por dos abogados entró al salón.
—Buscamos a la señorita Elena.
Todos quedaron sorprendidos.
El notario abrió una carpeta sellada.
—Representamos el fideicomiso creado por el señor Ricardo Salazar.
Tras finalizar la investigación sucesoria, hemos confirmado que la única heredera universal es la señorita Elena.
Valeria soltó una risa incrédula.

—¿Ella? ¿Heredera?
El notario colocó varios documentos sobre la mesa.
—No hablamos de una fortuna cualquiera.
La señorita Elena acaba de convertirse en la propietaria mayoritaria del Grupo Salazar.
La empresa que, desde hace veinte años, financia gran parte de los negocios de esta familia.
El salón entero quedó en silencio.
Valeria comprendió que había intentado comprar con unos billetes… a la mujer que, desde ese mismo instante, tenía el poder de decidir el futuro económico de toda su familia.
Lee la Parte 3.