El técnico conectó el dispositivo al enorme monitor del salón.
Todos los invitados dirigieron la mirada hacia la pantalla.
El video comenzó a reproducirse.
Las cámaras mostraban a Elena conversando tranquilamente con varias invitadas.
En ningún momento se acercó a la vitrina donde estaba el collar.
El jefe de seguridad frunció el ceño.
—Eso no puede ser…
El técnico continuó avanzando la grabación.
De pronto apareció una escena que nadie esperaba.
Una mujer elegantemente vestida aprovechó un apagón de apenas cuatro segundos.
Con absoluta precisión abrió la vitrina utilizando una tarjeta magnética.
Tomó el collar.
Después caminó directamente hacia Elena.
Mientras fingía abrazarla para saludarla, deslizó el estuche vacío dentro de su bolso.
Un murmullo recorrió todo el salón.

Mateo entrecerró los ojos.
Reconoció inmediatamente a la mujer.
Era Verónica.
La organizadora principal de la gala.
La misma persona que había insistido en invitar a Elena aquella noche.
Verónica retrocedió lentamente.
Intentó escapar hacia la salida principal.
—¡Deténganla! —ordenó Mateo.
Dos guardias corrieron tras ella.
Pero, antes de alcanzarla, el jefe de seguridad se interpuso en su camino.
—Nadie la toca.
Todos quedaron desconcertados.
Mateo comprendió al instante lo que significaba.
—Así que tú también formas parte de esto.
El jefe de seguridad sonrió por primera vez.
—Demasiado inteligente, señor Mateo.
Sacó un pequeño control remoto del bolsillo.
Las puertas principales se bloquearon automáticamente.
Varios hombres armados aparecieron mezclados entre los invitados.
El pánico se apoderó del salón.
Verónica dejó de fingir.
Sacó el collar de diamantes de debajo de su vestido.
—El robo nunca fue nuestro verdadero objetivo.
Mateo protegió a Elena colocándola detrás de él.
—Entonces, ¿qué quieren?
Verónica sonrió con frialdad.
—Necesitábamos distraerte para entrar en tu oficina privada.
El rostro de Mateo cambió por completo.
En ese mismo instante sonó el teléfono de su asistente.
Ella respondió temblando.
Segundos después levantó la vista completamente pálida.
—Señor…
—La bóveda de la empresa acaba de ser abierta desde el interior.
Mateo apretó los puños.
Comprendió que el collar solo había sido un señuelo.
Mientras todos buscaban un ladrón inexistente, alguien acababa de robar el documento más valioso de todo su imperio.
Lee la Parte 3 abajo.