El joven permaneció inmóvil al escuchar aquella confesión.
No podía creer que un niño tan pequeño pronunciara esas palabras con tanta serenidad.
—¿Qué acabas de decir?
Dylan bajó la cabeza.
—Mi mamá recibió dinero cuando yo nací.
—Después me entregó a otra familia.
El hombre sintió un escalofrío.
Aquello no sonaba como la imaginación de un niño.
Sonaba como un recuerdo demasiado doloroso.
—¿Quién te contó eso?
Dylan respiró hondo.
—Lo escuché hace unos meses.
—Mi mamá estaba peleando por teléfono.
—Dijo que todo habría salido perfecto si mi papá nunca hubiera regresado.
El joven frunció el ceño.
—¿Qué papá?
El niño señaló una fotografía que llevaba escondida dentro de su mochila.
Era una imagen muy gastada.
En ella aparecía un hombre abrazándolo cuando apenas tenía unos meses de nacido.
—Él me crió desde bebé.
—Pero hace poco descubrí que no soy su hijo.
—Aun así nunca dejó de quererme.
El joven observó la fotografía con atención.
Su expresión cambió por completo.
Conocía a ese hombre.
Era Daniel Rivas.
Un empresario reconocido que llevaba años buscando desesperadamente a un hijo desaparecido.
Antes de que pudiera decir una palabra, su teléfono comenzó a sonar.
Era precisamente Daniel.
—Marco, necesito tu ayuda.

—Mi hijo desapareció hace una hora.
Marco miró lentamente al pequeño que seguía sujetando su mano.
El corazón comenzó a latirle con fuerza.
—Daniel…
—Creo que el niño está conmigo.
Al otro lado de la llamada solo hubo silencio.
Segundos después, la voz de Daniel se quebró.
—Protégelo.
—Voy para allá.
Mientras tanto, Lucía observaba todo desde el interior de otra camioneta estacionada a pocos metros.
No estaba sola.
Un hombre de traje oscuro dejó caer una carpeta sobre sus piernas.
—El comprador ya pagó el resto del dinero.
Lucía guardó silencio.
—Solo falta recuperar al niño antes de esta noche.
Marco levantó la vista por casualidad.
A través del cristal reconoció inmediatamente el rostro del conductor.
Era un inspector de policía.
El mismo hombre que llevaba años investigando la desaparición de varios menores.
En ese instante comprendió que aquella mujer no solo ocultaba un secreto familiar.
Formaba parte de una red mucho más grande de lo que cualquiera podía imaginar.
Lee la Parte 3 abajo.