Doña Valeria sostuvo el sobre negro con una sonrisa de absoluta superioridad.
Todos los presentes fijaron la mirada en aquel documento.
Mateo sintió un extraño presentimiento.
—¿Qué contiene ese sobre? —preguntó con voz tensa.
La anciana dejó escapar una risa burlona.
—La prueba de que tu esposa te ha mentido desde el primer día.
Sacó lentamente varios documentos.
También había fotografías antiguas y una sentencia judicial.
Los invitados comenzaron a murmurar.
Elena permanecía inmóvil.
Sabía exactamente lo que estaba viendo.
Doña Valeria levantó uno de los papeles.
—Aquí está el acta de su primer matrimonio.
—Y aquí la demanda de divorcio.
La anciana sonrió con desprecio.
—Pero eso no es lo peor.
Mateo tomó los documentos y comenzó a leerlos.
Su expresión cambió lentamente.
No encontró ninguna infidelidad.
No encontró ningún engaño.
Solo encontró denuncias por violencia familiar.
Miró sorprendido a Elena.
—¿Por qué nunca me contaste esto?
Ella bajó la mirada.
—Porque quería olvidar aquella etapa de mi vida.
—No quería que mi pasado destruyera nuestro presente.
Doña Valeria golpeó la mesa con fuerza.

—¡Está ocultando algo más!
Sacó la última fotografía.
En ella aparecía Elena con un bebé en brazos.
Toda la familia quedó en silencio.
La anciana señaló la imagen.
—¿Ves?
—Ya tenía un hijo antes de conocerte.
Mateo observó detenidamente la fotografía.
Después volvió a mirar el documento que sostenía.
Frunció el ceño.
Algo no coincidía.
—Esta fotografía fue tomada hace doce años…
—Pero la fecha del expediente dice otra cosa.
El abogado de la familia pidió revisar los papeles.
Apenas unos segundos después levantó la vista.
—Hay una manipulación evidente.
Todos quedaron desconcertados.
El abogado señaló uno de los sellos.
—Esta sentencia fue alterada.
—Alguien sustituyó varias páginas del expediente original.
Doña Valeria perdió el color del rostro.
—Eso… eso no puede ser.
El abogado abrió la última hoja.
Su expresión se volvió completamente seria.
—Aquí aparece quién solicitó esas modificaciones hace ocho años.
Mateo sintió que el corazón se detenía.
—¿Quién fue?
El abogado respiró profundamente antes de responder.
—La solicitud lleva la firma de la propia señora Valeria.
El salón entero quedó en absoluto silencio.
Nadie podía creer que la mujer que acusaba a Elena hubiera falsificado las pruebas para destruirla.
Pero el abogado aún no había terminado.
Sacó una hoja más del expediente.
—Y este documento demuestra que el verdadero secreto no pertenece a Elena…
—Pertenece a la familia de ustedes.
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