Ella cayó de rodillas junto a la mancha de sangre.
Las manos le temblaban mientras tocaba el pavimento aún húmedo.
—¡Juan!
Su voz se perdió en el callejón vacío.
Nadie respondió.
Solo encontró un pequeño colgante de plata que él siempre llevaba al cuello.
Lo apretó con fuerza contra su pecho.
En ese momento, varios vehículos negros rodearon la calle.
Hombres armados descendieron rápidamente.
Ella retrocedió aterrorizada.
Pensó que habían venido a terminar el trabajo.
Sin embargo, el hombre que parecía liderarlos inclinó respetuosamente la cabeza.
—Señorita, debemos llevarla con nosotros.

Ella negó con desesperación.
—¡Primero díganme dónde está Juan!
El hombre guardó silencio durante unos segundos.
Después respondió con una voz grave.
—El señor King sigue con vida.
—Pero su identidad ha quedado expuesta.
Ella sintió que el corazón volvía a latir.
—¿Qué identidad?
El escolta abrió la puerta de una limusina blindada.
Dentro había una tableta encendida.
En la pantalla aparecían todas las cadenas de televisión.
La noticia ocupaba los titulares nacionales.
“Atacan al heredero oculto del Grupo King.”
Ella abrió los ojos con incredulidad.
—Eso… es imposible.
Durante años, Juan le había dicho que era un simple arquitecto.
Jamás mencionó que pertenecía a una de las familias más poderosas del país.
El vehículo comenzó a avanzar.
Nadie habló durante varios minutos.
Finalmente llegaron a una enorme mansión protegida por decenas de guardias.
Un anciano de cabello completamente blanco los esperaba en la entrada.
Al verla, suspiró profundamente.
—Al fin conozco a la mujer por la que mi nieto estuvo dispuesto a arriesgar la vida.
Ella quedó completamente inmóvil.
—¿Su… nieto?
El anciano asintió.
—Juan King nunca huyó de ti.
—Huyó para protegerte.
Antes de que pudiera hacer otra pregunta, un médico salió corriendo desde el interior de la residencia.
Su expresión era alarmante.
—Señor…
—El joven maestro acaba de despertar.
Todos respiraron aliviados.
Pero el médico terminó la frase con el rostro completamente pálido.
—No recuerda absolutamente nada.
—Ni siquiera recuerda quién es la mujer por la que recibió ese disparo.
Lee la Parte 3 abajo.