La figura avanzó lentamente entre el humo.
Llevaba un casco de bombero cubierto de ceniza.
En una mano sostenía un pequeño dispositivo metálico.
El gerente dejó de sonreír.
Por primera vez desde que comenzó el incendio, dio un paso hacia atrás.
—Pensé que no habías llegado a tiempo.
El bombero levantó la vista.
—Llegué antes de que encendieras el primer fuego.
Todos los presentes quedaron inmóviles.
El joven empleado lo reconoció de inmediato.
Era Daniel, el jefe del cuerpo de bomberos del distrito.
El gerente intentó mantener la calma.
—No tienes pruebas de nada.
Daniel levantó el pequeño dispositivo.
Era una cámara térmica portátil.
—La tenemos toda.
Explicó que el sistema de vigilancia del edificio dejó de funcionar apenas unos segundos antes del incendio.
Pero la cámara térmica del equipo de inspección había permanecido grabando desde el exterior.
Las imágenes comenzaron a reproducirse en la pantalla de un vehículo de emergencias.
Todos observaron al gerente entrar solo al edificio.
Lo vieron cerrar las puertas de emergencia.
Después rociar varias oficinas con un líquido inflamable.
Y finalmente encender el mechero dorado.
Un murmullo recorrió a toda la multitud.
El anciano que había señalado al gerente sintió que las lágrimas le llenaban los ojos.
Por fin alguien podía demostrar la verdad.
El gerente comprendió que ya no podía seguir negándolo.
Intentó escapar entre la confusión.
Pero varios bomberos le bloquearon el paso.
En ese instante llegaron dos patrullas.
Los agentes lo esposaron delante de todos.
Mientras revisaban su chaqueta encontraron varias pólizas de seguro.
Todas habían sido firmadas apenas dos semanas antes.
El edificio estaba asegurado por una suma millonaria.
El joven empleado bajó la cabeza.

—Entonces… incendió el lugar para cobrar el seguro.
Uno de los investigadores negó lentamente.
—No exactamente.
Sacó una carpeta parcialmente quemada que había sido rescatada de una caja ignífuga.
Dentro había contratos antiguos.
Estados financieros.
Y un documento que cambió por completo el rumbo de la investigación.
El edificio no pertenecía al gerente.
Legalmente era propiedad de todos los trabajadores mediante un fideicomiso creado por el fundador de la empresa.
Si el incendio destruía esos documentos, nadie podría demostrar nunca sus derechos.
El gerente no solo intentaba cobrar un seguro.
Quería borrar la verdadera propiedad del edificio para quedarse con toda la empresa.
La multitud quedó completamente paralizada.
Pero el investigador abrió un segundo sobre encontrado en la misma caja fuerte.
Había una carta escrita por el fundador pocos días antes de morir.
En la última línea podía leerse una frase que hizo palidecer al gerente.
“Si esta carta llega a abrirse después de un incendio, significa que el responsable es exactamente la persona que intentó quedarse con mi legado.”
Lee la Parte 3.